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Para lograr el título de gran maestro dentro del plazo requerido para conseguir el récord mundial histórico de precocidad, a Faustino Oro apenas le queda el tiempo suficiente para jugar un único torneo de ajedrez. Sabiendo esto, de antemano se le presentaban diferentes opciones. Había varios certámenes que podía jugar, pero tenía que elegir uno. Y conforme al perfil de personalidad, que ya empieza, a sus escasos 12 años, a delinearse, eligió el más difícil.
Sucede que, aunque en la era de la informática el origen de los mejores ajedrecistas se ha repartido por todo el mundo, y así salen un Magnus Carlsen de Noruega, un Gukesh Dommaraju de India y un Faustino Oro de Argentina, la nación ajedrecista por excelencia fue y sigue siendo Rusia. Por mucho boicot que le hagan, por mucho Vladimir Putin dictador enfrentado con Garry Kasparov que haya, demos al césar lo que es del césar: Rusia sigue estando en la cima cuando se habla de ajedrez, y Moscú es la Meca del ajedrez mundial. Cuando en los años setentas un maestro occidental llegaba a Rusia a jugar un torneo, sentía que cualquiera con quien hablara, ya fuera obrero de la construcción, repartidor de hielo o taxista, era un maestro en potencia, dados los conocimientos que tenía. Yo experimenté esa sensación por mí mismo cuando jugué la Olimpiada de Moscú en 1994. Así que, para obtener la norma que le falta, Faustino decidió no esquivar el bulto y sí entrar al cubil de los leones.
Se trata del prestigioso Open Aeroflot de Moscú, un abierto en el que Oro está preclasificado en el puesto 35 sobre 169 jugadores. Para dar una idea de la fuerza de la competencia digamos que el número 1 es Ian Nepomniachtchi, quien estuvo muy cerca de ser campeón mundial cuando perdió in extremis su match contra Ding Liren hace pocos años. Luego está Andrey Esipenko, uno de los ocho participantes que afrontarán el Torneo de Candidatos en Chipre dentro de un mes, y más allá, una pléyade de ajedrecistas connotados, en su mayoría rusos.
En la primera ronda, Faustino, que acumula 2516 puntos de Elo, debutó con un buen e importante triunfo. Siempre es positivo empezar ganando, y más en un torneo abierto, porque para lograr la norma de gran maestro conviene enfrentarse con un promedio de Elo alto, cosa que no se conseguiría si un jugador perdiera la primera partida. Además, Faustino ganó con negras, cosa que siempre es más difícil que hacerlo con blancas, y jugando muy buen ajedrez.
El rival era el ruso Artem Polkovnikyan, de no desdeñables 2357 unidades en el ranking (en Argentina, con esa puntuación, estaría entre los cincuenta primeros). Había que ganar y Faustino ganó, jugando una Siciliana, no su apertura principal para enfrentarse con el peón rey pero sí parte de su repertorio de combate cuando le toca medirse con un rival al que conviene mucho vencer, como era el caso.
Para este domingo lo espera una dura doble ronda, pero, para el temple que viene forjando este chiquilín, se tratará simplemente de jugar con gusto al ajedrez. El comienzo es esperanzador. El argentino podrá conseguir la norma o no, pero su nivel de juego muestra alta calidad, y él llegará a la élite del ajedrez mundial en un plazo no mayor de dos a tres años.
Polkovnikyan, Artem (2357) vs. Oro, Faustino (2516), Aeroflot Open, Moscú, 28/2/2026



