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Enrique Santos Discépolo, protagonista del film "El hincha", de 1952, nunca se hubiese imaginado que el amor y el fanatismo por el fútbol, con el tiempo, también les harían un lugar a las mujeres.
Pese a que la figura del hincha tradicional se mantiene intacta, las chicas -sobre todo las adolescentes- ya conforman el elenco estable de la pasión tribunera. Aunque no sólo tienen presencia en la cancha, sino que también revalidan en la semana su espacio bien ganado al asistir a los entrenamientos de los equipos. De a poco, tímidamente, ingresaron en un ambiente que parecía reservado para los hombres. Hoy, ese ambiente tomó tinte femenino con admiradoras y fans de distinto calibre.
Rápido habrá que distinguir a esas clases de hinchas. Por un lado están las groupies, chicas que, al igual que en el rock, tienen su zona de acción en las salidas de los hoteles y en los aeropuertos. También frecuentan entrenamientos, se dedican a cazar autógrafos y besos e, incluso, van más allá y se animan a proponerles salidas a los futbolistas.
Las llamadas militantes, en cambio, actúan básicamente en las tribunas del estadio, con sus cánticos, alegrías y sufrimientos, cuando la pelota empieza a rodar. Pertenecen a una tribu muy específica de hinchas y se identifican con un club, no con el amor imposible.
"El comportamiento femenino no es el mismo dentro y fuera de la cancha -dice el investigador Pablo Alabarces-, porque el espacio del estadio es sagrado y allí se concretan ciertos códigos propios del ritual que deben respetarse. En ese templo, las que militan incorporan el lenguaje masculino: pasan a realizar el mismo tipo de prácticas, gestos y rituales que los hombres. No cambian su esencia de mujeres, pero son capturadas por los códigos masculinos y se convierten en entendidas del juego. El universo de las groupies es completamente distinto. Ellas se acercan a los jugadores durante la semana y los transforman en objetos sexuales donde concentrar la libido, al igual que lo hacen con cualquier estrella del espectáculo, pero no están comprometidas con ninguna camiseta. En ese grupo de fanáticas sí se alcanzan a veces niveles de histeria."
De una u otra forma, con métodos diversos y en distintos lugares en donde se respira fútbol, las mujeres se las ingeniaron para copar la escena. Pero, ¿cuáles son las razones del romance de las chicas con este deporte? Para Alabarces, es determinante que hoy no existan lugares de identificación femeninos en la cultura argentina: "No hay prácticas políticas, del arte o sociales de peso que tengan poder de convocatoria para ellas. Las mujeres encuentran en el fútbol un lugar muy seductor, con un poder muy fuerte que las atrapa. Ante la falta de espacios para el género femenino, terminan siendo capturadas por el espectáculo de la pelota y se acercan a los estadios. Son víctimas de este imperialismo futbolístico que ocupa todos los lugares de la sociedad".
En gran medida influye también la televisión. Las imágenes con formato de videoclip pemiten ver a los protagonistas con lujo de detalles. Primeros planos, expresiones de alegría y fastidio, festejos y movimientos en cámara lenta son las mejores cartas de presentación. Las chicas conocen ahora todos los gestos de sus preferidos, que antes estaban condenados al estatismo de la fotografía.
¿Futbolistas o artistas; deportistas o modelos? La línea que los distingue es cada vez más delgada. En la última década quedó expuesto un mayor cuidado en la imagen por parte de los futbolistas, dentro y fuera del campo de juego. Se sabe que, antes de salir por el túnel, muchos de ellos tienen sesiones interminables frente al espejo. Aquel aviso institucional de un canal de televisión que mostraba a un vestuario con futbolistas y en el que un jugador, para no arruinarse el peinado, decía: "No me pidan que cabecee" muestra -aunque con exageración- una realidad incontrastable: el deseo de impresionar bien.
"El futbolista se transformó en una estrella del espectáculo. Forma parte de la más importante industria del show, ya que no hay otra cosa que facture más que el fútbol, y tiene que adaptarse. El sólo hecho de pertenecer a ese medio incorpora al jugador al jet-set y queda sujeto a los mismos requerimientos femeninos que soportan los actores de cine, del rock o de la TV", señala el investigador.
"Fuera de la cancha empieza a jugar el mismo tipo de imaginario masculino respecto de las modelos femeninas, pero a la inversa, donde el artista puede llegar a ser Batistuta o Redondo", completa Alabarces.
Muchas veces, los jugadores llegan a opacar el magnetismo natural de los actores o las estrellas de rock. Constanza, de 22 años, fanática de Racing, da prueba de eso con sus palabras: "Yo prefiero a Mauro Navas (ex jugador del club) antes que a Luis Miguel. Prefiero admirar a los jugadores antes que a los cantantes, porque son gente como nosotros, son de carne y hueso". El paradigma de jugador ideal combina cuatro elementos que resultan infalibles para ellas: fama-prestigio-dinero y masculinidad. Sin dudas, una fórmula que las atrae aún sin haber conocido el interior de la persona. "La fama -dice Alabarces- agrega a los futbolistas un plus de erotismo a su sexualidad primaria y los hace más atractivos, como también ocurre en las demás actividades."
Ayer fue la época de la Gorda Matosas y de la Raulito, -una mujer disfrazada, masculinizada, casi andrógina-. Excepto estos dos personajes casi míticos, las mujeres del tablón eran las señaladas, las marcadas bajo una afirmación lapidaria: "No saben nada de fútbol".
Hoy ya están sumadas definitivamente al folclore futbolero. Viven el partido en el estadio y por televisión, se informan, persiguen a sus ídolos y hasta se atreven a pronunciar frases de indudable sello masculino como la de Sandra, de 20 años: "Boca es un sentimiento, es una pasión... Boca es más que mi vieja". Otros tiempos, nuevos hinchas...
MADRID (Especial).- El fútbol español ya no es lo que era. Si durante décadas el perfil habitual del espectador de fútbol en España no ofrecía contrastes -hombres con boina, un puro y más de 30 años-, hoy el promedio de edad bajó una generación y las chicas son las nuevas dueñas de los estadios.
La invasión femenina se vio potenciada en las últimas tres temporadas con la llegada de varios de los mejores jugadores del mundo a la que en España llaman la Liga de las Estrellas.
Jugadores como Ronaldo -ahora en Inter-, su compatriota Roberto Carlos, el croata Davor Suker, el holandés Clarence Seedorf o el yugoslavo Pedrag Mijatovic llevaron a una nueva dimensión lo que los locales Julen Guerrero y Josep Guardiola ya experimentaban: el acoso femenino, sin que importase el resultado del último partido.
"El escudo de Barcelona es afrodisíaco", definió a principios de la década del 80, con aguda precisión, Julio Alberto, ex compañero de Diego Maradona en el Barcelona. Quince años más tarde, el afrodisíaco de Julio Alberto adquirió proporciones inimaginables: los futbolistas dejaron de ser sólo deportistas para convertirse en miembros destacados de la "jet" española, el equivalente a la farándula criolla.
Casi dioses En Madrid, los jugadores del Real son casi dioses. Salen todas las noches. Siempre hay una fiesta, una recepción o un homenaje. En una de esas incursiones nocturnas tuvo su origen el romance entre un futbolista y una estrella de la televisión muy publicitada.
Mientras las publicaciones deportivas hablaban del último gol de Suker en el Santiago Bernabeu, revistas como Hola publicaban en la tapa al croata abrazado con Ana Obregón, actriz y conductora de televisión. El título "Somos muy felices" anticipaba varias páginas en las que el fútbol, si aparecía, lo hacía por casualidad.
"Son los nuevos príncipes. Son jóvenes, guapos, millonarios y, ahora, famosos no sólo por sus goles, sino por sus romances", define la periodista Mabel Galaz en su libro "Real Madrid, campeón de las estrellas".
Una encuesta del diario barcelonés La Vanguardia reveló que los cantantes y los actores fueron desplazados por los futbolistas en las preferencias de las quinceañeras. "Su imagen es más cercana a ellas que cualquier otro famoso", explica.
Los entrenamientos son una buena manera de medir la popularidad de los futbolistas. Real Madrid cobra 300 pesetas (menos de dos dólares) para asistir durante la semana a las las prácticas en la Ciudad Deportiva. Habitualmente convoca 500 personas -con mayoría de chicas-, pero en los días previos a los partidos de mayor convocatoria son varios miles los que se agolpan.
El ex director técnico de Valencia, Jorge Valdano, no necesitó de números para graficar el panorama durante su gestión: "Ahora se acostumbra a entrenar bajo un coro histérico de gritos. Se ha roto el ritual sereno que acompañaba a las prácticas".
Muchos opinan que semejante explosión se produjo por la televisión, que en España indigesta de fútbol al más fanático. Valdano coincidió: "La TV permitió que el público identifique fácilmente al jugador y asista a sus reacciones más personales de alegría, tristeza, cansancio".
Histeria riverplatense. "Una vez me pasó que una mujer de 55 años me persiguió para darme un beso a toda costa. Al final, pude zafar: me escapé por la puerta de atrás del club." La anécdota la cuenta Santiago Solari, el más buscado en River. El volante tiene una justificación para explicar el porqué de ese fanatismo por su figura: "Creo que las hinchas se movilizan no por mí, sino porque estoy en River. No sé si me buscarían si jugara en un club chico".
Está claro que el Indiecito es el primero en el ranking de preferencias millonarias. Más atrás vienen otros tres solteros y de imagen juvenil: Juan Pablo Sorin, Diego Placente y Pablo Aimar. El caso del chileno Marcelo Salas es especial: prefiere huir del acoso, y si pasa inadvertido entre las admiradoras, mejor. Fue llamativo lo vivido por el delantero Julio Cruz, que emigró del club a mediados del ´97 para jugar en el fútbol holandés. Por aquel entonces, su flamante esposa lo acompañaba celosamente a todas las prácticas y, cuando finalizaban, se lo llevaba para que no tuviera ningún tipo de contacto con el otro sexo.
Las fotógrafas de la Academia. Daniela D´Adamo, de 30 años, y Romina Dueñas (19) se conocieron en 1993, pasión racinguista mediante, en Córdoba, en un Racing-Belgrano. Daniela comenzaba con la fotografía y, desde entonces, Romina se convirtió en su inseparable ayudante. Son algo así como las fotógrafas oficiales de Racing. Están siempre, en todos lados donde se desarrolle algún acontecimiento del club de Avellaneda y, por supuesto, lucen en todo momento la camiseta celeste y blanca. "Somos fanáticas de Racing desde siempre. Aunque esté todo mal, no faltamos a ningún partido", comentan las chicas. Daniela hace fotos propias, aunque más por encargo. "La foto que más me piden es la de la gran bandera. Después, del equipo, y por último, de los jugadores", explica. Vaya como ejemplo que el presidente Daniel Lalín le encargó cuarenta cuadros con la foto de la bandera para regalar. Además, como Daniela y Romina siguen al equipo a todos lados, las fotos suelen tener un agregado especial: los autógrafos de los futbolistas.
Los galanes de Liniers. Los grafitti garabateados en las paredes del polideportivo de Vélez son muy comunes. Hasta hace poco podía leerse: "Sebas te amo" (por Méndez) o "Pablo, sos el amor de mi vida" (por Cavallero). Sobre el tema, el arquero suplente de Chilavert comenta: "No soy de huir ante el requerimiento de las hinchas. Eso sí: exijo que se acerquen con respeto, no de cualquier manera". Y admite que corre con ventajas por ser conocido: "Muchas veces en los restaurantes me perdonan las cuentas o no me dejan pagar los taxis". Pero Chilavert es el principal acaparador de los suspiros de las chicas que concurren a las prácticas de Vélez. Más allá de su controvertida personalidad, nunca deja desairadas a sus seguidoras como tampoco a los chicos.
En segundo orden aparecen tres futbolistas admirados no tanto por su carisma, sino por su facha: Patricio Camps, Christian Bassedas y Fernando Pandolfi. Si bien el acercamiento es continuo, ellos hacen un culto del perfil bajo.

