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Muy pocas veces se consigue aunar sensaciones ante una multitud que no es convocada por la misma consigna. No es habitual que las tribunas, coloridas con banderas de diversas marcas y pilotos, coincidan en el reconocimiento a una trayectoria. Allí se terminan las palabras y domina la emoción, la misma que tumbó tres veces al gran protagonista de la histórica jornada automovilística en la catedral porteña.
Se desvaneció tres veces. "Hagan lugar, por favor", pedían sus colaboradores a la multitud que rodeaba al nuevo campeón. Allí estaba él, envuelto en mucho calor y mucho afecto por sus seres queridos y por los muchos simpatizantes que se alegraron por el nuevo monarca del Turismo Carretera. Ernesto Bessone concretaba su mayor logro deportivo. Conseguía el título que tanto anheló. A los 45 años, cuando muchos lo daban por terminado, superó las contrariedades, venció al gran "cuco" de la categoría, como Guillermo Ortelli y su demoledor equipo, que comanda Alberto Canapino, y obtuvo la preciada corona.
"Es lo más importante que pasó en mi vida deportiva. Estoy muy feliz y no lo puedo creer. Hay que correr en el Turismo Carretera para darse cuenta de lo que uno puede llegar a sentir al ganar este campeonato. Por eso este título se lo dedico a todos. A los hinchas de Dodge, que me me alentaron siempre, y a los de Ford, que toman este triunfo como propio. En definitiva, todos saben que yo soy hincha de Ford", se emocionó Tito al ingresar en la sala de prensa.
Tres generaciones de pilotos conforma la familia Bessone. El padre del flamante campeón, Ernesto Celestino, celebró la conquista de su hijo con suma tranquilidad, con mucho aplomo. Los hijos del vencedor, Ernestito, Juan Pablo y Santiago (el menor, Valentino, de cuatro años estaba con su mamá, María Clara) lucían remeras alusivas a la edad del campeón: "PAMI apoya esta campaña", entre otras frases.
Bessone era el gran candidato de la mayor parte de sus colegas. Finalmente, se cumplió el vaticinio generalizado. Es que en las últimas carreras, el piloto de Dodge deslumbró con un manejo impecable, escalando posiciones desde el fondo y amenazando a los firmes candidatos (Guillermo Ortelli y Christian Ledesma) sobre el final de la temporada.
Festejó sobre el techo de su Dodge con sus hijos, hasta que se cayó. El primer desmayo del día. Lo socorrieron y lo llevaron al podio, donde se repuso y festejó con su gente. Minutos después, en la sala de prensa, se mareó y se tiró en su silla. Otra vez se le bajó la presión. Cumplió con la requisitoria periodística y lo llevaron a su box, donde festejó con su gente, aunque a los pocos minutos volvieron a aflojarse las piernas.
"No creo que esto sea por el calor o la humedad. Es muy emocionante salir campeón de TC con mis amigos, mi familia y cerca de mi casa. Esto es lo máximo que conseguí, mucho más que el título de TC 2000. Aquella vez fui campeón en Trelew y fue un título más predecible. Este tiene todos los condimentos. Más no puedo pedir. Salí campeón en todo lo que corrí."
Construyó su campaña deportiva dentro de coches Ford. Defendió a la marca en la mejor época del TC 2000 ante los múltiples logros de su archirrival, Juan María Traverso.
Y finalmente, fue campeón en 1996 con un Escort y con ese mismo modelo logró, hace quince días, el campeonato de la Clase 3 del Turismo Nacional. Por supuesto que entre sus logros se encuentran el campeonato de TN con un Fiat 125, o los dos del desaparecido Club Argentino de Pilotos (CAP), con el recordado Datsun 280. O el de Supercar, en 1995, con un Falcon.
El rostro de Bessone no era el mismo después de la clasificación del sábado. Aquella expectativa vivida antes de la prueba cronometrada pareció diluirse tras el magro rendimiento en la vuelta lanzada. Por eso, Tito ocupó el undécimo lugar en la primera vuelta de la final, mientras que Ortelli seguía de cerca desde el segundo puesto a Diego Aventín, el ganador en Buenos Aires.
La escalada de Bessone era estéril si no superaba al defensor de la corona. La rotura del balancín del portamaza trasero izquierdo del Chevrolet número 1 abrió la puerta de la gloria al piloto nacido hace 45 años en Mataderos.
"Cuando se retrasó Guillermo cuidé el auto un poco, aunque en realidad fui toda la carrera al límite. Yo sabía que debía jugarme a todo o nada. De todas formas reconozco la actitud de mis colegas, que no estiraron los frenajes cuando yo intentaba pasarlos. Esos códigos los valoro mucho, porque es como un respeto hacia mi", comentó Tito Bessone.
Fue así como lo reflejó el propio campeón. Ese respeto que se mostró desde las tribunas hacia la pista también se reiteró sobre el asfalto, a más de 270 km/h. Todo el ambiente automovilístico reconoció el título de Turismo Carretera de Ernesto Bessone, la gran figura que faltaba en la selecta lista de monarcas de la popular categoría.
Una generación
Desde los boxes del autódromo porteño, el padre del flamante campeón, el ex piloto Ernesto Celestino, siguió de cerca la conquista de su hijo; "Esta es la mayor alegría, ver a mi hijo campeón", comentó el orgulloso papá.
El primer desmayo
Ernesto Bessone llegó al parque cerrado y festejó con su gente arriba del auto, hasta que se desvaneció; más tarde volvió a sufrir una lipotimia en la sala de prensa y en su box; "Es lo más importante que me pasó en mi vida deportiva", exclamó.
Otra generación
En el podio, Tito Bessone celebró la conquista con sus hijos, también pilotos (ganaron en la F. Renault), Ernestito y Juan Pablo, mientras que Santiago y Valentino también acompañaron a su padre; una familia por demás tuerca.

