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Ferrari esperaba el GP nacional para festejar. Ferrari es el símbolo del coche de carrera pura sangre, que este año se anticipó como nunca para ganarlo todo: el título de pilotos y el de constructores. El de pilotos con su primer hombre, Michael Schumacher, carismático por donde se lo busque. El de los constructores, con el modelo 2001, que en algunas competencias, tanta era su superioridad, llegaba a dar la impresión de estar concebida para una categoría diferente.
Y Monza esperaba este festejo.Tanto, que desde hacía meses no quedaba ninguna credencial por distribuir. Ningún lugar por ocupar. No había nada pendiente. El mismo José Froilán Gonzalez, invitado de lujo desde el mes de mayo, apenas conseguía una decena de invitaciones para compartir el más precioso momento en Módena, donde viviría el festejo de Monza, lugar prohibido por los facultativos para Pepe. Por eso de un corazón que está remendado.
Pero el horror transformó la vida. Y hasta golpeó a Ferrari porque el de Estados Unidos es el mercado más imponente para la causa de Maranello. Porque Estados Unidos, aún siendo el país del automóvil, siempre sintió por Ferrari la atracción del coche que corría, ganándole tiempo al tiempo.
Cuando el horror modificaba hasta la luz del sol, Ferrari se sentía golpeada. Hasta lacerada. Y empezaba a vivir un duelo.
Había habido un tiempo, en la fantástica posguerra, cuando los más selectos pilotos de la casa sentían la muerte de uno de su casta, que florecían crespones por el caído. Era el tributo al hombre sacrificado. Esta vez, Ferrari se sintió golpeada en toda su estructura. Y sus pilotos decidieron vestir el uniforme sin una sola leyenda comercial. Y la Ferrari, la rossa, pudo prescindir del soporte publicitario, para empujar un luto que hasta ensordecerá el tumulto deportivo, porque no podrá haber festejo.
Más allá de un resultado deportivo, Ferrari quiere mostrarle al mundo que el dolor también llegó a la pista. Para correr sin sentido. Como antes lo hizo un dolor que lacera. Y que le puso un silenciador a la alegría.
Cuando la Ferrari con luto salga a la pista de Monza, sonará más fuerte el sollozo de la impotencia por el dolor de todos. En una de esas, hasta el motor de la rossa parecerá más un quejido...



