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La casilla de correo electrónico mostraba un mensaje enviado desde Londres. Indicaba que sólo unos minutos antes se había subido a la popular página web de YouTube un video institucional de la empresa que aparece como principal patrocinante del equipo McLaren-Mercedes de Fórmula 1. Tras una parodia protagonizada por un chico que conducía un autito en miniatura desde su novedoso celular por los vericuetos de la oficina, mientras soñaba con ser la principal estrella en un Gran Premio, un día llegó a un autódromo en el que ensayaba el equipo plateado y gracias a la colaboración de los ingenieros del team de Woking, algo similar se podía hacer con el verdadero McLaren.
Es allí cuando aparece el campeón mundial, el británico Lewis Hamilton. Celular en mano, saca el McLaren del box mientras él, parado a su lado, maniobra el teléfono celular como si fuera un joystick de la PlayStation.
El video es sorprendente. Manejar un Fórmula 1 desde un celular es algo que resulta inverosímil. Y más allá de la promoción de la empresa, que se dedica a vender aparatos telefónicos con tantas utilidades que ya son imposibles de conocer o de imaginar, el trabajo institucional no hace más que demostrar, quizá con una exageración, los niveles que alcanzó la tecnología, mucho más en una disciplina que se destaca por ser la más avanzada del planeta.
La imagen de Hamilton conduciendo el auto a distancia replantea uno de los grandes temas que se reiteran dentro del ambiente automovilístico: ¿hasta dónde llega la real participación de los pilotos en la Fórmula 1 actual?
Debido a la permanente evolución de la tecnología, es imposible comparar, por ejemplo, a Juan Manuel Fangio con Michael Schumacher. Cada uno fue el más grande en su época, aunque, en favor del Chueco, un piloto de los años 50 administraba los recursos desde el cockpit, además de exponerse con mayor fragilidad a la muerte, ya que el progreso también se evidenció (y de qué manera) en la seguridad.
Hoy en día, un Fórmula 1 contiene más de 1000 metros de cable. Sí, un kilómetro de cableado, además de los componentes electrónicos que permiten mejorar y potenciar las prestaciones del vehículo.
Es tal el avance tecnológico, que la Federación Internacional del Automóvil (FIA) cambia los reglamentos constantemente, para reducir las velocidades, especialmente en las curvas, donde se manifiestan las bondades de los vehículos. Pero en poco tiempo, los autos de vanguardia vuelven a empardar los tiempos conseguidos con el reglamento anterior, por lo que las limitaciones apenas son temporales ante semejante desarrollo.
También se sabe que los desarrollos que se conciben y se utilizan en la máxima categoría, tiempo después se trasladan a la industria automotriz. Así, el control de tracción, las cajas de cambios semiautomáticas secuenciales, los neumáticos (los de F. 1 soportan una presión de hasta una tonelada), los sistemas de frenos (como el ABS, por ejemplo, para reducir la energía cinética) y la utilización de materiales livianos y seguros, como el kevlar y la fibra de carbono, ya se ven en los autos de calle de alta gama.
La telemetría es la muestra más acabada de la tecnología en la Fórmula 1. Con ella, los ingenieros conocen el comportamiento de cada elemento y de cada sistema que compone el automóvil. Y desde el fondo de los boxes saben si un motor está cerca de averiarse o romperse. Y hasta pueden otorgar mayor potencia si el piloto necesita apurar la marcha en un lapso determinado.
Para expresar la F. 1 actual es por demás valedera la expresión de Lucas Baldisserri, jefe de de pista de Ferrari: "Todo es electrónico en un auto de Fórmula 1. El motor, el embrague... Los pilotos usan el acelerador como si fuera un interruptor".


