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ANTOFAGASTA, Chile.- (De un enviado especial).- El chileno Francisco "Chaleco" López se impuso con su moto y, fuera del campamento, centenares de compatriotas fueron a recibir al gran protagonista de la jornada. Los locales ovacionaron al aquí popular deportista, que trata de recuperarse tras un comienzo algo errático en el Dakar.
A 200 metros de allí se estacionó una Sprinter, a la que rápidamente le colocaron una pequeña estructura plástica para desparramar la mesa, las banquetas y todo aquello que hace falta para vivir durante dos semanas de aquí para allá.
Es el búnker de Rodolfo Bollero, un motociclista argentino que tras la etapa de ayer, entre Copiapó y Antofagasta, es el mejor argentino en la especialidad: está 39° en la clasificación general.
Pero la historia del tucumano no es una más en el Dakar. Por lo general, los intrépidos pilotos suelen enfrentar fuertes oposiciones familiares. "Es la carrera o yo", suelen decirles las esposas o novias a los aventureros conductores. Un piloto nacional estaba por adoptar un bebé junto con su esposa y mencionó que iba a competir en el Dakar. No le otorgaron el niño y la esposa presentó el divorcio. Una historia más de las tantas que se escuchan en el campamento.
Bollero corre porque su mujer le insistió para que participara del Dakar. "El verano último volvíamos de Pinamar a Tucumán y nos encontramos con la caravana del Dakar, que llegaba a Buenos Aires. Y en el auto, mi señora. Patricia, me dijo: «¿Por qué no corrés si tanto te gusta?». Y ahí me prendieron las ganas. Mi esposa me incitó a correr el Dakar", comentó a LA NACION Rodolfo, muy cansado, pero feliz por seguir en carrera, ser el mejor argentino en motos y compartir la vivencia en familia.
Allí está Patricia, acomodando todo, con cara de cansancio, pero muy alegre. "Esto es increíble. Hay que vivirlo para darse cuenta de qué se trata todo esto. Es agotador, porque a las 5 nos levantamos, armamos todo, viajamos 600 kilómetros y esperamos a Rodolfo. Pero lo hacemos con muchas ganas", aclara.
Por allí estaban Agostina, de 21 años, y Nicolás, de 12, los hijos del matrimonio, que cuenta con una empresa constructora en Yerba Buena, pegadito a la capital tucumana. "Hacía tres años que Rodolfo no corría, porque se había fracturado la muñeca derecha. Había sido campeón argentino de enduro, en Tucumán y regional. Pero se preparó con todo y se alistó para el Dakar", explicó Patricia, que sonrió: "Yo no puedo salir sin pintarme a ningún lugar, y acá ni nos peinamos, no hay tiempo".
"La etapa fue durísima. Todo el tiempo con polvo en suspensión, eso no permitió una buena visibilidad. Mucha tierra suelta, piedras grandes, como lajas? Por eso tuve un par de caídas", comentó Rodolfo sobre el camino entre Copiapó y Antofagasta. Patricia añadió: "En realidad está asustado, porque recién hoy (por ayer) vio el verdadero peligro, ya que comenzaron a pasarlo los autos, y muchos ni siquiera tocaban el centinela en medio de la nube de tierra".
En cuatriciclos, Marcos Patronelli, con su Yamaha, obtuvo el segundo triunfo en una etapa y se consolida en la punta de la clasificación general, con 20h48m2s.
Si bien está firme, Marcos estaba molesto. En la mayoría de las etapas, lo llamaron para chequear el cuatriciclo. "Si me solicitan tanto es porque alguno me denuncia. No sé qué quieren encontrar", dijo con fastidio el piloto de Las Flores.
Su hermano, Alejandro, se perdió al no interpretar la navegación y Jorge Santamarina (Can Am), se ubicó segundo, tanto en la etapa como en la general.



