Rally Dakar: una competencia que está acostumbrada a los peligros

No sólo hay accidentes severos con el público, que a veces suele acercarse de manera imprudente; la carrera en sí misma ofrece un mundo de riesgos, que casi todos aceptan
El francés Stéphane Peterhansel con el público muy cerca durante la especial en Arrecifes
El francés Stéphane Peterhansel con el público muy cerca durante la especial en Arrecifes Fuente: EFE
No sólo hay accidentes severos con el público, que a veces suele acercarse de manera imprudente; la carrera en sí misma ofrece un mundo de riesgos, que casi todos aceptan
Alejo Vetere
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2 de enero de 2016  • 22:34

El accidente que protagonizó ayer la china Guo Meiling tiñó de luto lo que era una fiesta en una etapa simbólica antes del comienzo real de la competencia del Dakar 2016 . Un golpe con peligro de nocaut tempranero para una edición signada por los problemas de organización que comenzaron con la negativa de Chile y Perú a recibir la competencia.

Corredores, espectadores y periodistas, todos los que participan del Dakar en el día a día, conocen el peligro al que se enfrentan todas las jornadas en el rally. No en vano la organización recomienda a cada corredor reforzar el seguro de la cobertura médica en los trámites administrativos. Esta vez, los espectadores, tan expuestos como los propios pilotos, quedaron brutalmente atrapados en la tragedia. Pero no son los únicos protagonistas involuntarios de los despistes del riesgo. Los pilotos se juegan el pellejo en cada recoveco.

Las historias dramáticas son moneda corriente. El piloto Gustavo Bassi se accidentó la semana pasada mientras recorría los caminos del Dakar. Se quebró el fémur y se fisuró la cadera. Fue operado y debió abandonar: resultó el primer piloto en bajarse del Dakar 2016. "Uno sabe a lo que se expone, pero no quiere pensarlo. Sabemos que es un peligro, pero uno siempre tiene riesgo en este deporte, preferible no hay que pensar, porque sino...", reflexiona.

La dramática historia que cuenta Juan Carlos Carignani, un cordobés nacionalizado italiano que vive en Alemania, podría formar parte del listado de anécdotas de muchos, muchísimos, pilotos que corrieron alguna vez el Dakar. Como tantos otros, Carignani se enfrentó a la muerte cara a cara. En 2014 chocó con su cuatriciclo de frente contra un camión y debió abandonar la competencia. En enero volvió a correr el rally y casi se desvanece deshidratado en el desierto de San Juan: llegó a escribirle una carta de despedida a su familia mientras agonizaba, perdido, en el medio de la nada. "No te tenés que anotar en el Dakar si le tenés miedo. Yo tuve muchas quebraduras en mi carrera y siempre vuelvo", dice. "¿Por qué? No lo sé. En realidad si te ponés a pensar mucho no lo corrés nunca más". Otro pensamiento al límite: hay que razonar lo menos posible. Convivir con la adrenalina.

El rally desconoce la piedad y no sabe de misericordia. Tras ser rescatado del calor sanjuanino, Carignani sufrió hipotermia en Uyuni: "En ese momento pensaba qué carajo estaba haciendo ahí. Me preguntaba por qué. Pasé de la deshidratación de San Juan al frío insoportable de Uyuni y ahí me dije: ‘Nunca más el Dakar’."

Alejandro Patronelli acepta que "cuanto más pensás, peor es". A bordo de su cuatriciclo, el piloto argentino, una suerte de héroe de cada verano, sostiene que la velocidad es un arma de doble filo. "Si tuviste diez minutos a toda velocidad y te fue bien, ganaste tiempo, es recomendable bajar de inmediato. Porque si no lo hacés, te podés pegar un palo. De eso se trata el Dakar", explica. Paco Gómez es un experimentado piloto de motos. "Cuando me encuentro en un problema no me pregunto cómo llegué, sino que sólo pienso en cómo salir", confiesa. Sufrió quebraduras de todo tipo cuando se accidentó en una curva con su moto durante 2013: "Lo único que pensaba era en mi esposa, para llevarle tranquilidad, para que supiera que no estaba muerto", recuerda.

av/jpb

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