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"La verdad, no pude dormir la noche anterior. Estaba muy ansioso. Y a cada rato me levantaba e iba a la ventana para ver cómo estaba el tiempo. No quería que lloviera." Con un brillo en los ojos que demostraba el entusiasmo por la experiencia vivida: manejar un Fórmula 1 durante una jornada de ensayos. Así lo demostraba Ricardo Risatti, "Caíto", el chico de Laboulaye, Córdoba, que a los 21 años puede decir que fue uno de los pocos privilegiados en subirse a un coche de la máxima categoría. Pertenece a la cuarta generación de una familia con una tradición automovilística notable. Sus antepasados escribieron páginas loables en la historia del Turismo Carretera.
"Estuve durante dos meses en contacto con el equipo Toyota. Me pedían el peso, la altura, medidas. Ellos debían confeccionar la butaca, pedaleras... Estaba todo pautado, hasta el más mínimo detalle. Y ya sabía que iba a dar 60 vueltas", explicó Caíto, que tuvo ese gran premio por haber logrado el título en la Fórmula 3 española el año último.
-Vos corrés en la categoría GP2, la previa a la F.1. De todas formas, me imagino que algo te habrá sorprendido de esa experiencia.
-Sí. Había 30 personas trabajando para mí. Y cada uno tenía una labor específica. Por ejemplo, no bien me senté en la butaca, le pedí a un mecánico que me ajustara los espejitos. Me dijo que no, que para eso había alguien designado. Hay mecánicos que trabajan en el tren trasero pero no pueden tocar nada del delantero. Increíble.
-Ensayamos algunas variantes aerodinámicas. Yo llegué el miércoles a Paul Ricard, el jueves me reuní con los ingenieros y el viernes giré. Lo hice en el circuito 3D. El autódromo francés tiene 180 variantes. Había tres curvas que no las conocía. Por eso el jueves caminamos el circuito con algunos ingenieros. Ese lugar es fabuloso. Todo está magnetizado. Y la pista es fabulosa.
-Primero giré a 17.000 revoluciones. Sobre el final llegué a 18.500. También modificamos el control de tracción. Arranqué con 7 y evolucioné hasta el punto 4. Yo aceleraba al final de la curva, pero a medida que giraba me daba cuenta de que podía hacerlo mucho antes. Es impresionante.
-Se rompió la primera marcha, la que se usa para las largadas. Por eso las cajas de cambio de los F.1 poseen 7 marchas. Pero no hubo problema, porque salía con la marcha siguiente.
-En absoluto. Salí a manejar el Fórmula 1 para disfrutarlo. Sabía que el equipo me observaba, y traté de mostrarme. Sé que del Toyota Driver Development miraron mis actuaciones en la GP2. Por eso cuando me despedí les dije que esperaba haber podido ayudarlos con el trabajo de desarrollo aerodinámico. Me atendieron muy bien.
Feliz estaba Caíto tras la gran experiencia. "Espero que no haya sido la última", agrega, mientras acaricia la butaca, la que utilizó en esa jornada inolvidable para él, que la trajo, junto con el cartel con que el equipo le comunicaba las vueltas, para dejarlo en el museo familiar, el "Rincón Risatti", en su querido Laboulaye.



