Santiago Mangoni: la historia del piloto que le devolvió la esencia al Turismo Carretera

La felicidad de Mangoni, el séptimo piloto de Balcarce en ganar en el TC
La felicidad de Mangoni, el séptimo piloto de Balcarce en ganar en el TC Crédito: ACTC
Alberto Cantore
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17 de abril de 2019  • 23:59

El Turismo Carretera es historia, leyendas y mitos. Apellidos ilustres, multicampeones, ídolos que se entremezclan con otros nombres sin marquesina. También es tradición y costumbres, esas que atravesaron las últimas décadas y se sostienen en el tiempo. La carrera de San Luis, en el autódromo Rosendo Hernández, la cuarta fecha del calendario de la temporada, descubrió a un nuevo ganador: Santiago Mangoni se convirtió en el piloto 216° en inscribirse en la lista de vencedores de una categoría con 82 años de vigencia. Un éxito que se demoró 76 capítulos para el balcarceño, un triunfo que desató un festejo emotivo y que provocó contagio y felicidad en rivales, preparadores, hinchas de las cuatro marcas. El ambiente del automovilismo se identificó con el esfuerzo de quien dos años atrás sufrió un gravísimo accidente, con quien en la adversidad se repuso y celebró con una estructura propia, un sello del TC de las épocas pasadas, cuando la actividad era amateur y muy distante del profesionalismo y la tecnología que la rodea en el presente.

Con un dólar inestable, pero cuyo valor perforó hace meses la barrera de los $40, reunir el presupuesto para correr en el TC, como en cualquier categoría del automovilismo nacional, es un desafío. Las estructuras top sufren, aunque algunas hasta tienen un gerente comercial que se encarga de buscar publicidades; los pequeños equipos batallan y algunos pocos pilotos ensayan las viejas recetas para recoger una porción del dinero. Mangoni no es un piloto profesional: no vive del automovilismo, aunque es su gran pasión. Durante la semana es productor de seguros y vendedor de agroquímicos en Balcarce. Una peña, aquel modelo que sustentaba a los autos en los años 60, aunque en la actualidad la recaudación apenas cubre entre un 5 y 10% de los gastos, es una ayuda económica, pero también un modo de seguir aferrado a sus orígenes y con aquellos que lo apoyaron y acompañan en la aventura.

"La armamos el año pasado para pagar el auto. Teníamos un plan de cuotas que nos ofreció Cristian Dose y no llegábamos a reunir el dinero. La gente nos apoya, no es algo que hacemos de manera periódica. Se organiza y nos juntamos, pueden pasar dos meses y no nos reunimos. En lo personal, paso lindos momentos con personas que son aportantes silenciosos; los chicos del taller reciben el reconocimiento... De chico mi tío Miguel Ángel me llevaba a la autopeña Los Amigos, después Tulio [el padre] me llevaba a otras", le explica Mangoni a LA NACION, en una semana en la que la batería del celular tuvo que ser recargada varias veces en el día y en la que en la casillas de mensajes se acumularon alrededor de 800 saludos.

Un presupuesto acotado, pero un corazón y un esfuerzo enorme le posibilitan a Mangoni ser parte de la grilla del TC. "Con mucho sacrificio le peleamos a las grandes estructuras. Se trabaja en el auto y también abajo: al coche no le falta nada, porque no sería competitivo, pero logramos que quienes nos apoyan, los proveedores, nos tiendan su mano, nos abaraten algunos costos. En el taller, mientras las grandes estructuras al atender a varios autos necesitan de muchos mecánicos, acá en el taller -que está en un galpón que me prestó mi papá- tengo dos mecánicos fijos y después otros dos se suman cuando viajamos a la carrera. La logística, por ejemplo, la maneja Alejandro Morguera, que es el técnico. La de Alejandro fue una gran incorporación para el grupo de trabajo", explica el marido de Julieta, el papá de Jazmín. El muchacho que acumulaba tres segundos puestos como mejor puesto, que en el inicio de 2019 rompió dos veces el motor -problemas de levas en los impulsores que preparaba Alfredo Gardelito Fernández- y en San Luis regresó a un viejo y conocido proveedor: Daniel Berra.

La primera victoria fue en el autódromo Rosendo Hernández, aunque el festejo se extendió hasta la madrugada del lunes en Balcarce. "Era difícil de entenderlo, porque nunca se acaba. Me esperaba una autobomba y mucha gente, a pesar que era la 0.30 y en un rato la gente se tenía que levantar para trabajar. El lunes viajé a Buenos Aires para atender a los sponsors, los medios. Me hubiera gustado estar acá, ir al taller y estar con los chicos que tanto trabajan y me permitieron cumplir este sueño", comenta quien es hincha de Chevrolet y no se perdía carrera de TC en el autódromo Juan Manuel Fangio, en la sierra la Barrosa. "Era la época de los duelos entre [Guillermo] Ortelli y el Gurí Martínez", recuerda. "En 2010 me quedé admirado con el título de [Agustín] Canapino y después me dio mucha bronca los campeonatos que se le escaparon a Matías Rossi", expresa y deja escapar el fanatismo por la marca del Moño, aunque en su trayectoria en TC, entre 2014 y 2016, también compitió con Torino. El único piloto que ganó, siempre con Chevrolet, en las cuatro categorías de la ACTC.

El accidente en Olavarría, la emoción de San Luis

El 2 de abril de 2017, en el autódromo Hermanos Emiliozzi, de Olavarría, Mangoni protagonizó un gravísimo accidente con Mathías Nolesi. La fractura de seis costillas, pelvis y mano izquierda, más un hemotorax fueron las secuelas del fortísimo choque. Estuvo un mes internado y volvió a competir en los Mil Kilómetros de Buenos Aires, tras 112 días. Poco más de dos años después, el reciente 14 de abril, ganó por primera vez en el TC. "La victoria hizo que el accidente, al que vi varias veces, pase a ser una fecha estadística, una anécdota. Siempre tuve claro que volvería a correr, nunca reviví el choque en un sueño. La familia es el sostén, en aquel momento y siempre. Ellos se ocuparon para que yo tuviera todo el tiempo para ejercitarme durante la recuperación, más allá de la excelente atención médica, de la ayuda de un psicólogo...", señala.

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