

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Sus movimientos denotaban nerviosismo, ansiedad contenida y ganas. Su mano levantada, pidiendo la pelota, ofreciéndose como salida, lo pintaban de cuerpo entero. Adrián Barrionuevo, el delantero de Comunicaciones, vivía un partido aparte: el duelo con la hinchada de Excursionistas y con los fantasmas de su pasado. Esos que hasta lo habían impulsado a dejar fútbol.
El empate en dos goles, en el partido jugado ayer en la cancha de Deportivo Español, postergado de la 6a. fecha de Primera C, no fue uno más. Fue la revancha de aquel negro encuentro del 23 de abril último, cuando al término de los 90 minutos 200 hinchas de Excursionistas invadieron la cancha, en Belgrano, y comenzaron a golpear a los jugadores. Barrionuevo fue el más agredido. "Todavía no puedo borrar de mi mente esas imágenes. Todo era una locura. Llegué a pensar que ese era el final de todo. Lo único que hice fue acurrucarme y dejarme en manos de Dios", recordó.
A pesar de que pasaron más de cuatro meses, Barrionuevo no puede sacarse de la cabeza ese momento. "Todo lo vivido no fue una presión a la hora de jugar el partido. Pero no niego que los nervios ayudaron para que muchas pelotas me rebotaran." Barrionuevo no estuvo sólo, en la tribuna encontró el apoyo que necesitaba para soportar los incomprensibles insultos de los hinchas de Excursionistas: su padre Alfredo. "En el primer tiempo, cuando estaba esperando un córner de la izquierda, levanté la cabeza y me encontré a mi viejo detrás del arco. Sólo me alcanzó con su mirada. El me dio lo que necesitaba. Es más, fue algo particular, ya que él no pudo estar en el partido anterior con Excursionistas, el de la golpiza, y eso era algo que él no se lo perdona, pero que íntimamente a mí me tranquiliza mucho. Creo que hubiese sido terrible que él presenciara todo desde la tribuna", afirmó.
La emoción no fue propiedad exclusiva del delantero de Comu, su técnico, Ernesto Torres, también se mostró conmovido. "La verdad es que estoy orgulloso con la valentía de Adrián; no cualquiera se anima a volver a jugar después de lo que le pasó".
Barrionuevo, que se gana la vida trabajando en un taller de costura familiar y que cursa tercer año en un bachillerato nocturno, no se cansa de agradecer. "Vivo gracias a la voluntad de Dios, y volví a jugar por mi familia."
Sus grandes ojos marrones no ocultaban la emoción, esa que no se permitió expresar a lo largo de los 73 minutos que permaneció en la cancha. Y no era para menos. Le había ganado el duelo a los violentos, esos que lo alejaron del fútbol por 119 días, hasta que volvió a jugar el último 19 de agosto, ante Sacachispas. "La verdad es que no les tengo ni bronca ni resentimientos a los que me pegaron; sólo les tengo lástima. Ellos son unos cobardes, sólo gente así se anima a hacer lo que hicieron y esconderse en el anonimato."

