Andrés Nocioni: “Esto es un golpazo sobre la mesa para nosotros, para el mundo”

Fuente: Reuters
“Debemos tenerle fe a la gente que viene de atrás y no pensar que al retirarse esta Generación Dorada se pierde todo el básquet argentino”, dijo el Chapu en diálogo con La Nación
Xavier Prieto Astigarraga
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13 de septiembre de 2015  • 01:02

MÉXICO.– "Estoy contento porque, sinceramente, estuve a punto de no venir. Tuve que hablar de esto con mi señora, era otro año más, alejarme de mi familia... Tres hijos que me necesitan... La verdad es que la decisión fue difícil, porque uno pensaba si realmente servía para esto y podía dar los minutos que terminé dando. Se te pasan muchas cosas por la cabeza. ¡Estamos felices muchachos! ¿Qué va a hacer? ¡Y mañana salimos campeones!".

Luis Scola es el abanderado de la Generación Dorada, pero Andrés Nocioni lo ayuda a sostener el mástil. Ese párrafo soltó Chapu ante los periodistas pocos minutos después de que la Argentina consiguiera la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Y más claro no puede quedar el compromiso que, a los 35 años, tiene Nocioni con los colores y con los chicos que vienen. Él no sabía si el seleccionado iba a ganar 24 horas más tarde este torneo FIBA Américas , pero en la euforia posterior a semejante logro hizo ese casi juramento.

El santafecino es así, pasión al mil por ciento. Algo parecido había hecho luego del sacudón ante México que hizo caer el invicto. "Dos partidos seguidos yo no pierdo", había asegurado a un periodista comprovinciano, en medio de la incertidumbre tras el mal trago. Sorprende que sea el mismo Andrés Nocioni que, prácticamente un adolescente cuando jugaba en Racing y despuntaba como un buen proyecto pero no necesariamente como lo que terminó siendo, contó en una entrevista su principal defecto: "Me caigo cuando las cosas no me salen". Sí; es cierto que fue hace algo más de 15 años, pero lo dijo Chapu Nocioni. Increíble.

"Hicimos algo increíble", sostiene hoy, tras la clasificación, para la que contribuyó muchísimo durante todo el certamen, con puntos, rebotes y el corazón de siempre. "Golpeamos sobre la mesa, porque en este torneo había dos claros favoritos: Canadá y México. Estaba muy apuntado a ellos desde hacía tiempo. Y que estén Venezuela y Argentina en la final... No lo pensaba nadie. Así que uno se siente orgulloso, porque eso demuestra la ambición, las ganas de progresar, las ganas de Luis Scola y mías de venir acá, a trabajar con chicos jóvenes, por momentos perdiendo la paciencia y por momentos no... Estoy muy satisfecho, muy lleno por dentro, muy orgulloso", siente el alero, que protagonizó los 40 minutos del memorable 78-70 sobre México en la semifinal que puso a la Argentina en Río de Janeiro 2016.

–También Scola jugó todo el partido. ¿Qué tomaron para tener tanta energía?

–No, energía ya no teníamos, a lo últimos arrastrábamos las patas... Qué querés que te diga. La verdad es que estoy muy contento. El partido debió ser feo, pero se los gana así... Uno saca energía de esto porque a uno le gusta competir, le gusta jugar, le gusta participar en esta clase de torneos, y sobre todo cumplir un objetivo como el de ir a unos Juegos Olímpicos . Está claro que lo disfrutamos. Lo disfrutamos muchísimo. Además, te digo una cosa: si no hubiéramos ganado, no sé si habríamos entrado a los Juegos, porque el repechaje va a ser una carnicería. Ahora podemos mirarlo desde afuera, sentaditos...

–¿Qué representa para la Argentina llegar a los Juegos Olímpicos?

–Muchísimo, muchísimo. Antes de la Generación Dorada, Argentina jugó en Atlanta [1996], y antes de Atlanta, llevaba 40 años sin clasificarse. Así que volver a meternos tiene que ser histórico, por más que –lo reconozco– no tengamos el potencial de hace unos años. Pero volver a unos Juegos Olímpicos demuestra que debemos tenerle fe a la gente que viene de atrás y no pensar que al retirarse esta Generación Dorada se pierde todo el básquet argentino, que se viene todo abajo. Esto es un golpazo sobre la mesa para nosotros, para el mundo, para decir que los chicos también pueden y que viene otra generación. Lo que pasa es que hay que tener paciencia. Ayudamos Luis y yo, pero hay que tener paciencia. Que los chicos estén en unos Juegos Olímpicos es esencial. Este año ellos tienen que prepararse a muerte, como nunca, porque participar en unos Juegos Olímpicos es algo de mucho orgullo, muy lindo. Representar al país, a la camiseta, a la bandera, es algo increíble en unos Juegos Olímpicos.

–Tu carrera tiene muchos éxitos. ¿Dónde ubicás esta clasificación olímpica?

–La pongo muy arriba, porque es algo que viene de la nada. Hubo muchas dudas... Acá hubo unas dudas terribles: que desaparece la Generación, que se cae Carlitos [Delfino], que no viene Pablo Prigioni... Todos empezaron a sospechar que este equipo por ahí iba a entregar un poco la cabeza en este torneo. Y sí, entregamos la cabeza... ¡pero la pusimos bien arriba! Bien arriba la pusimos. Al día de hoy esto es lo mejor en mi carrera. Más adelante te diré. Pero al día de hoy es lo mejor. Esto es increíble.

El toro del seleccionado viene de cuatro conquistas en Real Madrid en una misma temporada. Y acaba de alcanzar sus cuartos Juegos Olímpicos. Pero no se le sacia el hambre: "Después de esto me iré a La Pampa y después a Madrid. Tengo la Intercontinental, quiero ganarla también...". La camada que viene necesita ese mensaje, necesita ser así.

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