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CORDOBA.– Después de reconocer que la medalla de plata en el Mundial fue su mayor logro en el basquetbol, Rubén Magnano sorprende: “Gané un trofeo cuando tenía 10 años en una actividad parroquial. Fue en una carrera de embolsados. Terminé primero porque metí las puntas de mis pies en las orejas de la bolsa y en vez de saltar, caminaba. A esa edad ya aplicaba tácticas. Me dieron un trofeo chiquito, muy humilde. Se me perdió en alguna mudanza, pero lo recuerdo con mucho cariño”.
El técnico del seleccionado nacional, de 47 años, nació en Villa María y a los dos meses estaba viviendo en Córdoba. Fue al colegio San Buenaventura hasta segundo año y el resto del ciclo secundario lo hizo en el José Manuel Estrada. Su padre, Hugo, dueño de un restaurante, y su madre, Carmen, lo vieron salir después hacia la ciudad universitaria para ser algún día ingeniero agrónomo. No pudo ser.
“Fui a la Universidad; no sé si estudié”, reconoce. Lo cierto es que su incursión por los claustros duró tres años hasta que le puso punto final a una etapa de su vida. Con mamá Carmen como cómplice, le dijo a su padre que iba a compartir los estudios de Agronomía con el profesorado en Educación Física. “Calculá. Si no podía con una carrera, menos iba a poder con dos juntas”.
Pese al enojo de Hugo, Rubén Magnano mudó la ropa informal universitaria al equipo deportivo. Se recibió de profesor, pero aunque siempre estuvo presente la ayuda familiar, él se encargó de costearse sus estudios. “Cuando hice agronomía manejé un taxi; en la etapa del profesorado trabajaba en las escuelas de verano”, recuerda.
Era momento de trabajar; había que formar una familia, que hoy se compone de Patricia, su esposa, y sus hijos, Sofía (de 15 años) e Ignacio (13 y jugador de basquetbol de Matienzo, de esta ciudad). Ya había pasado la rebeldía propia de la juventud (“la del pelo largo y los jeans ajustados; la del rock; iba a ver a Charly García, a Lito Nebbia”, confiesa). Su primer trabajo fue como profesor de basquetbol en el colegio José Peña. Dictó clases, también, en jardines de infantes y en colegios primarios y secundarios.
Fue jugador de Unión de Oncativo, Talleres y tuvo un efímero paso por Empalme. El basquet, de a poco, le iba trazando el futuro. “A los 29 años dirigí mi primer equipo de mayores: Unión de Oncativo. Aguanté un año. Era muy pesado viajar desde Córdoba cuatro veces a la semana. Luego conduje a Empalme y más tarde me contrató Hindú. En 1987, Walter Garrone me dijo si quería ser su ayudante técnico en el seleccionado cordobés que participó en el campeonato argentino, en Jujuy. Y desde el 88 hasta el 90 cumplí esa función, siempre junto a él, en Atenas. Hasta que en 1991 dirigí al club por primera vez en la Liga Nacional”.
Han pasado más de diez temporadas desde aquel hito. La maduración de su trayectoria le consolidó una personalidad, de la que surgen en el manejo de grupos su diálogo ameno, cordial, pero también el férreo cumplimiento de ciertas pautas de disciplina.
–¿Lo conmovió algo que vivió durante el Mundial, lloró alguna vez?
–Me salieron algunas lágrimas después de un partido, creo que ante los Estados Unidos, cuando un periodista me comentó lo que estaba sucediendo en el país con la gente. Me dijeron que el equipo estaba dejando una imagen muy fuerte. Se ve que los años me han vuelto mucho más tierno.
–Al llegar a la Argentina usted apeló a los dirigentes para que no dejaran pasar este momento…
–...Porque espero que esto sea un empujón para el deporte argentino, que no quede solamente en una reunión de protocolo con el presidente Duhalde. Ellos comprometieron el desarrollo del deporte comunitario. Aunque sea por ese lado, el de sacar a los niños de la calle, ya sería algo importante. Y que sirva para el crecimiento del basquetbol en particular. Hoy están naciendo, están tirando al aro los futuros Ginóbili, Oberto, Sánchez, Schonochini, Wolkowyski, por citar algunos. Esto ha sido muy trascendente para nuestra disciplina.
A la hora de hablar de su trabajo, Magnano reconoce la importancia de sus colaboradores, Enrique Tolcachier y Fernando Duró: “Tengo un cuerpo técnico de excelencia. Por ellos pasa un altísimo porcentaje del trabajo. Pero si hay una disyuntiva, la decisión es mía”
CORDOBA.– Mucho se habló de la frustrante actuación argentina en el Mundial de Corea-Japón. Con su eliminación, muchos pronósticos optimistas se derrumbaron. En cambio, la selección de basquetbol le dio prioridad a objetivos menos ambiciosos, tal el mensaje de sus jugadores y de su entrenador.
–¿Lo que pasó en fútbol con la Argentina le sirvió para conversarlo con sus dirigidos?
–Ni se habló del tema. A lo mejor cada uno lo elaboró internamente. Creo que hemos sido demasiado injustos con nuestra selección de fútbol. Yo hablé de avalar los trabajos con resultados. Pero a veces podés hacer mal un trabajo, obtenés buenos resultados y parece que todo lo hecho fue brillante. No es así. Otras veces podés llevar adelante un proyecto brillante y perdés una clasificación por dos pelotas muertas, un tiro libre y un penal, como sucedió con la Argentina. Entonces todo parece oscuro; aunque reconozco que el del fútbol es otro universo.
–¿Alguna vez habló con Bielsa?
–No tuve la suerte. Me gustaría hablar porque creo que es un gran entrenador. Me gustaría acercarme a ver los entrenamientos de su selección. Considero que uno aprende de todo y con todos.
–Si lo invitan, ¿iría?
–Claro que iría; lo haría con gusto, porque me interesa mucho, más allá de que sea fútbol, voleibol o la disciplina que sea. Uno aprende siempre.


