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Ganar un Mundial reescribe la historia de cualquier deporte. No sólo aglutina a los fanáticos sino también a los neófitos, que terminarán opinando como expertos de una disciplina que antes apenas conocían por su nombre. Desde hace mucho tiempo, existe una coincidencia anual con el de fútbol, sin dudas el más convocante. El de voleibol se juega en el mismo año desde 1962. El de básquet, desde 1970. El de hockey sobre césped, desde 1978 en varones y 1986 en mujeres. Solamente el rugby, cuya primera copa se disputó en 1987, se diferencia con su torneo en año impar. El hockey sobre patines tiene su certamen cada dos años en lugar de cuatro. En los últimos 40 años, la Argentina organizó un Mundial de fútbol (1978), dos de voleibol (1982 y 2002), uno de básquet (1990), dos de hockey sobre césped (1978 masculino y 1981 femenino) y cuatro de hockey sobre patines (1970, 1978, 1989 y 2001).
Hay registros fílmicos de estos grandes acontecimientos transmitidos hacia el mundo. Ahí están los videos de Conte, Quiroga, Castellani, Martínez y Kantor, artífices del tercer puesto del voleibol en 1982. El archivo recuerda los dobles de Pichi Campana y las ayudas arbitrales para el octavo lugar en 1990. Pero hace 15 años que podemos ver absolutamente todo. La revolución de las comunicaciones lo ha logrado. Durante este período, el equipo de fútbol dejó de traer Copas y medallas. El cambio tecnológico y el evidente crecimiento deportivo, y mediático, de otros seleccionados argentinos han provocado la inevitable comparación. Este fenómeno comenzó a manifestarse en 2002. La prematura eliminación del seleccionado de Bielsa en Corea-Japón contrastó con el subcampeonato del básquet masculino en Indianápolis y la consagración de las Leonas en Perth. A partir del próximo fin de semana, los dos mejores equipos de la historia del deporte argentino competirán en su respectivo Mundial, con plena coincidencia en las fechas. El de básquet se jugará en Turquía. Comenzará el sábado 28 de agosto y finalizará el domingo 12 de septiembre. El de hockey sobre césped será en Rosario desde el domingo 29 de agosto hasta el sábado 11 de septiembre.
Difieren en los formatos. La Generación Dorada afrontará una carnicería, con cinco partidos de primera fase en seis días. Los 24 clasificados están agrupados en cuatro zonas de seis, con lenta depuración, ya que sólo ocho se quedan fuera de los octavos de final. La ruta al título es salvaje, con nueve juegos en una quincena. En total, el torneo ofrecerá 80 partidos. En cambio, las Leonas disputarán sus cinco desafíos de su grupo en nueve jornadas. De las 12 naciones, sólo 4 pelearán por el título tras la primera fase, ya que los duelos de mano a mano recién arrancarán en semifinales. El torneo tendrá 38 encuentros.
Consecuencia directa de un proyecto revolucionario como el de la Liga Nacional, impulsada por el entrenador León Najnudel y el periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas, esta extraordinaria generación de basquetbolistas irrumpió en el Pre-Mundial de 2001. Ya en Indianápolis, el 4 de septiembre de 2002 provocó un gran impacto, de contexto histórico. Fue el primer seleccionado FIBA que derrotó a un equipo de Estados Unidos integrado por jugadores de la NBA. Desde hace ocho años que no bajan de las semifinales en los grandes torneos: 2º en el Mundial 2002, campeón olímpico en Atenas 2004, 4º en Japón 2006 y bronce en Pekín 2008. Manu Ginóbili, Andrés Nocioni, Luis Scola y Fabricio Oberto, el glorioso núcleo, hicieron todo el recorrido. Por razones humanas y deportivas, entendibles y poderosas, Manu no estará en Turquía y volverá en Londres 2012. El enorme Scola marca el camino con su profesionalidad y compromiso. Cuando él habla, el resto calla. Impone respeto desde su ejemplo en cada entrenamiento: es el primero en llegar y el último en irse. Ama el juego. En el Mundial de 1990, alcanzó pelotas y limpió el piso del Luna Park.
Esta camada de jugadores no se repetirá. Si bien los clubes apuestan a la formación y la Liga sigue siendo competitiva, la calidad de este grupo es inigualable. Pepe Sánchez, Montecchia, Victoriano, Palladino, Wolkowyski, Gabriel Fernández, Herrmann y Sconochini dejaron sus lugares para que aparezcan Prigioni, Delfino, Leo y Juan Gutiérrez, Román González, Jasen, Kammerichs, Quinteros y Junior Cequeira, el último convocado para ejercer de base suplente.
El rugido de Las Leonas comenzó a gestarse en el Mundial Juvenil de Terrassa, en 1993. El equipo se consagró campeón. Jugadoras como Magdalena Aicega, Ayelén Stepnik y Vanina Oneto pasaron inmediatamente al equipo mayor, segundo en Dublín 1994. El juvenil de Corea del Sur 1997 presentó a Luciana Aymar y a Soledad García, entre otras. Con la base consolidada, el cuarto lugar en Utrecht 1998 fue el punto de partida de esta extraordinaria continuidad: Medalla plateada en Sydney 2000, título mundial en Perth 2002, bronce en Atenas 2004, 3er. lugar en Madrid 2006 y bronce en Pekín 2008. Los éxitos potenciaron el desarrollo de este deporte con una impresionante base en los colegios. El hockey dejó de ser porteño y bonaerense. El trabajo de detección de talentos en todo el país rindió sus frutos. Aparecieron jugadoras de Mendoza, Rosario, Salta y Córdoba. El recambio mantuvo la excelencia. Las Margalot, Gambero, Rimoldi, Masotta y Antoniska fueron reemplazadas por las Russo, Burkart, Rebecchi, Barrionuevo y Succi. El retiro de Aicega tras los últimos Juegos Olímpicos le ha conferido el liderazgo, dentro y fuera de la cancha a Luciana Aymar. Presente en la mayor desde 1998, Lucha es un ejemplo de rebeldía a la adversidad. Su vida nada tiene que ver con ese fácil y suelto andar sobre el césped sintético. En el flamante libro Corazón de Leona, se descubre una infancia complicada que forjó su personalidad. Cuando se retire, dejará un espacio imposible de llenar. Es la mejor jugadora de la historia.
Es muy fácil encontrar similitudes entre estos dos equipazos. El amor y la pasión por el deporte, el hambre de éxitos, el sacrificio compartido, el respeto por valores y creencias, el concepto de que "el todo es más que la suma de las partes". Entre los matices, Las Leonas han logrado ampliar su base de jugadoras mientras que la Generación Dorada aún depende de su núcleo glorioso.
La competencia del básquet es más dura que la del hockey sobre césped. Hay otras coincidencias. Manu nació el 28 de julio de 1977 y Lucha apenas 13 días después, el 10 de agosto. Sus entrenadores más importantes e influyentes (Magnano y Vigil) ya no están en sus cargos. Más allá de los conductores, los grupos siempre han creído en la autorregulación, sin lugar para divos ni estrellitas. ¿Por qué el fútbol no puede lograr estos resultados? Vigil lo planteó sin eufemismos: "Construye siempre desde la punta del iceberg. Hay una lucha de intereses y un egoísmo tan grande. Nadie ve lo más importante". Creo que la educación es un aspecto central de este análisis. Debido a la drástica transformación social de los 90, el fútbol se convirtió en un medio para salir de la pobreza. Ser futbolista les cambió la vida a muchos jóvenes sin esperanza y sin estudios. Desde muy chicos, conviven con la obligación de ganar para salvar a sus padres sin trabajo. Pero el dinero no puede compensar ese déficit educativo durante su etapa de formación. En cambio, familias de clase media pudieron darles a sus hijos la posibilidad de estudiar y elegir la práctica de un deporte como el básquet o el hockey, sin perder el sabor del disfrute. No hace falta demonizar a los futbolistas para darles el merecido reconocimiento a las Leonas o al seleccionado de básquetbol. También los sucesos de un país pueden reescribir la historia de un deporte.
jpvarsky@lanacion.com.ar




