La nueva NBA: las estrellas asumen el poder y condicionan a las franquicias

Kristaps Porzingis
Kristaps Porzingis Fuente: AP - Crédito: Julie Jacobson
Matías Baldo
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1 de febrero de 2019  • 21:00

Existe un nuevo paradigma en la NBA : los jugadores tomaron el control.

Hasta la mañana del jueves 31 de enero de 2019, Kristaps Porzingis era el futuro de New York Knicks . Elegido con la cuarta selección del Draft 2015, el ala-pivote transformó los abucheos del Barclays Center de Brooklyn por ovaciones en el Madison Square Garden de Nueva York. El caso más resonante de la conversión fue un nene, aquel que en la noche del Draft conmovió al mundo con su llanto por la decisión de la gerencia neoyorquina: seis meses después esperaba a su nuevo ídolo para tomarse una foto.

Durante su temporada como novato plasmó su insondable potencial e incluso se afianzó como uno de los unicornios de la liga: jugadores que ofrecen una nueva dimensión ofensiva gracias a su combinación del físico clásico de un ala pivote o pivote con la técnica, el talento, el tiro perimetral, el manejo, el pase y la visión de un base.

El letón recién había celebrado sus dos décadas cuando desembarcó en la Gran Manzana como el nuevo socio de Carmelo Anthony. Tras dos campañas, New York decidió entregarse en cuerpo y alma a Porzingis: transfirió a Melo a Oklahoma City Thunder después de seis años.

Las primeras semanas de la nueva era le dieron la razón a la gerencia de Nueva York. Porzingis se adueñó de los Knicks con un promedio de 22.7 puntos, 6.6 rebotes y 2.4 tapas en 32.4 minutos por partido. Su rendimiento lo convirtió en All-Star, aunque no pudo participar del evento por la lesión del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha que truncó su proyección: aún no ha regresado desde aquella fatídica noche del 6 de febrero de 2018 frente a Milwaukee Bucks.

Nadie imaginaba que aquella sería su última actuación con la camiseta de New York. Horas después, tras una reunión entre los altos mandos de la franquicia y su estrella, los periodistas que son palabra sagrada del mundo NBA anticiparon su traspaso a Dallas Mavericks junto a Tim Hardaway Jr, Courtney Lee y Trey Burke a cambio de Dennis Smith Jr, DeAndre Jordan, Wesley Matthews, un pick de primera ronda sin protección del Draft 2021 y un pick con protección para el Top 10 en 2023.

Durante el cónclave, Porzingis manifestó su descontento con la cultura deportiva de un equipo que acumula el peor récord de la liga con 10 triunfos y 40 derrotas. Será la sexta temporada consecutiva con marca negativa para una franquicia que no pone un pie en playoffs desde 2012-2013.

Agente libre restringido en el próximo mercado -New York tenía la opción de igualar cualquier oferta rival-, la incertidumbre en torno a su futuro y su disgusto actual aceleraron las negociaciones a una semana de la fecha límite para consumar transferencias. Steve Mills, presidente de los Knicks, fue contundente: "No quería pertenecer más a nuestra franquicia". La montaña rusa que fue la travesía de Porzingis en Nueva York concluyó con una abrupta caída libre: convertido en salvador tras la desconfianza inicial de los hinchas, forzó su salida rumbo a un escaparate competitivo.

Dallas será su nueva casa, el escenario ideal para continuar con su crecimiento: el entrenador Rick Carlisle es especialista en desarrollo de talento joven, Dirk Nowitzki es el mentor indicado para el letón, el departamento médico de los Mavericks es uno de los mejores de la liga (se perdió 110 partidos en cuatro temporadas) y podrá apuntalar a la construcción de una potencial dinastía que lidera Luka Doncic, una reunión de dos de los mayores talentos europeos de la última década. Con el pick and roll y el pick and pop como bandera, Porzingis calza a la perfección en la estructura de los Mavs.

Más allá del caso concreto y particular, el traspaso de Porzingis es la enésima demostración del flamante mapa de poder de la NBA moderna: los jugadores identificaron que son los verdaderos protagonistas del show y se transformaron en los capitanes de su destino. Esa certeza probablemente se transforme en el mayor legado de LeBron James, quien en 2010 montó un reality alrededor de su decisión de dejar Cleveland Cavaliers y lo anunció en un programa especial en el que confirmó que se sumaría a Miami Heat. Cuatro años después, anunció su retorno por intermedio de una carta en Sports Illustrated.

Anthony Davis está estrictamente relacionado, en pasado, presente y futuro, a LeBron. Creció admirando a James antes de su llegada a la liga en 2012-2013. Después de siete campañas sin éxito en New Orleans, en septiembre firmó con Klutch Sports, agencia del representante Rich Paul que tiene como principal figura -y socio en las sombras según los rumores- a LeBron. Hace días, Paul filtró que Davis quería abandonar a los Pelicans: Davis fue sancionado con 50.000 dólares por las declaraciones de su agente porque los jugadores de la liga tienen prohibido manifestar públicamente su intención de solicitar un traspaso. Las redes sociales y los medios, aliados fundamentales, diseminan rápidamente la información.

"Creo que es mi momento. Le entregué a esta ciudad, a la organización y a los fanáticos todo lo que podía darles", declaró el pivote de 25 años. Con contrato hasta el final de la temporada 2019-2020, uno de los diez mejores jugadores de la NBA puso entre la espada y la pared a una franquicia que tendrá que tomar una decisión urgente: traspasarlo antes del 7 de febrero o convivir con un Davis descontento, probablemente marginado del plantel, hasta que se abra el mercado.

New Orleans se verá obligado a desprenderse cuanto antes de un símbolo que se cansó de no ser protagonista. La declaración de intenciones pública condiciona a la gerencia, que tendrá que buscar opciones rápidamente para conseguir activos a cambio. Apenas con la filtración de sus intenciones, Davis cambió el mapa de la NBA.

Un caso similar fue el de Kawhi Leonard con San Antonio: se ausentó durante gran parte de la campaña anterior y, ya recuperado, manifestó sus deseos de marcharse. Semanas más tarde, fue transferido a Toronto Raptors. El romanticismo en torno a la lealtad es historia: el anillo constituye una obsesión que desestructuró el sentido de pertenencia entre jugador y franquicia. LeBron también fue pionero con su partida a Miami.

"Recuerdo que le dije a Kevin Durant: 'Es una de las pocas veces en tu carrera en la que vas a poder elegir adonde vas a jugar y adonde querés vivir. Disfrutalo'. Era su decisión", explicó Chris Paul después de que Durant abandonara Oklahoma City Thunder para marcharse rumbo a Golden State Warriors para conformar uno de los equipos más impresionantes de la historia.

Cuando Kevin Garnett conquistó su único anillo en su primera campaña en Boston Celtics, doce años después de vestir la camiseta de Minnesota Timberwolves, la leyenda reflexionó: "Si pudiera retroceder en el tiempo y volver a evaluar mi situación, sabiendo lo que se ahora gracias a esta organización, hubiera pedido el traspaso un tiempo antes. La lealtad es algo que te puede lastimar a veces y no podés recuperar tu juventud".

Sobre esa frase, aseguran, construyó Davis su decisión de abandonar Nueva Orleans: "Elijo el legado por sobre la plata. Quiero construir un legado, que los chicos jóvenes me miren y quieran saber sobre mi legado. Campeonatos, las cosas que hago por la comunidad. No me malinterpretes, el dinero es increíble. Pero creo que en ese sentido, dinero o legado, creo que mi legado ganará esa batalla cada vez".

La contracara de la moneda es DeMar DeRozan. Sinónimo de lealtad y héroe de Toronto, fue entregado por los canadienses a cambio de Leonard. El empoderamiento de los jugadores es la respuesta a franquicias que históricamente han negociado incluso a sus ídolos. Los jugadores decidieron revolucionar una liga que se construía en los despachos. Ahora son las estrellas las que dictan el futuro de las franquicias en una NBA en la que todo tiene sabor a efímero. Porzingis y Davis lo saben.

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