No creía en él y hoy juega en la selección: la historia de Lucio Redivo, un pequeño gigante

Crédito: Twitter Redivo
Diego Morini
(0)
21 de febrero de 2019  • 23:59

Ahora camina por las calles de Puerto Rico y vestido con la ropa del seleccionado de básquetbol . Piensa en la última ventana de eliminatorias que la Argentina comenzará a disputar este viernes. Se enfoca en cómo deberán aplicar cada sistema con el conjunto nacional para tratar de sumar éxitos, primero ante el seleccionado boricua y el lunes próximo ante los Estados Unidos. Es una pieza clave en Breogán de España, de la ACB y brilló en Bahía Basket en la Liga Nacional . Podría ser la historia de cualquier jugador de básquetbol, pero Lucio Redivo hace menos de seis años no pensaba que iba a pasarle todo esto y muchos creían ni siquiera podía llegar a ser profesional.

Apenas 1,78 metro pero nada lo detiene. Es un goleador tremendo, por eso Sergio Hernández lo tiene entre sus piezas importantes de cara a esta doble jornada y para conformar el plantel que disputará el Mundial de China desde el 31 de agosto hasta el 15 de septiembre. El bahiense, de 25 años, dejó su marca en la Liga de España y todos saben allí que es una verdadera amenaza.

Nada lo marea, mantiene la humildad, quizá haber pasado por las manos de Juan Ignacio Pepe Sánchez , Alejandro Montecchia y Sebastián Ginóbili, cuando jugó en Bahía Basket, haya sido la clave. Sus raíces son todo para él, el club Pacífico es una parte determinante en su vida. "Pacífico es el club que amo, en el que me crié, trato de ayudar siempre que puedo y siempre busco estar en contacto con la gente del club. Me encanta ir a ver los partidos de mi hermano y la de cualquier categoría del club. Sé que algún día, no sé cuando, pero sí que voy a volver a jugar, al menos, un año. Es algo que se lo prometí a mi familia que lo iba a hacer", cuenta Redivo desde su habitación 408 en el hotel Verdanza, en Puerto Rico.

Su familia siempre estuvo vinculada al fútbol y pensaba que podía ser el deporte elegido por el pequeño Lucio, sin embargo, en la charla con LA NACION el escolta del seleccionado argentino dejó en claro que su deseo por jugar al básquetbol era más grande. Ahora todos lo acompañan en este proceso y hasta su hermano y sus primeros se la pasan picando una pelota y lanzando a un aro.

-Hace 4 años no imaginabas estar en la selección, estás a un par de horas de jugar la última ventana de eliminatorias y cerca del Mundial de China…

-La verdad que es una sensación especial todo lo que me toca vivir. La ventana anterior logramos la clasificación al Mundial, ahora vamos a jugar dos partidos más de eliminatorias, China está cerca… Disfruto de todo, porque es cierto que hace unos años nadie creía que podía estar acá. Ponerme la camiseta de la selección es el sueño de mi vida y me está sucediendo. Representar al país es lo mejor que te puede pasar como jugador. Cada encuentro es un desafío y lo tomo como tal.

-Si bien no está definida la lista para el Mundial, ¿te permitís pensar en China?

-Me tomo las cosas con calma, pero no voy a mentir y la verdad es que sí pienso en la chance de poder estar en China ¿A quién no le gustaría formar parte de esa competencia? Pero ahora lo más importante es hacer dos buenos juegos en esta ventana de eliminatoria para sumar más horas de experiencia y rodaje. Más adelante veremos cómo se dan las cosas, pero si no estoy en la convocatoria tendré que seguir trabajando para lograrlo.

Lucio Redivo, un goleador a la medida de la selección
Lucio Redivo, un goleador a la medida de la selección Crédito: Cabb

-¿Sacrificio es la palabra que resume tu arma más importante para tu carrera?

-Sin duda. Todos se entrenan, todos hacen esfuerzos, todos quieren subir el nivel, pero si dejo de entrenarme no podría jugar. Cuando llegué a la Liga Nacional, hace un par de años, sentía que no podía jugar profesionalmente y ni me veía en un equipo entrenándome. Entonces le pregunté al preparador físico (Cristian Lambrecht) de Bahía Basket cómo podía hacer para ponerme a tono y esperaba que me dijese que en seis o siete meses podía estar listo… La respuesta: "Esto es un proceso de dos o tres años". Casi me muero. Pero bueno, trabajé y no bajé los brazos. Si quería ser profesional tenía que cambiar muchos aspectos como deportista y hacer muchas horas extras de entrenamiento. Eso creo que me ayudó.

-¿Cuánto te sirve compartir selección con Facundo Campazzo, otro jugador que convive con la adversidad de la talla?

-Muchísimo. Siempre está atento a todo, me ofrece su ayuda constantemente. Trato de mirarlo a él y a otros jugadores para aprender. Es una buena demostración de que no hay límites, que todo está para superarse. Y para mí es un valor importante poder entrenarme con él. Es un placer estar con Facundo y trato de aprovechar al máximo cada momento.

-¿Cuán difícil es participar de la Liga ACB de España?

-Es una competencia durísima. Me ayudó mucho haber estado en Bahía Basket, porque compartí tiempo con mucha gente que ya había estado en Europa, como Pepe Sánchez o el Puma Montecchia. De todas maneras, cuando llegás a la Liga de España te das cuenta de lo complejo que es todo. Hay que estar ahí para chocarte con esa realidad. Es un nivel muy alto que disfruto y que me obliga a mejorar día tras día. Ahora tengo que tratar de seguir haciendo mi trabajo. En Bilbao me salieron bien las cosas y ahora en Breogán tengo que seguir creciendo.

-¿Qué sentís que le sumaste a tu juego y qué te falta para terminar de consolidarte en la ACB?

-Siento que aprendí muchas cosas, que el juego de pick and roll lo tengo mejor incorporado, que si no defendés vas al banco… Me parece que tengo más paciencia y que estoy concentrado en el juego todo el tiempo. Creo que aprendí a leer más y mejor qué pide el juego, que puedo darme cuenta qué compañero mío le puede hacer más daño al rival y allí trato de concentrar el juego. De todas maneras, entiendo que debo mejorar todavía en muchos aspectos.

-Hoy competís en un nivel altísimo, pero Pepe Sánchez contó que te pasabas horas y horas tirando después de cada práctica…

-Es que de verdad nadie apostaba que podía jugar profesionalmente, porque no era muy alto, era muy flaquito y sólo si me esforzaba mucho podía cambiar esa mirada sobre mí futuro. Y para ser sincero, yo aspiraba a estar, al menos, en el banco de un equipo de Liga Nacional. Me desafiaba todos los días para poder llegar a ser considerado. Cuando pude jugar como profesional fue una enorme satisfacción, sentí que era un premio para lo que deseaba.

-Decías que no hay límites…

-No me los pongo, sólo tengo objetivos a corto plazo. Hoy mi único objetivo es ser el mejor jugador posible para la selección de la Argentina.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.