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CORDOBA.- El técnico Enrique Nieto no paraba de comerse las uñas, la hinchada había colgado banderas de agradecimiento a Luis Fabián Artime, cuyos goles se extrañan tanto como los de Claudio Enría. Belgrano arrastraba el maleficio de no poder convertir y la angustia por la falta de triunfos que agrava su promedio del descenso. Tuvieron que pasar 333 minutos del Apertura para que Belgrano consiguiera su primer gol, que le valió el triunfo por 1 a 0 ante un Gimnasia de Jujuy mezquino. Sufrió el equipo cordobés, pero no hay que restarle merecimientos a su éxito.
Le cuesta mucho a Belgrano asumir la ofensiva y generar jugadas para definir. El primer tiempo dio más muestras de esta carencia de arrastre de los cordobeses. Ni siquiera la elección de abandonar la fría grandeza del estadio Olímpico, para hacerle sentir al rival la presión de la cancha propia del barrio Alberdi, ayudó a la búsqueda de Belgrano. Y los inconvenientes se acentúan más cuando un adversario como los jujeños de Gimnasia se agrupa atrás y sólo se dedica a especular con el contraataque.
Entre la impotencia local y el desinterés visitante, la primera media hora se fue sin que quedara nada interesante. Sosa, natural conductor de los cordobeses, no tuvo mucho margen para mostrar los caminos y descargar las asistencias. Belgrano mostró algo más de llegada en los últimos 15 minutos de la etapa inicial, aunque el déficit en el toque final no tuvo corrección. El ejemplo más notorio fue una pelota que José Luis Villarreal recibió de Sosa a un metro del área chicha, con el arquero desacomodado; a pesar de que Villita tiene una reconocida técnica, su remate salió por encima del travesaño; increíble.
La obsesión por conseguir más profundidad decidió a Enrique Nieto a colocar un volante (Solana) por un defensor (Castillo); algo lógico, ya que Gimnasia sólo tenía a Mario Lobo como hombre de ataque. Poco más que intenciones se pudo contabilizar en Belgrano durante el arranque del segundo período, aparte de una entrada muy fuerte de Alarcón sobre Lobo. Ante la desesperación creciente, el entrenador cambió la fórmula ofensiva, con los ingresos de Ferrer y Mauricio López. Pero el desequilibrio llegó por un zurdazo alto de Montenegro dentro del área, al aprovechar un error de Aguirrez. Belgrano se sacaba un peso de encima y se permitía el primer gran festejo.

