Blatter logró la reelección, pero seguirá jaqueado

Pese al terremoto histórico por los casos de corrupción y el duro frente opositor europeo, el suizo fue habilitado para un quinto mandato en la entidad, aunque su futuro enfrenta serias tormentas
Andrés Prestileo
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30 de mayo de 2015  

"Por favor, deja la FIFA. Déjala estar". "No... Es demasiado tarde". El breve intercambio se produjo en la noche del jueves suizo entre Michel Platini y Joseph Blatter, según lo revelaría después el propio ex crack francés, hoy presidente de la UEFA. Un escueto cruce de palabras que sirvió de prolegómeno para un día volcánico y para describir con trazo grueso qué tipo de fuerzas iban a chocar en el 65° congreso de la mayor organización del fútbol, en Zurich. El "demasiado tarde" del veterano dirigente escudaba el íntimo sentimiento de fortaleza suficiente para sobrevivir al mayor escándalo jamás desatado en la organización y conseguir la reelección como presidente, rumbo a un quinto mandato.

Incombustible, Blatter lo logró. Era, a pesar de todo, lo que se esperaba. El poder forjado a lo largo de 44 años participando en los entresijos de una de las mayores corporaciones del planeta y 17 como su mandamás fue más fuerte que la presión de un pandemonium que recorrió el mundo, y que seguirá haciéndolo. La investigación llevada adelante por el Departamento de Justicia de Estados Unidos y asistida por la justicia suiza por la mayor red de corrupción en el deporte continúa con un curso que podría golpear todavía con más dureza a la FIFA. Y al propio Blatter, cuya autoridad, pese al triunfo de ayer, quedó en tela de juicio como nunca.

Mensajes febriles y negociaciones entre dirigentes habían atravesado la noche de Zurich. De todos modos, lo que todo el mundo suponía que ocurriría ocurrió, apenas con algún matiz. Voto más, voto menos. Sobre el mediodía de la Argentina comenzó la recolección de votos en el centro de un salón de convenciones que, pese a que olfateaba el destino del recuento, todavía quería hacerle lugar a alguna sorpresa. Eso no ocurrió. La primera vuelta dio ganador a Blatter por 133 a 73; quiere decir que al suizo le habían faltado solamente siete votos –se necesitaba alcanzar el 75 por ciento entre los sufragios de las 209 federaciones habilitadas, de las cuales emitieron su voto 206– para ganar de entrada. Pero no hizo falta segunda vuelta. Tras la primera tanda, el único contendiente del suizo, el príncipe jordano Alí bin Al Hussein, resignado ante la imposibilidad de revertir una tendencia tan contundente, se retiró de la pelea. "Quiero agradecerles a todos. Fue una magnífica travesía. Agradezco especialmente a todos los que fueron suficientemente valientes para votar por mí", dijo el hombre que contó con el vociferado y agresivo sostén de Diego Maradona, por ejemplo. No era caprichosa la alusión a la "valentía" de sus impulsores frente a un tanque como Blatter, pero en su masa de apoyo –entre la que se contó la de la AFA (ver pág. 4)– seguramente hubo más contenido de repudio hacia la figura del suizo que de convencimiento sobre su propuesta.

Esos números ilustraban un resultado distante de las previsiones de los europeos, el frente que con más dureza –pese a que no lo hizo de manera unida– decidió combatir a Blatter una vez que se destapó la olla de la corrupción. "Estoy orgulloso porque la UEFA defendió y respaldó un movimiento de cambio en la FIFA, un cambio que en mi opinión es crucial si la organización quiere recuperar su credibilidad", dijo Platini, pero todavía más tajante fue otro dirigente europeo, Greg Dyke, el director de la Asociación Inglesa: "Esto no ha terminado, para nada. Los hechos de esta semana son tan traumáticos que no puedo contemplar una reforma de la FIFA con Blatter. Ha tenido 17 años para cambiarla y no lo hizo", disparó.

Entre aplausos y algunos abucheos, Blatter tomó la palabra apenas conoció la declinación de su rival: "Me han responsabilizado por esta tormenta. Está bien, asumo esa responsabilidad. Pero unos 1600 millones de personas participan activamente en el fútbol. Es imposible controlar a todos. Soy un hombre de fe. Dios, Alá o quien sea nos ayudará a traer de vuelta esta FIFA. Me gusta mi trabajo. No soy perfecto, nadie lo es. Al final de mi mandato, entregaré la FIFA a mi sucesor y será más robusta", anunció, antes de cerrar con un "¡let’s go, FIFA, let’s go!" ("vamos, FIFA, vamos") que no todos quisieron celebrar.

Una monumental puesta en escena que no alcanzará para despejar la inmensa montaña de problemas que a Blatter empiezan a acosarlo ya mismo, a sus 79 años. Siempre bajo la lupa, la imagen, la credibilidad de la multinacional que encabeza, quedaron ahora por el piso. Con un proceso de investigación que avanza como un tren y podría alcanzarlo a él mismo, patrocinantes que miran de reojo y cuestionamientos de todo el planeta, no le será fácil llegar indemne a 2019.

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