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Fue contemporáneo de ilustres colegas, como Luis Pestarino, Roberto Goycochea, Miguel Comesaña, Angel Coerezza y Roberto Barreiro.
Su carrera como árbitro también alcanzó hitos importantes: accedió a la categoría internacional, fue instructor de la FIFA y asesor de la AFA sobre cuestiones de la actividad que se constituyó en la vocación de su vida, a pesar de que era marino.
Aurelio Domingo Bosolino falleció a los 75 años; sus restos fueron sepultados en el cementerio de la Chacarita. Se acercó por primera vez al fútbol como jugador, en las inferiores de San Lorenzo, pero una lesión lo decidió a iniciar el curso de árbitro, con profesores de la talla de Bartolomé Macías y J. J. Alvarez.
Debutó en primera división el día que cumplía 35 años -el 14 de junio de 1958-, en el partido Huracán-Gimnasia Esgrima La Plata. Dirigió durante 12 temporadas en la principal categoría.
Mostró espíritu gremial para promover la creación de la Asociación Argentina de Arbitros (AAA), en un intento por proteger la fuente de trabajo ante la contratación de árbitros ingleses.
Como cualquiera que llega a un punto alto en su actividad, Bosolino cosechó respeto y cuestionamientos. Su apego al reglamento lo llevó a una situación muy recordada, cuando Racing y Santos jugaban en la cancha de Huracán por la Copa Libertadores. Por entonces, muchos consideraron una osadía su sanción de anular por amago la ejecución de un penal rematado por Pelé. Quienes los conocieron aseguran que vivió su profesión como una pasión a la que mantuvo siempre encendida.


