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Uno de los roles más difíciles de asumir para un pugilista profesional es ser probador de las figuras que regresan al ring y despiertan una expectación absoluta. Experiencias estas que, de acuerdo con la envergadura del protagonista central, se acercan mucho más al mundo del espectáculo que al ámbito deportivo.
El sudafricano François Botha será el encargado de examinar al norteamericano Mike Tyson, el 16 del mes próximo, en Las Vegas, en un nuevo regreso al cuadrilátero del polémico "Hombre de Acero", que juega, casi a modo de ruleta rusa, su libertad, su imagen y su futuro al mismo tiempo.
Botha es todo un personaje. Y para este tipo de contiendas se necesita algo más que un buen récord boxístico. Apodado "El Búfalo Blanco", este hombre nacido hace 30 años en Witabank se caracterizó por irritar, mayormente, a todo el medio africano con su arrogancia y con su estilo personal de pelea, sobrador y deslucido.
Los pesados sudafricanos de raza blanca han marcado un trazo histórico y curioso en esta categoría. Aquel recordado Gerrie Coetzee, que con sus manos corregidas quirúrgicamente con inserciones metálicas, fue un pilar para los gigantes sudafricanos cuando, en 1983, se consagraba campeón mundial al ganarle por knock-out a Michael Dokes, con lo que quebró el dominio que los peleadores negros mantenían en la máxima división desde 1960, cuando Floyd Patterson reconquistó el cetro al vencer al sueco Ingemar Johanson.
A partir de entonces, hubo buenos sudafricanos de casi 100 kilos, como Kallie Knoetzee, Johnny Du Plooy, Pierre Coetzer y Corrie Sanders, que abrieron un camino óptimo, pero sin conquistas de títulos mundiales.
La efedrina se transformó en un duro rival para Botha. Apareció en su vida en lo que aparentaba ser su noche más feliz. Aquella de 1995, cuando después de ser consagrado campeón mundial (FIB) al superar por puntos al alemán Alex Schulz, en Francfort, el test antidoping le quitó toda la gloria. No sólo se lo desconoció como campeón, sino que se rectificó el fallo -declarándose nulo el match- y fue suspendido por 6 meses.
Sin embargo, el peso político del pugilismo sudafricano en el ranking de la FIB lo devolvió rápidamente a los grandes negocios y el 9 de noviembre de 1996 fue incluido en la reunión Tyson-Holyfield I, y allí perdió su invicto y su única pelea ante Michael Moorer, que lo superó por KOT en el último round.
El estilo de Botha es poco vistoso. Raro, personal. Conservador y especulativo. Generalmente, con varios kilos de más que le quitan plasticidad a sus movimientos sobre el ring. Su récord es de 41 peleas, 39 victorias -24 por KO-, una derrota y un match nulo. Está clasificado 2º en el ranking de la FIB y las apuestas del Estado de Nevada señalan un 12 a 1, en contra, en sus posibilidades ante Tyson.



