El último partido de Marcelo Gallardo en River: agradecimiento a los hinchas y abrazos con dos de los goleadores en el 3-1 a Banfield
Lucas Martínez Quarta y Sebastián Driussi fueron a encontrarse con el DT tras convertir
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Marcelo Gallardo se despidió de River con una victoria por 3-1 contra Banfield. El Muñeco, el entrenador más exitoso de la historia millonaria, vivió el partido con intensidad, alentó a sus jugadores, se abrazó con Lucas Martínez Quarta y Sebastián Driussi -dos de los goleadores- y agradeció varias veces el cariño de los hinchas millonarios. Fue una tarde-noche de contrastes en el Monumental: ovación para el entrenador y críticas y silbidos para varios de los futbolistas. Los que se quedan. Está claro que se llegó a esta situación por una sumatoria de frustraciones, pero los simpatizantes tomaron partido en la despedida del DT-estatua.
Después del 3-1 ante el Taladro hubo un discurso brevísimo. Una despedida para el público en la sala de conferencias en la que tantas veces el Muñeco dio explicaciones futbolísticas. En esta ocasión habló con el corazón: “Voy a ser muy breve. Simplemente, agradecer. Gracias a la gente sobre todo, por una noche más de amor incondicional. Retribuir todo ese cariño a veces es muy difícil. Gracias a ustedes [por los periodistas] por el respeto que han tenido para conmigo. Sobre todo la mayoría de los que ha estado acompañándome en estos dos ciclos”, comenzó el ya exDT de River.

Y continuó: “Y a River decirle que mañana tal vez estaré buscando a mi hijo al colegio acá. No me voy a despedir. Esas son las cosas que tiene este lugar mágico. Uno se va pero no se va nunca. Voy a estar muy pendiente de lo que pase en este club el tiempo que esté afuera. Le deseo de todo corazón a este club, a este plantel y a esta dirigencia que se pueda reponer para lo que viene”.
Así lo vivió el Muñeco
Por última vez y por decisión propia, Marcelo Daniel Gallardo bajó de la concentración al vestuario. Hizo la procesión en soledad, sin sus ayudantes Matías Biscay y Hernán Buján, quienes lo esperaban en las entrañas del vestuario Ángel Labruna. Todo de negro salvo el rojo y el blanco de River en su escudo -pero, sobre todo, en su corazón- el Muñeco regaló una sonrisa. Sereno, caminó unos pasos y le dio un abrazo a Enzo Francescoli -mánager e ídolo riverplatense como Gallardo-. Luego saludó a los periodistas. En los metros que anteceden al camarín, repasó imágenes de su trayectoria en el club. De sus éxitos deportivos. En el aire, el sonido de la Bersuit, una de sus bandas preferidas. Ningún detalle librado al azar en la tarde “M”. "M" de Millonario pero, sobre todo, “M” de Muñeco.
Desde varias horas antes del inicio del partido con Banfield, el clima en el anillo del Monumental era de tristeza. De pesadumbre. Lo interrumpieron los 25 futbolistas convocados para el partido de esta tarde. Sin dos referentes e ídolos de Madrid como Juan Fernando Quintero y Franco Armani, ambos lesionados. Caras nuevas como el juvenil Cristian Jaime. O Joaquín Freitas. Más allá de los noventa minutos que el plantel estaba por jugar, a todos -sin excepción- los invadía la emoción. Lucas Martínez Quarta, criado en el Núñez, un chico de la casa, fue el primero en entrar al vestuario local. Con un gesto serio, igual que sus compañeros.
Por tu amor y compromiso por River.
— Stefano Di Carlo (@stefanocdicarlo) February 26, 2026
Por hacernos felices y cambiar la historia para siempre.
Por tu calidad humana y profesional.
Por tu grandeza.
Por ser River.
Gracias, Marcelo. pic.twitter.com/40rm9QiHgx
Mientras ingresaban al Monumental, los hinchas dejaron su semblanza del presente. Despedían al Muñeco con sus palabras. “Lo tiraron para atrás. Los jugadores lo tumbaron. No quisieron jugar. O andá a saber la interna. Se lo tenía que respetar”, contó un hincha. El estadio se vestía de gala con decenas de banderas que tienen a Gallardo en primer plano: era uno de los homenajes preparados por la Subcomisión del Hincha. Se repetía un verbo: “Creer”.
Luego de 570 días de un segundo ciclo raquítico de resultados y de fútbol, el Muñeco decía adiós. En el Monumental había novedades. En una decisión atípica, el equipo titular se anunció 45 minutos antes de que comience el encuentro, incluso antes de la alineación visitante, y cuando las tribunas estaban medio desnudas. Sebastián Driussi -titular- fue el más silbado. También reprobaron las compras más millonarias del Millonario: el colombiano Kevin Castaño, el campeón del mundo Marcos Acuña, el lateral Fabricio Bustos, el delantero Maximiliano Salas y el uruguayo Matías Viña. Hubo aplausos para Gonzalo Montiel y para los juveniles -Facundo González, Joaquín Freitas, Ian Subiabre-. Hubo hinchas que se paran de su asiento para alentar. Hubo, sobre todo, una única ovación. La recibió Gallardo en su último baile.
LA ÚLTIMA FUNCIÓN DE GALLARDO: Así fue la llegada del DT de River al Monumental para el partido vs. Banfield.
— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) February 26, 2026
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“Esperaba que se quede. Pensaba que lo iba a dar vuelta. Lo entiendo y le agradezco de por vida. Después de mis hijos, la mayor alegría de mi vida me la dio él”, se resignó otro hincha de River. En el interior del vestuario local, y mientras los arqueros -los juveniles Santiago Beltrán y Franco Jaroszewicz- realizaban el calentamiento previo, Gallardo daba la última charla previa.
El entrenador más exitoso de la historia de River ya sabía que el club le había dedicado un emotivo video de casi tres minutos, con el lema “Una vida en casa. Un vínculo para toda la vida”. Era un repaso a su carrera como futbolista -primero- y como entrenador -después-. Sabía, también, que el presidente Stefano Di Carlo -el mismo que lo nombró “CEO de fútbol” del club- le había escrito un sentido mensaje en su cuenta oficial de la red social X (antes Twitter): “Por tu amor y compromiso por River. Por hacernos felices y cambiar la historia para siempre. Por tu calidad humana y profesional. Por tu grandeza. Por ser River. Gracias, Marcelo”.
Una vida en casa. Un vínculo para toda la vida 🤍❤️🤍 pic.twitter.com/KvRCZCFU47
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El hincha de River emitió su primer juicio a poco más de media hora del comienzo del partido. En el estadio resonó uno de los opus más combativos de la hinchada: “A ver si nos entendemos, los jugadores y la popular, ustedes mátense en la cancha, que acá en la tribuna los vamos a alentar”. El simpatizante culpó a los futbolistas, y salvaguarda de la mala campaña al entrenador. Que le dio todo, aunque en otro ciclo. La rechifla continuó cuando los futbolistas de campo abandonaban el césped para volver al vestuario.
Una bandera recorría la tribuna San Martín alta de punta a punta. En letras rojas y sobre fondo blanco se leía: “Que la noticia no tape la historia. Gracias eternas Muñeco y cuerpo técnico”. Se trataba de una frase del propio entrenador, que alguna vez puso en un estado de WhatsApp durante su primera etapa, cuando la historia no era del todo auspiciosa como terminó siendo. Gallardo salió por última vez en este segundo ciclo a una cancha que lo homenajeaba. “Muñeeeco... Muñeeeco”, atronó el Monumental. El DT levantó los brazos, agradecido. Y se sentó junto a sus colaboradores para esperar el comienzo del partido.
Tomás Galván, una de las figuras de la cancha, obligó a Facundo Sanguinetti a una atajada milagrosa. Gallardo se acomodó el saco. Luego alentó a Subiabre: “Vamos, Ian, dale”. Un par de minutos más tarde, los aplausos del entrenador son para Martínez Quarta. El capitán anotó el 1-0 luego de un tiro libre milimétrico de Subiabre, se besó el escudo y fue hasta donde estaba el entrenador millonario a darle un abrazo. También lo recibió Biscay. “Vamos, vamos”, le dijo el ayudante del Muñeco, que respiró aliviado por la ventaja parcial.
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“¡Cache! ¡Cache! ¡Pasá, dale, pasá!“, le pidió más tarde el Muñeco a ”Cachete" Montiel. La indicación era clara: el DT quería a su lateral derecho casi como un extremo. “Subí, subí”, insistió el entrenador millonario, metido en el partido. “Acercate, Ian. ¡Desmarcate!“, le ordenó luego a Subiabre. El extremo y el lateral, ambos integrantes de la banda derecha, estuvieron más expuestos a los pedidos del técnico por su cercanía con el banco de suplentes.
Sobre el final del primer tiempo, la mala noticia: el juego directo de Banfield termina con la pelota en la red. El árbitro marca el offside a instancias de su juez de línea, pero la jugada fue revisada por el VAR. Fiel a su costumbre, Gallardo lo vivió con las manos en los bolsillos y cara de circunstancia. No fue el epílogo de la parte inicial que esperaba. Tras el pitazo final de Mastrángelo, el Muñeco relojeó a la platea y se metió en el vestuario. Detrás suyo, los futbolistas. Y una marea de silbidos. Para todos, salvo para el DT.
Al minuto y medio del segundo tiempo, la historia cambió. Driussi hizo un gol de 9 tras el remate de Subiabre al palo. Festejo de cara a la hinchada y... otra vez dedicatoria para el Muñeco en el banco de suplentes. “Gallardo es de River. De River no se va”, celebró el Monumental. E insistió con el “Muñeeeeco, Muñeeeco”. El DT recién pisaba el césped luego del entretiempo y se encontró con la grata sorpresa del gol. Y de su 9.

A los 13 del segundo tiempo, otro gol de goleador le provocó una alegría al Muñeco. Imperceptible, interna. Lo hizo Joaquín Freitas, uno de los chicos de la casa que irrumpió en la delantera cuando los Colidio y los Salas menguaron. Fue el primer tanto de Freitas, que Gallardo celebró con la mano derecha en la sien. Y escuchó otra vez el “Muñeeeeco, Muñeeeeco” como toda celebración de los hinchas. Sus hinchas.
Más tarde, Gallardo se abrazó con Subiabre, a quien sacó de la cancha para que ingresara el ecuatoriano Kendry Páez. “¡Bien!“, le dijo al extremo juvenil, que luego se acercó a Matías Biscay y también fue elogiado por el ayudante de campo.
Lo mejor del partido
“Ojo, Fausto, dale”, alentó el Muñeco a Fausto Vera cuando la acción transitaba por la mitad de la cancha. Ojos bien abiertos, manos en los bolsillos, el DT millonario vivió con intensidad su último baile en el club de toda su vida. En los cambios hubo un mensaje: ninguno de los más silbados en la previa tuvo minutos ante Banfield. Ingresaron dos chicos (Santiago Lencina y Agustín Ruberto), el último refuerzo (el ecuatoriano Kendry Páez) y Giuliano Galoppo, que sí recibió críticas. Acuña, Salas, Colidio y Bustos se quedaron en el banco. “Dale, dale, Santi, vamos, vamos”, alentó Gallardo a Lencina a poco de su ingreso. Pendiente, siempre pendiente.

Hubo tiempo para una ovación más, cuando el partido se moría. El entrenador agradeció con aplausos y con su mano derecha en alto. Cuando escuchó el pitazo final de Mastrángelo, Gallardo dio un par de pasos hacia adelante y giró. De cara al banco de suplentes, saludó a todos sus colaboradores. Repitió el ritual con cada uno de sus jugadores en centro de la cancha. “Olele, olala... Gallardo es de River... de River no se va”, cantaron los hinchas. Pulgares en alto del entrenador, que enfiló hacia el túnel. Un último agradecimiento. Y se fue. Del Monumental. De River. De su casa.
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