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No tiene límites el ingenio de los norteamericanos para encontrarle el punto exacto al show-bussines: el poderoso mercado televisivo convirtió a Eric "Butterbean" Esch, que mide 1m75 y pesa casi 140 kilos, en un boxeador, aunque su físico no parezca el más adecuado, ni su estilo, el más académico.
Y Poroto de Manteca, bautizado así para el mundo de habla hispana, actuó el sábado por la noche en la Sociedad Rural Argentina, de Palermo, como parte de la exposición Deporte Vivo, Fue en una exhibición de cuatro rounds frente al cordobés Jorge Dáscola, que nadie tomó en serio, pero que sirvió para que muchos se divirtieran bastante.
Antes de que salieran al ring, ambos boxeadores concertaron un pacto de no agresión. No era cosa de que alguno de los golpes fuera en serio. Ya en acción quedó claro que si bien entre los pesados es habitual encontrarse con boxeadores gorditos, nuestro personaje no sólo tiene adiposidad por donde se lo mire: además, casi no puede moverse en el ring.
Justamente en la torpeza de los movimientos de Butterbean, con sus pantalones al viento con los colores de la bandera de los Estados Unidos, parece que los aficionados encontraron una buena manera para divertirse; porque de boxeo, nada. Y tampoco había que esperarlo, pues todo aquel que se acercó a verlo sabía muy bien de lo que se trataba.
Pese a lucir un pomposo cinturón que lo acredita como campeón mundial superpesado de los cuatro rounds -título de nula credibilidad que le dio la Asociación Internacional de Boxeo-, Butterbean es más un comediante que un boxeador. A nadie puede sorprender el récord con el que se lo presenta, de 33 victorias (25 KO), una derrota y un empate, conseguido ante oponentes tan nulos para el boxeo como él.
Lo cierto es, gracias a su ángel, Poroto de Manteca, de 31 años, casado, con tres hijos, que en algún momento de su vida en Georgia, donde vive, pesó más de 190 kilos, encontró la manera de cobrar un cachet que oscila en los 50.000 dólares por pelea.
Simpático y bonachón, un gordo bueno, en su fugaz estada en Buenos Aires, Butterbean tuvo tiempo para pasear su sonrisa ante cada cámara de televisión para promocionar lo que no fue una demostración pugilística, sino un espectáculo que despertó sonrisas cómplices.
Butterbean no es ningún improvisado a la hora de exponerse a los medios. En su país es un fenómeno que levanta el rating en cada programa al que asiste, básicamente por su buen humor.
Así, logró que Jay Leno -uno de los animadores de talk show más exitosos de los Estados Unidos- no sólo haya promocionado un concurso para encontrar su doble entre los televidentes, sino que estuvo en su rincón en más de un combate, como otro habitué al boxeo que no pudo vencer la tentación: Míster T.
En un boxeo que asiste a la multiplicación de títulos y categorías, con sólo un puñado de boxeadores de real clase; para cualquier promotor del mundo la aparición de un cómico del ring como Butterbean es bienvenida. Show asegurado y ganancias para todos. Esa es la fórmula que impuso Poroto de Manteca. Y no le va mal.

