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La historia del inglés Anthony Joshua, flamante campeón mundial pesado (FIB), es tan atractiva como espectacular en las calles y en el ring. El KO consagratorio frente al norteamericano Charles Martin, el sábado último, en Londres, desempolvó episodios llenos de asombro que no salían a la luz desde la obtención de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Esa victoria fue decisiva en su redención con la sociedad británica a la que adeudaba principios, honor y moralidad.
Hijo de padres nigerianos, se aferró a los ideales comunes de los miles de inmigrantes que arriban a Gran Bretaña, con el objetivo de sobrevivir y, dentro de lo posible, con dignidad. Comenzó a boxear y a jugar al fútbol al mismo tiempo, con un físico de 1,98 metros, más de 100 kilos y una velocidad asombrosa para ambas disciplinas. Se aferró al ring y mientras tanto aprendió el oficio de albañil. Comenzó a ganar peleas y torneos amateur. Tuvo fama, tuvo noche y cometió errores.
Entre 2009 y 2011, alternó sus certificados de campeón aficionado con graves causas judiciales por posesión de drogas: hierbas de cannabis, para consumo y distribución comercial. Aquello ocasionó un verdadero escándalo por el tratamiento cruel al que lo sometió la prensa inglesa.
Pudo ser condenado a diez años de cárcel, pero se declaró culpable y los tribunales británicos le otorgaron prisión preventiva y una última oportunidad. El caso fue utilizado como mensaje esperanzador hacia todos aquellos que quieren cambiar su vida. Las autoridades le colocaron una pulsera electrónica en la pierna derecha y, a partir de allí, no volvió a equivocar su camino. Eso le permitió entrenarse y ganar la medalla dorada en peso pesado en su casa: Londres.
Ahora, a los 26 años, es el pesado más interesante de un lote renovador en esta división, junto con su compatriota Tyson Fury y el norteamericano Deontay Wilder. Intentan volver a provocar conmoción cada vez que ponen en marcha la categoría de los mastodontes tras el congelamiento que por 15 años provocaron los hermanos Klitschko, con el título en su poder.
Joshua ganó por KO sus 16 peleas. Ama el ajedrez y recomendó a los jóvenes alejarse los juegos adictivos de la PlayStation, que le causaron insomnio, desconcentración y jaquecas. Ajeno a los lineamientos con los cuales el marqués de Queensberry trazó el boxeo en el siglo XVIII, la imagen cristalina para el campeón mundial de los pesados, Joshua, aparece en escena. Tiende a ser algo más que el campeón del futuro. Aparenta armar la coraza de un campeón creíble. Sí, uno como los de antes.ß

