Boxeo olímpico: el espectáculo ganó por KO, aunque vale experimentar con el cuerpo del pugilista

Yésica Bopp subió de peso para pelear con una medallista olímpica
Yésica Bopp subió de peso para pelear con una medallista olímpica Fuente: Archivo
Osvaldo Príncipi
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8 de febrero de 2020  • 00:01

El boxeo es una actividad aliada a tres valores básicos que justifican su práctica desde el año 6.000 A.C. cuando se descubrieron los primeros grabados del hombre, en guardia y con los puños cerrados, en las cavernas egipcias.

El pugilismo es algo más que un deporte. Es un trabajo y sobre todo un gran espectáculo. Y como tal, sin miramientos en sus reglas y sin mayor consideración hacia la protección física de quienes lo practican, hoy por hoy el espectáculo y el negocio noquearon a cualquier purismo o desarrollo técnico que sobre esta actividad pueda realizarse.

La captura del dineral que produce esta disciplina en los Juegos Olímpicos llevó a una rencilla generalizada que terminó con el poder de Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) en la fiscalización de estas competencias, tras Río 2016.

Las investigaciones del Comité Olímpico Internacional (COI) determinaron corrupción administrativa y en el desempeño de sus autoridades excluyendo a 32 dirigentes sospechosos en sus cargos. Paradójicamente, nunca se dio a conocer ese listado. Ni por parte del alemán Thomas Bach, presidente del COI ni por parte de Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA).

La Asociación Mundial de Boxeo (AMB) supo cómo inmiscuirse en la incompetencia boxística del COI, anticipándose con una serie de eventos que agigantarán el desorden organizativo de los próximos Juegos de Tokio 2020. A través de una política "integradora" entre la AMB y la Comisión Americana de Box, un ente compuesto por directivos amateurs eyectados por AIBA, comenzará este sábado en Medellín un certamen titulado "Futuros campeones de la AMB" que admitirá todo tipo de categorías: aficionados, profesionales, campeones del mundo, etc. Aconteció en Río 2016 y sucederá en Tokio 2020.

Estos ideales fueron impuestos por el venezolano Gilberto Mendoza (h), presidente de la AMB, un creador de recambios pugilísticos constantes; resultaron determinantes de algunas variantes atractivas, pero causantes de los máximos desastres reglamentarios del boxeo en los últimos 25 años. Mendoza parece ser, en estos momentos, el ideólogo del formato de los próximos Juegos.

Este sábado, desde las 15, con transmisión de TyC Sports, se llevará a cabo este desafío internacional con la participación de púgiles de la Argentina, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Uruguay e Italia. La bonaerense Yésica Bopp, campeona mundial minimosca (AMB), con una treintena de peleas oficiales, aumentará de peso y en 51 kilos, con cabezal, a tres rounds de tres minutos, se enfrentará con la colombiana Ingrit Valencia, medalla de bronce en los Juegos de Río 2016 y una de las deportistas más populares de su país. ¿Tiene sentido este combate para Bopp? Más allá del sueño de la medalla dorada hay que transitar un sendero de experiencias inciertas en la que su imagen impecable puede deslucirse. ¿Hay razones para hacerlo?

Otra boxeadora argentina, Erica "Pantera" Farías, ex bicampeona del mundo, se medirá con Kiria Tapia, una amateur de Puerto Rico, bajando de peso, a 60 kilos. También Yamil Peralta, flamante campeón argentino crucero y con experiencia en dos Juegos Olimpicos (2012-2016) cruzará guantes con el rumano -con licencia italiana- Azzis Awamouhidine.

Los entusiastas del espectáculo están muy contentos con estos injertos. En cambio, los amantes del boxeo clásico ya ni siquiera se sorprenden. Vale todo y hoy se puede experimentar con cualquier cosa. Hasta con el cuerpo del boxeador.

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