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La casa es grande pero humilde y no desentona con el resto de las construcciones que adornan la avenida Triunvirato, en Quilmes. Luis Alberto Carranza saluda; a los 27 años está igual que siempre, pero con el pelo un poco más corto. Tiene la misma sonrisa, que aparece aunque tenga la boca cerrada. El Betito está de paso en el barrio que lo vio nacer y crecer. En su cobijo, se siente seguro para hablar después de un largo silencio que, sin querer, cubrió su vida con un manto de suspicacias.
Casi nada se supo de Carranza en los últimos tiempos. El habilidoso delantero que supo jugar en Racing, Boca, Independiente y San Lorenzo, además de la selección argentina, cayó en el olvido después de su pobre paso por Estudiantes de La Plata, en el 97. Fue un poco culpa del exitismo reinante y otro poco por culpa de su carácter introvertido, que lo llevó a una depresión interminable después de no jugar durante un año y medio por tres lesiones consecutivas.
"No quería hablar con nadie. Cuando volví de las lesiones no tenía ganas de jugar. Entraba en una cancha y no sentía ganas de gambetear, de divertirme; mi cabeza estaba en otro lado. Hasta se me cruzó por la cabeza largar el fútbol, sobre todo cuando iba a los entrenamientos y yo no podía hacer nada. Esto nunca lo hablé con nadie; sólo tenía 24 años... Me costó mucho salir de eso. Un día fui a comer con Roberto Perfumo y me hizo dar cuenta de que tenía que seguir; él me ayudó muchísimo", confiesa Carranza, que recuerda al detalle los momentos de las lesiones, además de las lágrimas que éstas le costaron.
-¿Te dolió que nadie se te acercara en ese momento?
-Es la ley del juego; cuando andás bien, no para de sonar tu teléfono, y cuando estás mal, no te llama nadie. Pero eso no importa, porque cuando yo estuve realmente mal anímicamente, la gente que tenía que estar a mi lado estuvo, como mi familia. La pasé muy mal, me di cuenta de quiénes son mis amigos y quiénes no. Pero bueno, dicen que siempre que llovió, paró.
-Al margen de eso, ¿hiciste algo de lo que te arrepientas como para haber llegado a esa situación?
-Lo único que me reprocho es no haber sido lo suficientemente fuerte de la cabeza como para salir más rápido del pozo.
-Pero se dijeron muchas cosas de vos, que andabas en algo raro, que te gustaba la noche...
-Cuando la rompía decían que era la nueva estrella del fútbol argentino; después jugué dos partidos mal y dijeron que andaba con gente que iba por el mal camino, que me gustaba la j... Nunca me interesó contestarle a los rumores; yo sé muy bien cómo soy.
-Ese silencio, ¿no terminó jugándote en contra?
-Por ahí sí. Yo nunca le di bolilla a la prensa; ése fue siempre un tema de discusión en casa, me decían que hablara. Lo que pasa es que nunca me la creí; tenía 17 o 18 años y los flashes no me llamaban. Ahora me doy cuenta de que ayuda, sobre todo la TV.
A pesar de todo, ahora sí se puede decir que Carranza está bien. Lo peor ya quedó atrás y el Beto mira para adelante. Hace un año se casó con Verónica y hace cuatro meses se reencontró con el fútbol y volvió a sonreír con una pelota en sus pies. La cita fue en Veracruz, club de la segunda división de México. Ahora, mientras recuerda su casa frente al mar y los 40 grados del calor azteca, analiza y no descarta ninguna oferta, entre ellas una de un club de la segunda de Italia. Ah, un detalle: ya no juega sólo de delantero, ahora también lo hace de enganche.
"La verdad, muchas ganas de volver a la Argentina no tengo; se hablaron muchas cosas de mí... Lo mismo pasó con la gente de Racing. Me insultaban porque yo le hice un juicio al club después de que pasé a Boca. El juicio lo tuve que hacer porque la DGI me inició uno a mí para que pague los impuestos del pase -se hizo en 2.000.000 de dólares-, y como Racing nunca me pagó un peso de la transferencia, lo tenía que comprobar. Y la gente no sabía nada", dice mientras trata de calmar a Homero, su pequeño perro mexicano.
-Hablando de tus pases, ¿pensás que si tu representante no hubiera sido un peso pesado como Settimio Aloisio hubieses jugado igual en casi todos los grandes de la Argentina?
-Es difícil contestar eso... La verdad, no lo sé. Con Aloissio tenemos una relación comercial; me ayudó mucho, pero también tuvimos muchas peleas.
-¿Las lesiones influyeron para que muchos clubes te cerraran las puertas?
-Cuando te quieren contratar después de una lesión siempre dicen cuidado con este, que está todo roto, y no es así. A mí me hicieron todo tipo de pruebas; hasta me tiraron de arriba de un ropero, y estoy bárbaro.
-¿Volviste a tener sueños en el fútbol?
-Jugando bien, sé que voy a tener una oportunidad en la selección. Si hago una buena pretemporada y juego en algún club con trascendencia, estoy convencido de que se me puede dar, es mi sueño. Por ahí dicen que estoy loco, pero sepan que de jugar al fútbol no me olvidé.
-Muchos no te lo van a creer...
-La gente me daba por muerto, ni se debe acordar de mí. El otro día en la TV dijeron: como Carranza, que jugó en todos lados y ahora no tiene ni para el alquiler. Yo me río..., no estoy salvado, pero no tengo que alquilar. Quiero que la gente me vea, que sepan que estoy bien; vivito y coleando.
Nombre: Luis Alberto Carranza
Fecha y lugar de nacimiento: 15/6/72, en Quilmes, Buenos Aires
Debut en Primera: 22/2/91, en Racing (v. Unión, 1-3)
Trayectoria: Racing (1991 al 92), Boca (del 92 al 95), Independiente (95 al 96), San Lorenzo (96 al 97), Estudiantes de La Plata (97) y Veracruz, de Méxixo (99). En total disputó 159 partidos la primera del fútbol argentino y marcó 18 goles. Además, Alfio Basile y Daniel Passarella lo tuvieron en algunas de sus convocatorias para la selección nacional
Títulos: Campeón del Clausura con Boca, en 1992, y con Independiente, de la Supercopa 95

