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La idea de dejar la Argentina y de buscar su despegue deportivo estaba en su cabeza desde hacía mucho tiempo, pero la crísis económica y el inestable calendario ciclístico de nuestro país apresuraron su partida.
Edgardo Simon, el mejor ciclista argentino de los últimos años, campeón argentino de Contrarreloj y ganador de las dos últimas Vueltas de Mendoza y de la Doble Bragado 2001, no dudó y dejó atrás su paso por el Toledo -equipo que encabezan los hermanos Curuchet- y firmó un contrato con el conjunto chileno de Publiguía, el segundo en importancia de las tierras trasandinas.
“Tengo 27 años y no puedo seguir esperando para buscar mi futuro en el profesionalismo. No podía esperar más; de lo contrario me lo iba a cuestionar toda la vida. Si no se da, mala suerte, total para volver siempre hay tiempo. Si me quedaba acá nada iba a cambiar en mi vida; sumaría títulos, pero seguiría estando muy lejos del profesionalismo. En cambio, si me va bien en Chile puedo pegar el salto al circuito español y tengo dos meses para intentarlo”, comentó Simon.
En sus ojos, detrás del destello que aviva la ilusión se esconde un reflejo de melancolía. “En el fondo me duele, pero ésta es una realidad innegable: aquí no tenemos mucho futuro” afirmó emocionado Simon, mientras despachaba ayer sus bolsos en el mostrador de Lan Chile, minutos antes de embarcarse.
Pero él no es el único que eligió dejar su tierra para asegurarse un futuro lejos de sus raíces. Otros quince ciclistas optaron por mostrarse tanto en Uruguay como en Chile. “Muchos somos los que buscamos irnos tanto a Uruguay como a Chile, el tema es que allá existe una estructura armada que te permite desarrollarte en el ámbito profesional sin distraer tiempo en cuestiones económicas. Además, son muy buenas vidrieras”.
Simon, que se crió en un hogar de laburantes, como él mismo lo define, cuando recorre la historia de su vida no puede creer la caprichosa huella que dibuja su pasado. “Me cuesta creer que hoy esté viajando a probar suerte a Chile. Se me cruzan los recuerdos e inmediatamente aparece la imagen de mi viejo, un albañil que laburaba del día a la noche para darnos de comer. También mi primer trabajo a los 6 años, cuando vendía diarios y hasta la tarde en la que aprendí a andar en bicicleta en una Aurorita plegable”.
Los nervios, la emoción y la alegría parecían apurar sus palabras y nutrir uno a uno sus recuerdos. “A los 9 años participé por primera vez de una carrera, en Coronel Suárez. Tres años después comencé a viajar gracias al apoyo de mucha gente de mi pueblo y hasta de las changuitas que yo hacía para juntar dinero. Pensar que en 1990 mi gente formó una comisión de apoyo a Edgardo Simon y toda la gente colaboraba al menos con un pesito. Esas cosas que son increíbles son las que me ayudaron a conseguir todos mis logros: desde mis títulos argentinos, mis tres medallas doradas panamericanas y hasta la medalla de bronce en el Mundial de Manchester de 2000, en la prueba Americana. Todo un sueño...”
Rápidamente una voz femenina que se escapaba de los altoparlantes comenzó a invadir el hall del Aeropuerto Ministro Juan Pistarini y anunció la partida del vuelo 431. Sin hacer prólogos, Edgardo Simon se despidió de su amigo Francis Vera, respiró hondo y cruzó la puerta de embarque. Del otro lado de la Cordillera lo espera un nuevo desafío. Conseguir su pasaporte a España...
Los primeros en abrir el camino de la inmigración en el ciclismo, hace poco más de cuatro años, fueron Javier Gómez y Alejandro Acton, ambos figuras relevantes en Uruguay.
“Acá, uno sólo debe preocuparse por entrenarse, concentrarse y correr. Lejos están las peleas por conseguir el dinero que te ayude a llegar a fin de mes. La realidad es que ellos (los uruguayos) están mucho más organizados que en nuestro país. Cuando yo llegué a Uruguay vine con una mano atrás y otra adelante y pensando que era mi última oportunidad para triunfar en el ciclismo. Por suerte lo conseguí, pero para ser francos, sé que de haberme quedado en la Argentina debería haber dejado de lado esto que tanto me gusta: el deporte”, comentó Gómez, en una conversación telefónica desde Montevideo.

