Una despedida con sabor amargo para Walter Pérez, que no volverá a competir en un Panamericano

Walter Pérez, con el equipo de persecución argentino y la medalla de plata
Walter Pérez, con el equipo de persecución argentino y la medalla de plata Fuente: Telam
A los 40 años, el campeón olímpico aseguró que estos fueron sus últimos Juegos; no participó de la final de persecución por equipos en la que la Argentina ganó la medalla de plata; el ciclista cosechó nueve preseas panamericanas en su carrera
Germán Leza
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20 de julio de 2015  • 02:55

TORONTO.- De Isidro Casanova a Lomas de Zamora en un ciclomotor y con la bicicleta en andas. Así lo llevaba su madre Blanca a Walter Pérez cuando todavía era un niño. Junto con Hugo, padre de Walter y ciclista amateur, fueron quienes lo apoyaron en sus comienzos. Pérez, de 40 años, después formó su familia. Valeria, su esposa, y su hijo Agustín de 12 años, son el sostén principal de su vida de atleta. Por eso su amargura porque ellos no pudieron verlo despedirse en una pista. Finalmente, el campeón olímpico no estuvo en la final de persecución por equipo. Aseguró que se sentía "medio mal del estómago" y que no estaba al "100%" para competir. La Argentina sumó una medalla de plata con Mauro Agostini, Juan Merlos y los hermanos Maximiliano y Adrián Richeze en la carrera de la final, aunque Walter también se colgó la presea porque participó en las clasificaciones anteriores.

"Hoy a la mañana no me sentía bien. Estaba medio mal del estómago. Nervios ya a esta altura no son. Pero cuando el entrenador [Cristian Valoppi] me preguntó, no le podía mentir. Los otros estaban al 100 y se decidió este equipo", dijo Pérez en el Velódromo Panamericano Milton Cisco, a una hora y media del centro de Toronto. Esta fue la última vez que participó en los Juegos Panamericanos, y se despidió de ellos siendo el máximo medallista panamericano argentino en actividad. Suma nueve en total: dos de oro (madison, junto a Juan Curuchet, en Santo Domingo 2003 y Rio 2007), tres plata (persecución individual en Mar del Plata 1995 y Winnipeg 1999, y persecución por equipos en Santo Domingo 2003) y dos de bronce (persecución por equipos en Winnipeg 1999, omnium en Guadalajara 2011, y persecución por equipos en Guadalajara 2011).

Pérez admitió además que su último panamericano tuvo un sabor amargo: "Es una lástima. Mi familia me estaba mirando y me quería ver en la pista en mi último Juego Panamericano, pero me vieron ayer. Ayer fue mi última presentación", aseguró. La historia con el equipo nacional es larga y sumamente fructífera para Pérez. Coronó ese derrotero con la medalla de oro en la prueba madison junto a Juan Curuchet en los Juegos Olímpicos de Pekín. Antes, se habían consagrado en la misma prueba en el Mundial de Melbourne 2004. "Hicimos el equipo perfecto para ser campeones olímpicos. Deportivamente y genéticamente es una de las personas con mayores condiciones que conocí. Tiene la cualidad de resolver problemas en los difíciles momentos, cuando las pulsaciones las tenés a 200. En él se combinó genética, experiencia e inteligencia", apunta Curuchet sobre Walter en diálogo con LA NACION.

Justamente, como bien lo cita Curuchet, la genética es una de las claves de Pérez. En una evaluación que le hizo el médico deportólogo Pablo Pelegri sobre su capacidad aeróbica, es decir, de consumo de oxígeno, y en otro estudio sobre el umbral anaeróbico , se demostró que, aún rindiendo en un 40%, tiene una capacidad muy buena en ambos aspectos. "En un 70% el tamaño de ese motor depende la genética y en otro 30% del entrenamiento", explica Pelegri. Con palabras más llanas, su entrenador y amigo Martín Ferrari, cuenta algo similar : " Tiene mucho carácter. Cuando más lo atacás, más fuerte va. Lo resuelve con patas. Con las piernas hace lo que quiere. Es como jugar con Riquelme. Otro Walter Pérez es muy difícil que salga. Y ama la selección argentina".

No siempre fueron tiempos de medallas y reconocimientos para Pérez. En la crisis de 2001, cuando recién empezaba a convivir con Valeria, Pérez debió correr en Uruguay para cobrar dinero en dólares y poder pagar las cuentas. Estaban lejos aún los tiempos del Enard. Mientras, Valeria trabajaba en una fábrica de zapatos. Después de la medalla de oro de Pekín 2008, Pérez también vivió otro momento duro. Pensó que su logro tendría otro reconocimiento y sufrió un bajón. Con el apoyo de su familia, volvió superar el mal trago. "Es una persona que cuando se propone algo no para hasta que lo consigue", lo describe su esposa Valeria. Y Pérez tiene bien cuál su próximo objetivo: "Voy a intentar clasificar a Río de Janeiro y ahí sí sería mi retiro definitivo de la selección".

gm

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