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Son pocos, valen por muchos. Se los puede ver cómodamente instalados en las tribunas del campo Argentino, aplaudiendo a las estrellas de su deporte favorito. Representan la imagen de fortunas de primerísimo orden mundial.
Cuatro nombres propios encabezan esta lista: Kerry Packer, Tim Gannon, Skee Johnson y los príncipes y sultanes del sudeste asiático. Por partes. Packer es un empresario televisivo australiano, con un patrimonio de 3000 millones de dólares. A fines de los ´80 tuvo su primer contacto con el polo. Desde entonces, su participación como accionista en organizaciones y equipos creció en gran forma, haciéndose muy fuerte en Ellerstina.
Tim Gannon representa el estereotipo del sueño americano. Era un simple cocinero al que siempre le gustaron los caballos. Sus negocios iban mal, tanto que decidió vender una montura por 27 dólares. Con esfuerzo puso su primer local gastronómico. Lo llamó Outback, tenía ocho mesas. Hoy tiene 565 sucursales y factura más de 1000 millones anuales. Con el polo empezó en 1990. Todos los años viene a ver el Abierto Argentino. En la temporada de los Estados Unidos se da el gusto de tener en su equipo a Adolfo Cambiaso. Aquella montura la volvió a comprar como recuerdo...
Johnson no se queda atrás: es dueño de varias distribuidoras de Coca Cola en los Estados Unidos y otro habitué de Palermo. En la temporada americana, los Novillo Astrada juegan para la marca de la gaseosa.
Resulta común ver en La Catedral a delegaciones asiáticas, con miembros de realezas de decenas de miles de millones. Este año el príncipe Alan de Malasia, quien hace unos años patrocinó al team Royal Pahang, es un asistente de lujo.
No en este nivel, pero con una excelente posición, figuran otros extranjeros. El banquero venezolano Víctor Vargas, quien le compró a Packer el club La Lechuza; el californiano Patrick Nesbitt, dueño de la financiera Windsor Capital y de hoteles de la cadena Embassy; el irlandés Craig Mc Kinney, quien vendió su compañía en varios millones y no tiene ocupación a la vista; y algunos argentinos como Jorge Areco (ex presidente del Banco Francés que recibió mucho dinero por su parte) y Carlos Reyes Terrabusi (vendió su empresa a Nabisco en otra enorme cifra). Los cuatro últimos jugaron la reciente Copa de Oro. Todos tienen tres puntos en común: dinero, el polo como hobbie y muchas ganas de invertir en este deporte.


