

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
La copa en alto simbolizó su consagración en el 14° Abierto de Cariló, pero al mismo tiempo resultó la síntesis de un recorrido que va desde sus orígenes más humildes hasta una realidad exitosa en el ámbito local.
Rafael Gómez es de los ex caddies genuinos, aquellos que en los últimos años perdieron terreno y derechos frente al poderío económico de los amateurs que aspiran a sumarse al profesionalismo. Con 40 años, el oriundo de Ranelagh celebró el domingo último su 18° título, el séptimo en nuestras canchas, tras sumar 282 golpes y aventajar por cuatro a Mauricio Molina.
Pero detrás de la alegría por un nuevo triunfo y la posibilidad de regresar el mes próximo al Nationwide Tour, hay otras satisfacciones que experimentó con el golf como plataforma. A fines de 2001, cuando el país se derrumbaba , puso en marcha un comedor comunitario en el quincho del fondo de su casa de Ranelagh, donde vivió toda la vida: "Mis sobrinos no tenían qué comer y surgió la posibilidad de alimentarlos a ellos y a sus amigos para tender una mano. La iniciativa fue comentándose de boca en boca en el barrio y con mi mujer terminamos albergando cada mediodía y cada noche a 60 chicos".
El comedor funcionó durante un año y ocho meses con la colaboración de varios familiares de Rafael, que igualmente se mantuvo atento a esta propuesta mientras que participaba en los circuitos internacionales. "Estaba bien económicamente y me pareció apropiado ayudar; siempre que pueda, lo seguiré haciendo. Es darles a los demás lo que mis padres no me pudieron dar a mí".
Fanático del fútbol, a Gómez se le volvió muy cuesta arriba su inserción en el golf. Se desempeñó como caddie desde los 11 hasta los 15 años en el Ranelagh Golf Club, pero las necesidades económicas lo llevaron a trabajar en un taller metalúrgico de Berazategui entre los 15 y los 22 años. "Durante ese período, jamás practiqué; sólo me dediqué a trabajar y allí empecé de cero. Lo primero que me dieron fue una escoba, pero con el tiempo aprendí a manejar herramientas y terminé confeccionando máquinas cortadoras de pasto para golf y greeneras", describe.
Uno de sus hermanos lo entusiasmó con el regreso al golf: "Empecé a jugar todos los lunes, y aunque anotaba 85 por vuelta, tomé impulso y me volqué al profesionalismo en 1990".
Más allá de su salto tardío, con su coraje y la naturalidad de su swing definió un rumbo y recolectó con el tiempo aquellos 18 títulos, entre ellos el Abierto de Costa Rica, dos veces el Abierto del Caribe y el de México, que en 2005 le permitió afianzarse en el Challenge Tour europeo. "Me siento un jugador aguerrido, de esos a los que no se voltea fácil cuando vengo derecho", jura.
Tiene claras sus metas para este año: aunque posee el derecho de actuar en el Challenge Tour Europeo, intentará zambullirse de lleno en el Nationwide Tour, al que define como "un PGA Tour en chiquito" y del que fue miembro a lo largo de 2004. "Prefiero jugar toda la vida en los Estados Unidos, que es donde me siento más cómodo. En el Challenge Tour no es bueno el clima ni las canchas ni las bolsas de premios".
Y respecto de los pasos inmediatos, comenta: "Desde hace unas semanas, me siento en un gran nivel. Estoy motivado para lo que viene, que son torneos muy importantes, ya sea el Abierto de la República, como el que jugaré en Luisiana, por el Nationwide Tour, en marzo".
Al margen de sus aspiraciones profesionales, la mirada sigue posándose en la realidad de nuestro país. "Cada vez es más difícil para nuestros caddies ante la falta de apoyo de los sponsors y la imposibilidad de que tengan su propio espacio en los clubes. Afortunadamente, en el Ranelagh Golf Club hay unos 12 o 13 chicos que volvieron a tener su lugar con la nueva capitanía de golf. Con su habilidad, ellos son nuestro semillero y hay que aprovecharlos".
