

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
TORONTO.- La mueca de Paula Pareto confirma que no es muy buena para el pool. Acaba de taquear, pero la bola negra rebota cerca de los vértices del paño. No hay caso. "Soy mala en esto, pero para pasar el rato está bien. Aparte me queda cerca de la habitación", dice la Peque desde el hogar de la delegación nacional en los Juegos Panamericanos, que arrancarán formalmente mañana. La Villa ya florece de deportistas de 41 países, un micromundo en la zona este de la ciudad donde también conviven oficiales, entrenadores, voluntarios, efectivos y un silencioso pero estricto sistema de seguridad. "Capaz que ves a un barrendero y en realidad es un policía", exageran.
La bandera celeste y blanca flamea a lo largo de un balcón en una de las moles grises de cemento, en donde además se alojan Venezuela, México y Perú. Hay huellas de compatriotas entre los pisos 7 y 15; hasta ahora son 230 personas de nuestro país las que descansan allí antes de la gran cita. Pero el máximo de ocupación alcanzará su pico el 14 de este mes, cuando haya 451 huéspedes albicelestes, entre atletas y oficiales. En los pasillos alfombrados se topan intérpretes de disciplinas tan disímiles como el rugby seven y la gimnasia artística, o el patín carrera con el waterpolo. "En realidad somos todos un mismo equipo", sonríe la gimnasta Ayelén Tarabini, que se anima a hacer rutinas desde las alturas del edificio, donde de fondo se recorta la silueta de la CN Tower. Cerca de Ayelén merodea su colega experto en anillas, Federico Molinari, que viene de sufrir 40 grados de fiebre. "Anduve tirado, pero ya estoy bien", tranquiliza el finalista olímpico en Londres 2012. De repente, Molinari se encuentra en el ascensor con Cecilia Biagioli. "Fede, me contaron que fuiste padre hace poco, ¡te felicito!", se entusiasma la nadadora de aguas abiertas, madre de Joaquín, de 2 años: "Con lo deportivo estoy acostumbrada, lo más difícil es evitar que las emociones familiares te influyan en el rendimiento", suspira la cordobesa.
Están los que extrañan, pero también quienes avisan de ciertas complicaciones logísticas. "Tenemos una hora y media de viaje desde la Villa hasta el lugar donde nos entrenamos y competimos; eso te suma cansancio, pero tratamos de adaptarnos", apunta el judoca Emanuel Lucenti. Tres glorias del pasado reciente del deporte argentino actúan como oficiales de atletas. Nora Vega (patín), María Julia Garisoain (remo) y Georgina Bardach (natación) coordinan el movimiento de los deportistas, desde charlas sobre antidoping hasta la provisión de diferentes equipamientos. "Una de las cosas que les explicamos es el comportamiento dentro de la Villa, sobre todo el respeto de los horarios del resto de los deportes", comenta la cordobesa Bardach, medalla de bronce en Atenas 2004.

Ya hubo varios controles antidoping sorpresa a partir de las 7 de la mañana, lo mismo que vive el resto de las delegaciones cada día. La vigilia puede hacerse larga en algunos casos, pero a los deportistas no les faltan atractivos dentro de esta gran organización panamericana. Lo fascinante consiste en el mix de arquitecturas en el corazón de la Villa, con sus calles empedradas. Conviven los edificios inteligentes con aquellos viejos depósitos de ladrillo a la vista, estructuras que hace dos siglos sirvieron como una de las procesadoras de porcinos más importantes del mundo.
El hormigueo de atletas es continuo porque las opciones son múltiples: el amplísimo comedor principal funciona las 24 horas con seis menús diferentes, para alimentar a las 10.000 personas que en distintos turnos pasarán por esas mesas durante los Juegos. El gimnasio dispone de una pista de atletismo interna con carriles para correr, trotar y caminar, además de los aparatos y dos piscinas. Hay ambientes vidriados para tocar música y espacios multirreligiosos de meditación. La zona de entretenimiento, allí donde Pareto calculaba carambolas en la mesa de pool, también es una suerte de Sacoa con videojuegos, metegoles de fútbol y hockey sobre hielo y mesas de ping-pong. Al calor de ese nido de 32 hectáreas en total empiezan a forjarse las medallas panamericanas. Y la Argentina late con sus almas dentro de un ámbito resguardado.
fc/ph


