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Años después, el Negro Héctor Enrique bromeaba con que su toque allá, detrás de la mitad de cancha, había sido la asistencia para el gol más impresionante de todos los tiempos. Un puñado de nombres desparramados por el césped: Beardsley, Reid, Butcher, Fenwick, Stevens, Shilton... En medio de esa confusión, de esa incredulidad con acento inglés, un artista llamado Diego Maradona daba una clase de plasticidad, velocidad, armonía pura y música.
Hace 20 años, el gol fantástico, el segundo ante los ingleses, quedaba plasmado para siempre en videos tomados de distintos ángulos, fotos, dibujos y, sobre todo, en la memoria de todos los amantes del arte. No sólo en los 114.583 espectadores del Estadio Azteca: también en los millones que lo vieron por televisión y los otros que, desde entonces, disfrutan de las imágenes, generalmente proyectadas cuando se necesita plasmar visualmente el significado de la palabra belleza. Fueron algo más de 10 segundos y 6 ingleses diseminados por el césped.
Fue la tarde del inolvidable triunfo 2 a 1 ante Inglaterra, que le permitió a la Argentina confirmar dos cuestiones fundamentales: 1) que tenía un poderío capaz de llevarlo a la gloria; 2) que poseía en Diego Maradona al as de espadas, al mejor jugador del mundo. Esa tarde, el domingo 22 de junio de 1986, la Argentina se clasificaba a las semifinales del Mundial de México, donde lo esperaba Bélgica.
Antes de la obra maestra, la otra estocada de Maradona que quedaría en la retina del planeta futbolístico: "La mano de Dios". Aquel plástico salto de Diego en el que su brazo izquierdo estirado le ganó a Shilton y desvió la pelota al fondo de la red. Esa imagen de un Maradona yendo a festejar en solitario hacia un costado, dándose vuelta varias veces para mirar al árbitro y desesperado porque llegaran sus compañeros e hicieran de su gran "picardía" un hecho natural. Esa "picardía", que aún hoy desata controversias y de la que cada vez se conocen más detalles.
Después de las dos obras maradonianas, se sufrió con el gol de Gary Lineker y por la habilidad endiablada de John Barnes. Pero la historia estaba escrita en favor de la belleza. Por eso, ganó la Argentina, que tomó fuerza para escribir una de las páginas más importantes de su historia futbolera.
Luego de ese momento glorioso, el técnico argentino, Carlos Salvador Bilardo, escribió para LA NACION: "El segundo gol fue, para mí, lo mejor que vi en mi carrera. (...) A Maradona debo mostrarlo como ejemplo. Nadie lo puede discutir técnicamente, pero él aquí demostró lo que vale en otras cosas, de esas que no trascienden, por su ascendencia sobre sus compañeros, que saben que es la estrella, el que todos miman, pero que siempre es el primero para trabajar, el último en irse, el que se sacrifica para el equipo, un ejemplo, en una palabra".




