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Si hay alguien a quien me cuesta leerle el juego es a Davenport; si hay alguien con la que no quiero cruzarme en los torneos, ésa es Lindsay". Martina Hingis se acordará hoy, más que nunca, de esas palabras que solía repetir durante 1997. Porque, desde ayer, más allá de que el anuncio oficial se haga pasado mañana, la norteamericana Lindsay Davenport se convirtió en la nueva número uno del tenis femenino . Y, justamente, para llegar por primera vez a la cima del ranking desplazó a la suiza, que no sabía lo que era caminar por el mundo de los plebeyos desde el 31 de marzo del año último.
Bastó que Dominique Van Roost dejara en el camino a Hingis en los cuartos de final de Filderstadt, para que Davenport, de 22 años, tras eliminar a Nathalie Tauziat, empezara a vivir la alegría más grande desde ese día de 1983 en el que decidió tomar una raqueta bajo el sol de Palos Verdes, su ciudad natal.
Reciente ganadora del US Open -derrotó a Hingis en el encuentro decisivo y logró el primer título de Grand Slam de su carrera- y de otros cuatro torneos a lo largo de esta temporada (Tokio, San Diego, Los Angeles y Stanford), su camino hacia el Nº 1 no fue nada sencillo para quien fue campeona olímpica en Atlanta´96.
Porque a una notable capacidad para pegarle con suma potencia a la pelota se le contraponen las enormes dificultades que tiene para poner en línea a su cuerpo de 1,89m. Y la hija de Ann y de Wink -que representó, en voleibol, a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1968- puso mayor énfasis para mejorar ese aspecto. A principios de año se sometió a una estricta dieta. Y la cumplió a rajatabla: se estabilizó en 70 kilos, diez menos de los que cargaba en 1997.
Un físico en forma para salir a pelearle palmo a palmo el trono a Hingis. Davenport cumplió con lo suyo, hizo todo bien y estuvo al acecho, esperando la ocasión propicia para convertirse en la octava Nº 1 del mundo -la quinta norteamericana- desde la creación del ranking, en noviembre de 1975.
Después de tanto esfuerzo, quitarle algo de mérito a Davenport puede parecer inapropiado. Pero en este cambio de mando, mucho tiene que ver lo hecho por Hingis en los últimos tiempos.
La suiza anda con la pólvora mojada , perdió la contundencia. Basta una serie de datos para demostrar la teoría: en 1997, Hingis fue una máquina de arrasar títulos: doce conquistas, entre las que se incluyen el abierto de Australia, Wimbledon y el US Open, le permitían ser una cómoda líder, con 6842 puntos, 3096 más que su escolta, la checa Jana Novotna. Hoy, con 18 años recién cumplidos, la realidad es otra: sólo alzó cinco trofeos y el único título grande lo consiguió en Australia. Desde Flushing Meadows, el Nº 1 corría peligro porque el fuego de Martina ya no tenía la misma intensidad que antes. Y todo eso influyó hasta en su vida privada. Melanie, su celosa madre, le prohibió continuar su relación con el tenista español Julián Alonso. A su vez, algunas derrotas confusas la obligaron a declarar que ya no se entrenaba como antes.
Esta mesa servida era una invitación que valía la pena sin pensar en el régimen. Davenport la aprovechó y disfruta del plato más sabroso de su vida.
FILDERSTADT (AP).- El Gran Premio Porsche será imborrable para Lindsay Davenport, segunda favorita. La norteamericana, que se clasificó semifinalista tras vencer a la francesa Nathalie Tauziat por 7-6 (7-1) y 7-5, se vio beneficiada por la derrota de la suiza Martina Hingis -primera preclasificada y defensora del título- ante la belga Dominique Van Roost por 6-3, 6-7 (4-7) y 6-4 y se convirtió en la nueva número uno del tenis femenino, aspecto que se oficializará pasado mañana, cuando se actualice el ranking.
En el camino hacia la final del certamen que distribuye 450.000 dólares en premios y puntos para el Corel WTA Tour, Davenport se enfrentará hoy con la española Arantxa Sánchez, que por los cuartos de final venció a la norteamericana Lisa Raymond por 1-6, 7-5 y 6-2, mientras que Van Roost se medirá con la francesa Sandrine Testud, que eliminó a otra norteamericana, Serena Williams, por 6-3, 1-6 y 6-1.

