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FIRMAT, Santa Fe.- El pueblo está revolucionado. Su jugador estrella, el orgullo de Firmat, fue vendido a Roma en un monto millonario, pero eso no cuenta cuando se habla del sentimiento que recibe Walter Adrián Samuel cada vez que viene aquí y comparte el calor de hogar en el barrio Nadal. Y su familia, con su perra Pequi incluida, es testigo de eso.
Que su gol a San Lorenzo desató la locura de los hinchas xeneizes no es ninguna novedad, pero sí la forma en que lo vivieron su padre, Oscar, de 51 años, y su hermana Mariana, de 15 ("Lala", como decidió llamarla el defensor de Boca desde chiquita). "Todavía no sé por qué me puso ese apodo, pero lo cierto es que ahora todos en la familia me llaman así", cuenta. Ambos estaban en la platea baja de la Bombonera, junto con dos primos, Ramiro y Hernán. Todos se abrazaron fuerte y lo gritaron con alma y vida. Y Samuel fue corriendo a gritárselo a ellos, pero como cambiaron la ubicación de las localidades a último momento, no se dio cuenta de que estaban casi en la otra punta. Walter se enteró después y les dijo: "No lo puedo creer, la verdad que no me di cuenta".
A más de 300 kilómetros de distancia, con Glady (así, sin "s"), su madre, a la cabeza, un grupo de 17 amigos (Rodríguez, Mauro, Del Carlo, Gary e Ibáñez, las familias Guía y Villalba, entre otros) y allegados festejaba otro triunfo de Boca, la punta, el invicto, el futuro de su hijo... El día después, Oscar abrió su casa a La Nacion y contó sus sensaciones: "Yo sé que tengo que contenerme, pero ayer (por anteayer) lloré de emoción. El gol llegó ahora, pero yo le había dicho a Walter que le iba a hacer uno a River, y casi se le da si no se lo saca Bermúdez..." Glady se disculpa, porque tiene que ir al colegio a ver un acto de María Sol, la otra hermana de Samuel, que canta en el coro de la escuela y cumplirá 13 años el domingo próximo.
Los mates que prepara Estela Smargiassi, la madrina de Sol, no interrumpen la charla. "Walter arrancó jugando como wing izquierdo -sigue Oscar-, en Argentino de Firmat, y no sabés el goleador que era. Pero después, Osvaldo Crosetto, el técnico, lo mandó de 6. Yo decía que estaba loco, pero fue beneficioso para él."
Mariana agrega: "Todos somos fanáticos de Boca, incluso Walter, que cuando jugaba en Newell´s escuchaba por radio los partidos del xeneize. Una noche se dio una situación particular: estábamos en un bar viendo un partido entre Newell´s (con Walter) y Boca, y una señora criticó a mi hermano porque se equivocó en un pase. Ni se imaginaba que estábamos ahí, pero casi la mato... ¡Ojo!, Walter no tiene nada contra River; al contrario, lo respeta y siempre habla con amigos como Placente o Aimar. También con Cubero, de Vélez".
Oscar sigue: "Esta chatita -un Fiat Multicarga- que está acá -señala- es del año 79. Es una reliquia. Me trae los mejores recuerdos, porque la formación de mi familia fue paralela a la historia con ese vehículo. Y la mantuve trabajando de electricista, de un lado para el otro. Recuerdo que lo llevaba al colegio, a sus partidos en Argentino. Qué tiempos -dice, pese a que Walter sólo tiene 21 años-... No parece mucho, pero hay demasiados recuerdos."
Interviene Daniel, un amigo de la familia: "Este presente Walter se lo debe a Oscar, su padre. Hace ocho meses se reunió con Macri y le dijo: mi hijo está cómodo en Boca y la plata no es lo más importante. El vive tranquilo, y no se desespera por un pase. Otros, quizá, no lo hacen y privilegian su bolsillo".
La adaptación a las inferiores de Newell´s, cuentan, le costó bastante, porque, paralelamente, estudiaba. Incluso estuvo a punto de dejar de jugar, pero Abel Almada, quien lo llevó al club rosarino, convenció a la familia del futuro que le esperaba a Walter.
La emoción por el jugador más caro del país recorre todas las calles y también alcanza a María Ester Menna, hoy directora de la Escuela Provincial N° 6377, pero hace 10 años maestra de matemática de Samuel. "Walter fue un alumno responsable, muy buen compañero y muy querido por todos. Cuando había algún problema, él siempre decía la verdad. Es muy humilde, sobre todo. Ahora lo veo en la televisión y me emociono. Su presente conmueve y alegra a todo Firmat", señala la docente que le corrigió varios exámenes en 5º, 6º y 7º grado. En la secundaria, Samuel estuvo en la escuela técnica, hasta 4º año, pero esa es otra historia.
Oscar vuelve a tomar la palabra: "Cambiaría todos los millones del mundo por la felicidad de Walter. Porque si bien no es hijo mío, siento que lleva mi sangre". Es historia conocida que Walter, hace muchos años, cambió su apellido original, Luján, por el de quien fue su padre adoptivo. Y concluye: "Siempre estoy a su lado para guiarlo. Es un orgullo de la familia, y es de Firmat, por más que una por una circunstancia del destino Glady lo tuvo en Laborde, Córdoba. Yo le estoy agradecido porque decidió tomar mi apellido, algo que me emocionó. Cuando se vaya para Roma, toda la familia irá con él. Pero será con la idea de volver".


