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CORDOBA.- El gallo que tiene tatuado en el brazo izquierdo es un símbolo de identificación; y ahí está, con la pechera amarilla, repartiendo sillas y acreditaciones a los fotógrafos que llegan al estadio Córdoba. A los 35 años, Víctor Hugo Ferreyra, el Gallo, que se ganó a la gente de San Lorenzo a fines de los 80 a fuerza de goles, ahora trabaja por 20 pesos por partido en su ciudad natal; y él, como hace algunos años cuando enfrentaba a los arqueros, no duda a la hora de las palabras.
-¿Cómo llegaste a trabajar acá?
-Me trajo el ex director de Deportes de Córdoba Pablo Minelli. Primero manejé el cartel electrónico del estadio y ahora recibo a la prensa en todos los espectáculos que se hacen aquí.
-Pero vos jugaste en muchos clubes, ¿tan mal te fue?
-Gracias a Dios tengo un par de propiedades que alquilo, pero necesito trabajar. Lamentablemente el fútbol se terminó y cuando jugás el nivel de vida es bastante alto; después, no lo podés mantener. Yo tengo una familia que sostener y no me alcanza con los alquileres; aparte necesito moverme y, de paso, estoy cerca del fútbol.
-Pero para llegar a esta situación algo hiciste mal...
-Hice algunas inversiones que fracasaron... Lo que pasa es que en un principio uno no previene nada, pero cuando cumplís 30 años pensás de otra manera y ya es tarde.
-¿Cómo definirías al ambiente del fútbol?
-Ahora está muy infectado de cosas negativas. Lo sucio está alrededor del fútbol, como los empresarios... el jugador es lo más sano que hay.
-Muchos lo dicen, pero casi nadie se compromete a la hora de las denuncias...
-Yo si supiera algo lo diría, pero no conozco a ningún jugador corrupto. Lo que pasa es que antes te vendían de presidente a presidente, pero ahora, como el fútbol es un negocio muy rentable, se metió mucha gente buena y mucha gente mala.
-Por ejemplo...
-Marcelo Houseman. Cuando fui a Escocia el tipo se metió no sé de qué manera y llevó a tres pibes de Córdoba. Uno de ellos era El Sopa Aguilar (volante de Talleres). Los dejó varados allá como 20 días; el tipo hizo su negocio y se borró, yo por suerte estaba con Fernando Miele.
-¿Sos un olvidado más?
-En Córdoba, no, pero en general sí. Son las reglas del juego. Cuando estás en actividad todos te conocen, todos se te acercan. Después, de 20 tipos que te rodeaban cuando eras figura, te quedan sólo dos o tres a tu lado.
-¿Te usaron mucho?
-Sí, puede ser; lo que pasa es que en su momento yo creía que eran mis amigos. Quizá no me di cuenta porque era demasiado ingenuo. Y ahora que lo puedo ver, me da mucha pena, bronca.
-Vos venías de una familia humilde y pasaste de Racing de Córdoba a ser el goleador de San Lorenzo, ¿te movió el piso la popularidad?
-No, lo que pasa es que en esa época no había tanta TV; en la actualidad hay programas por todos lados y cualquier jugador entra en esa locura del reconocimiento inmediato.
-En lo momentos de esplendor se te acerca gente de todo tipo...
-En mi carrera simpre tuve mucha conducta, yo ni siquiera fumé un cigarrillo en mi vida... Y mirá que yo tuve muchas oportunidades para agarrar cualquier cosa.
-¿Por ejemplo?
-Drogas, alcohol, prostitución; el fútbol está lleno de todo eso. Gracias a la educación que me dieron, yo nunca hice nada. Vivíamos juntos con el Beto Acosta y había muchas cosas que nos asombraban.
-¿Cómo cuáles?
-Nosotros estábamos en San Lorenzo, jugando la Copa Libertadores, venían tipos y todo el tiempo nos ponían droga arriba de la mesa, nos ofrecían prostitutas. Por ahí sos un poco débil y te enganchás. Yo conozco a muchos que les pasó eso de encandilarse por las luces...
-¿Quiénes eran los que les ofrecían droga?
-Empresarios, tipos cercanos a ellos o allegados a los allegados... es todo muy oscuro, casi nunca sabés con certeza quiénes son, pero están ahí.
-¿Lo correcto no hubiese sido que lo dijeras en ese momento?
-Puede ser, pero en ese tiempo no éramos nadie, y veíamos que era algo normal. Si decíamos algo no teníamos chapa y seguro que no jugábamos nunca más. Lo digo ahora porque nunca me hablaron de este tema, si lo hubieran hecho, yo contestaba. No me interesa el qué dirán, si todos sabemos que es así...
Y no hubo más; saludó y siguió con su trabajo; por ahí quedó en el recuerdo el gol que le hizo a los brasileños, en el 91 -fue 3-3-, en la cancha de Vélez, con la selección de Alfio Basile...

