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Otro mundo en el que millones de personas apoyaban su fe futbolística acaba de desaparecer: al comunismo soviético y el bloqueo a Cuba se le agolpa, ahora, que Néstor Ortigoza erró un penal.
Ya ni en las cosas obvias se puede confiar. Ni en las obvias ni en las dudosas, como el árbitro Jorge Baliño, que no vio cómo Matías Caruzzo atropellaba a Wanchope Ábila en lo que fue -a dos minutos del final- una falta en el área más grande que el "¡olé, olé, olé, olééé, Gordooo, Gordooo!" que el Nuevo Gasómetro ofrendó al 20 cuando éste erró el penal. En un punto, sin embargo, la incidencia estuvo bien. Después de cómo había jugado, a Ortigoza le faltaba sólo hacer un gol, correr hacia un córner, besarse la camiseta, buscar una cámara, trabar ante ella sus abdominales de superstar. Pero entonces no le habríamos creído nada. El 1-0 terminó un poco más sutil, con él -sublime- pisando la pelota en el círculo central.
El enganche de uno de los punteros de la Zona 1 explicó después que como en los últimos penales le habían adivinado hacia dónde pateaba, empezó a apuntar más arriba, a arriesgar. En el 2-2 contra Patronato de la 1» fecha, había clavado la pelota en un ángulo alto, y en el 2-1 a Sarmiento de la 2», lo propio, y al mismo palo de ayer. Mientras Mercier encarnó el equilibrio y Mussis fue la presión (y quien llegaba libre al área, como cuando remató con tres dedos luego de un centro de Mas), el 20 representó todo lo demás. Al ritmo de un trote eterno como el de Forrest Gump -no es metáfora-, unió como en los cuadernos infantiles los puntos que eran los jugadores de San Lorenzo formando triángulos de pase para avanzar. La pelota pinchada para Barrientos en el 1-0 había sido la cuarta que se mandó en el partido, y otro resultado se habría visto si sus compañeros hubieran estado a tono, marcándole pases que tajearan el área de Huracán.
Por último, el jugadón olvidado, el invisible, el que nadie debe recordar: al minuto del complemento Chacana entró solo por el segundo palo y Ortigoza se tiró como un acoplado, salvando lo que pudo ser el 1-0 para Huracán. "Este equipo se acostumbró a pelear en cada torneo hasta el final, y ahora viene Independiente, después Huracán... Eh, no, Huracán no...", dijo y se desdijo el encorvado enlace que San Lorenzo tiene como 10. El inconsciente manda: debe de querer, Ortigoza, volver a vivir lo que vivió ayer.


