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De pronto, alguien advirtió el detalle. Esos carteles que la empresa Nike había puesto en la cancha de Boca en la zona de los córners, del lado de los palcos, ya no estaban más. Decían: "La Bombonera no tiembla. Late". La misma empresa cambió los letreros; hasta se alternaron los colores:de fondo azul y letras amarillas se pasó al fondo amarillo y tipografía azul. Antes, una aclaración;ahora, un pedido. La nueva leyenda reza: "De pie. Estás viendo al mejor equipo del mundo".
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El clásico que ayer le ganó Boca a San Lorenzo no fue lo mejor que se vio de este equipo, pero este encuentro escapa al análisis global de una etapa histórica del club de la Ribera. Mauricio Macri, el presidente, lo soñó. Carlos Bianchi y los jugadores hicieron de esa ilusión una realidad. El recuento marca que Boca se colgó la palabra campeón en el torneo Apertura ´98, el Clausura ´99, en la Copa Libertadores 2000 y hace pocos días en la Copa Europeo-Sudamericana, con lo cual se ganó el derecho de ser considerado el mejor equipo del mundo de acuerdo con las tradiciones futboleras de estas tierras.
A un paso está un nuevo halago: el torneo Apertura 2000. Pero tan cerca como ese logro está el fin de este ciclo glorioso. Aún en el caso de que Boca siga sumando coronas en los próximos años, podrá hablarse de la continuación de la "hegemonía" -palabra tan utilizada por Macri en su momento-, pero no será el mismo equipo.
Los días por venir indican que los clubes económicamente poderosos se quedarán con hombres tan fundamentales en esta historia como Juan Román Riquelme y Martín Palermo. También emigrarán otros que sin duda aportaron más que un grano de arena, como José Basualdo, un eterno gladiador, que a los 37 años se dio un gusto que pocos pueden darse. Antes se habían ido el viejo capitán, Diego Cagna, el Vasco Rodolfo Arruabarrena y Walter Samuel, que parece seguir con una exitosa trayectoria en Roma, junto con Gabriel Batistuta, otro ídolo boquense.
Si todo sigue como se supone, Boca va camino de la transición. En ese recorrido ya debe estar pensando Bianchi, hombre previsor e inteligente si los hay. Será una difícil tarea transmitir la mística. Es que los tiempos que se viven dejan pocos resquicios para la esperanza de que un club argentino retenga a sus figuras por el tiempo que quiera. No hay caso, tarde o temprano se van.
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La gente de Boca, ¿se habrá dado cuenta ayer de lo que está muy cerca de dejar de disfrutar? El maravilloso pase de Riquelme para Palermo quizá haya sido uno de los últimos poemas del digno heredero de la camiseta que Diego Maradona inmortalizó allá por 1981. Tal vez haya sido una de las últimas veces que las gargantas explotaron tras un latigazo letal de Palermo.
El equipo sólido, compacto, ganador, brillante de la mano de Riquelme, batallador con Mauricio Chicho Serna, seguro con el Patrón Jorge Bermúdez, pícaro con el Chelo Marcelo Delgado o el Mellizo Guillermo Barros Schelotto, mortal con Palermo, con suplentes a los que jamás les tembló el pulso para sentirse, cuando les tocó, los mejores titulares, puede que esté cerrando el círculo. Por eso, señores, de pie, todavía están viendo...




