Del llanto de Messi a los alfajores de Garcé, con Verón en la comisaría

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
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28 de mayo de 2018  • 23:59

No hay partido más insustancial que la despedida de la selección en la antesala de un Mundial. El rival, el partenaire de turno, ni siquiera ha podido convertirle un gol desde que estas celebraciones llegaron para felicidad de la tesorería de la AFA. El juego es tan irrelevante y las conclusiones tan superficiales que apenas el colorido del marco le impregna algo de sentido. Sin embargo, siempre ocurre algo. Esos amistosos condenados al olvido, incómodos por definición, se las ingenian para dejar una huella. Messi viajó de las lágrimas a los vómitos; Mammana debutó en la selección antes de desembarcar en la primera de River; el público saludó con sorna cuando apareció Ariel Garcé por la cancha; Fazio y Di María esta noche estarán entre los homenajeados y alguna vez fueron sparrings, y Verón y el ‘Piojo’ López terminaron en una comisaría después de jugar. No hace tanto, apenas cuatro años, el gigante esloveno Jan Oblak, la muralla en el arco del Atlético de Madrid del ‘Cholo’ Simeone, pasó por La Plata y nadie se enteró.

Messi llevaba 79 días sin jugar debido a un desgarro agravado por una fibrosis, pero entró por Mascherano los últimos 35 minutos para que tuviera algo de roce y le inyectara cierta calma a su ansiedad. En Alemania 2006 iba a participar en su primera Copa del Mundo. Completó el partido despedida ante el Sub 20 con normalidad. Pero la sorpresa paralizó a varios cuando lo encontraron en el túnel del Monumental llorando; pensaron que la lesión había reaparecido. Messi desactivó la alarma con un movimiento de cabeza, pero no entregó más pistas sobre su desaliento. Se mantuvo callado algunos minutos más, hasta que liberó esa furia que lo había quebrado emocionalmente: "¡Soy un desastre, así no puedo jugar!" Eligió azotarse, fastidioso con una producción que le parecía insuficiente pese a los casi tres meses de inactividad. Tardaron en calmarlo. El 4-0 sobre el Sub 20 poco le importó al rosarino. Palacio anotó tres goles y agotó su pólvora porque en Alemania solo encadenó resbalones. Los pibes del juvenil, orgullosos y complementarios, fueron capitaneados por Federico Fazio, Ángel Di María estuvo en el ataque y Marchesín ocupó el arco tras el entretiempo.

En el acto final antes de Sudáfrica también estuvo Di María. Pero con los grandes. Fue titular ante la permeable visita de Canadá y le convirtió un tanto para el 5-0 global. Tevez fue la figura y le ganó en el aplausómetro a Messi, que se quedó en el banco por una contractura en el aductor izquierdo. El fantasma de las lesiones lo sacó a Maxi Rodríguez en el entretiempo, por protección, después de un golpe. Cuando Garcé reemplazó a Pastore, algunos hinchas le recordaron su real valor en la delegación: ‘Trae alfajores’, rezaba una bandera.

La Plata, una ciudad clavada en el corazón de Sabella, fue el escenario para la despedida antes de Brasil 2014. Como también ocurrirá esta noche, entre los titulares de la Argentina estuvo… Mascherano, ese día como zaguero en líneas de 3. Y tampoco apareció en el once Messi, que reemplazó a Ricky Álvarez a los 11 minutos del segundo tiempo, a los 25 vomitó por sus aún ingobernables problemas nerviosos, y a los 20 convirtió para sellar el 2-0 sobre Eslovenia. Una rival desconocido. Oblak todavía no era figura y se quedó en el banco. Unos días antes, en otro encuentro con un oponente temible, Trinidad y Tobago, se había lesionado Zabaleta, por eso de apuro Sabella llamó al pibe Emanuel Mammana y le hizo un regalo inolvidable: entro y debutó en la selección antes que en River. La lesiones, siempre las lesiones..., Biglia solo jugó 13 minutos y salió con una contractura.

No hubo partido despedida en 2002. Ni en 1994. Mucho menos para Italia 90 porque Bilardo prefería esconder a la selección campeona del mundo. Jugaba tan mal, que apenas aceptó dos amistosos en 1987 y la inevitable Copa América que se organizó en el país. Para México 86 la delegación viajó casi de incógnito. Y antes de España 82, el otro campeón del mundo le ganó 1-0 a Rumania, en el Gigante de Arroyito, pero no alcanzó a tener entidad de despedida porque faltaba un mes para el Mundial. Menotti diagramó un ataque con Kempes, Maradona, Ramón Díaz y un muy joven Jorge Valdano.

El último antecedente, pero el primero en realidad, fue el 25 de mayo de 1998, día del cumpleaños 45 de Passarella. Una victoria 2-0 sobre Sudáfrica, con goles de Ortega y Batistuta, que así se resistía al deseo íntimo del Káiser de borrarlo. Al plantel todavía le faltaba definir un casillero, y el debate estaba entre Bassedas y Hernán Díaz. ¿Quién viajó a Francia 98? Abel Balbo..., Passarella disfrutaba esas confusiones. Verón fue la figura de la noche, pero terminó declarando en la comisaría 21° de Palermo, junto con el ‘Piojo’ López, porque cuando se iban del estacionamiento del Monumental atropellaron a dos jóvenes que buscaban un autógrafo. La fiebre por las selfie ya iba a llegar. El regreso con gloria después de cada despedida sigue pendiente.

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