Del Potro, mesura y ansiedad

El tandilense, que mañana regresará al tour cuando se mida con Pospisil en Miami, es el primero en asumir que el camino al primer nivel será largo; no hace grandes proyecciones, aunque se muestra entusiasmado con el futuro
Daniel García
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25 de marzo de 2015  

MIAMI- "¡Qué gusto verte!", le dice Juan Martín del Potro a un periodista. Es tiempo de reencuentros en Miami. Con los compañeros, con la competencia, con los hinchas, con las obligaciones que marca el circuito, como la de ir al acuario a nadar con delfines.

Embutido aún en el traje de neopreno, el argentino atiende a los medios. "Me están matando", dice sobre las pequeñas piedras blancas que se le clavan en las plantas de los pies desnudos. También le incomoda lo ajustado del traje en la zona de la cintura. Está mojado todavía, recién salido de la pileta, algo molesto con el atuendo. Pero hasta de eso parece disfrutar en su regreso al tenis, que se consumará mañana ante el canadiense Vasek Pospisil, en la jornada diurna del Masters 1000 de Miami.

Viendo de cerca sus muñecas, gruesas, nadie diría que son un talón de Aquiles. La derecha lo frenó en 2010 al poco de maravillar al mundo con su triunfo en el US Open ante Roger Federer. Le tocó a la izquierda pararlo en 2014. Volvió a comienzos de 2015 luego de una larga inactividad, pero de nuevo tuvo que pasar por el quirófano; sólo pudo jugar tres partidos en Sydney. Ahora, en Miami, se encuentra en la antesala de un nuevo regreso.

Las cicatrices en las articulaciones, si las hay, son mínimas. Es mayor la invisible que ha dejado en la cabeza, en la confianza, tan importante como el servicio y como la derecha para el tenista.

"Eso es muy difícil de curar por completo", afirma. No habla de la muñeca, sino de ese enemigo mental que hace que la red se eleve hasta los dos metros o que las líneas de la cancha del rival se acerquen.

"Cuando me operé la muñeca derecha (en 2010), jugué como un año pensando en la mano, con miedo, con un poco de molestias también hasta que un día se me fue por completo y pude jugar libremente desde el punto de vista mental. Con la mano izquierda es un poco lo mismo", aventura, consciente al menos de lo que tiene por delante, un camino que el tandilense define como "muy largo". Al fin y al cabo lo conoce porque ya lo recorrió.

El partido de mañana ante Pospisil será un paso más para regresar del sótano del ranking -Delpo es el actual número 616- hasta donde estuvo una vez: el 4°. Sabe que debe practicar tanto la paciencia como el revés.

Pero no es momento de preocuparse de números en un año en el que, por fin, espera reconciliarse también con la Copa Davis al dejar atrás sus enfrentamientos con la dirigencia de la Asociación Argentinas de Tenis y con el ex capitán Martín Jaite.

"Me enfoco en saltar a la cancha y poder jugar mi primer partido. No importa el resultado todavía, sí salir de la cancha plenamente de físico. Y eso va a ser una gran victoria para mí", expresa Del Potro.

Metas modestas como obliga la situación, muy lejos de las que tenía cuando jugaba al ciento por ciento. Entonces, estaba (¿y aún está?) destinado a pelear con Novak Djokovic, Federer, Rafa Nadal y Andy Murray.

Muchos quizá lo olvidaron. Quizás él mismo también, por lo que le reconforta que se lo recuerden. En una rehabilitación que tiene tanto de mental como de físico, cualquier apoyo resulta importante, quizá más el de la gente anónima, la que se aposta en Miami y en cualquier parte del mundo para gritar "¡Delpo, Delpo!" desde una tribuna con bandera albiceleste o sin ella. "En cada entrenamiento me hacen sentir que se siguen acordando de mí, que me extrañaron mucho", afirma con cierto sonrojo.

En su mirada y en su hablar pausado desprende el estoicismo de quien ha pasado por problemas que define como "cosas de deportistas". "Me tengo que enfocar solamente en mi vida, en mis cosas y saber que mi recuperación va a llevar mucho tiempo", asegura entre "contento" y "ansioso", pero con muchas ganar de volver a conseguir cosas importantes en el tenis. De momento, disfruta con el solo hecho de saltar a una cancha.

El retorno no implica que el dolor haya desaparecido. Lo acompañará ya casi para siempre, aumentando el peso del bolso donde guarda sus raquetas. "Hay algunos dolores que siempre tuve y lo aprendí a manejar", recuerda tiempos pasados que se empeñan en volver y volver.

"Nunca son las cosas tan fáciles ni como uno desea", agrega mostrando una calma que no fue siempre así. Mirar por televisión cómo jugaban otros mientras él practicaba una rehabilitación básica le exigió a él -y a los que lo rodean- mucha paciencia.

El regreso no es la meta, sino una etapa más para "seguir probando" la mano izquierda, porque a los 26 lo que desea es jugar al tenis "muchos más años".

"Me estoy sintiendo bien", explica, pese a que el maldito revés le recuerda constantemente lo complejo que será el proceso. No quiere, sin embargo, dar más pistas a los rivales. "Creo no voy a decir nada más, porque si no todos me van a jugar al revés", dice con una sonrisa. Una broma que demuestra que Delpo ha activado el "modo competición".

Berlocq, Mónaco y Schwartzman, en la primera jornada

Hoy, durante la primera jornada del Miami Open, segundo Masters 1000 del año, se presentarán tres argentinos. Desde las 11 en Key Biscayne (las 12 de la Argentina), Carlos Berlocq (68°) vs. Thanasi Kokkinakis (Australia, 108°), en el court central. En el Grandstand, en el cuarto turno -la jornada arranca a las 11-, Diego Schwartzman (61°) vs. Dominic Thiem (Austria, 52°), y a continuación, Juan Mónaco (46°) vs. Ruben Bemelmans (Bélgica, 134°). Juan Martín del Potro y Federico Delbonis se presentarán mañana, mientras que Leonardo Mayer (24° favorito) aguarda rival para la segunda rueda.

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