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El día arrancó con incertidumbre. Los pronósticos meteorológicos que teníamos (que eran varios) hablaban de que iba a ser una regata que iba a estar entre los vientos suaves y las calmas, con apenas algunas lloviznas por la mañana y luego sol... O sea, buen condiciones muy buenas para navegar.
Sin embargo, mientras terminábamos de amarinar el barco en la sede dársena norte del Yacht Club Argentino, la situación distaba bastante de eso: nubes negras, un viento que estaba en los casi 30 kilómetros por hora y una lluvia muy molesta nos llevaba a replantear estrategias y tácticas una y otra vez.
Las cosas se pusieron más raras aún mientras nos dirigíamos a la largada, establecida en el kilómetro 12 del Canal de Acceso al puerto de Buenos Aires: el viento, a medida que nos alejábamos de la costa, fue subiendo hasta tocar los 29 nudos (unos 55 km/h) y la lluvia golpeaba la cara con fuerza: de la salida en franco que pensábamos con spinnaker asimétrico y mayor entera, la cosa pasaba a un genoa 3 y mayor con rizo.
Faltanto apenas unos 40 minutos para largar, las cosas volvieron a la normalidad, y el viento se apagó de golpe. Volvieron las brisas y se estableció del sector Este. No era lo mejor, pero tampoco era tan malo: no es bueno arrancar una regata de 174 millas con una rosca, porque las horas se hacen interminables y la demanda física hace que la tripulación quede agotada..
Así las cosas, a las 12.25 largamos en la Serie A de ORC Internacional, la más competitiva de las fórmulas que corren este Circuito Atlántico Sur Rolex Cup 2010. Hicimos una largada conservadora, en el medio de la línea, buscando tener viento limpio. Optamos por eso en lugar de largar en el mejor lugar de la línea, porque preferimos arrancar con velocidad: la regata para adelante tenia 174 millas y casi 24 horas; no tenía sentido matarse en la línea y jugarse a estar pasado o a una protesta por ganar un segundo cuando restaba tanto por recorrer.
Las primeras millas fueron de duelo personal con el Chivas-Memo Memulini, uno de nuestros rivales directos. Tras casi una hora larga de pelar con ese y los demás barcos de la serie, optamos por irnos un poco más al sur porque vimos que había unas nubes que parecían generar un poco más de viento. No nos equivocamos: a los pocos minutos en medio de un frente de tormenta, con vientos de unos 30 nudos (casi 55 km/h) y mucha lluvia. Pese al chubasco, rindió: en pocos minutos nos fuimos para adelante rápidamente y nos acomodamos entre los primeros siete barcos de la flota.
Tras un par de horas de tormenta, volvieron los vientos medios y la navegación se transformó en un placer. Recuerdo pocas regatas a Punta del Este en las cuales haya navegado tan tranquilo y cómodo.
Así optamos por seguir una línea recta hacia Montevideo, sabiendo que si bien regalábamos un poco de barlovento, a la larga iba a pagar.
No hubo demasiadas variaciones ni de viento ni de tácticas en la mayor parte de la regata y repito: realmente, fue de las regatas hasta aquí más tranquilas que recuerde; tanto, que la tripulación hasta por momentos mostró síntomas de aburrimiento. Es más, lo único que alteró la tranquilidad a bordo fueron las varias roturas que tuvimos: antes de llegar a colonia, cortamos el cabo del outhaul de la mayor, y algunas horas después, reventamos el sistema hidráulico que controla el vang y el stay popel, con lo cual perdimos estos dos controles durante más de la mitad de la regata.
Para más datos: desde que pasó el chubasco cerca de Quilmes, corrimos con genoa 1 light y mayor completa hasta pasando isla Flores, más allá de Montevideo. Y la noche fue un verdadero lujo, con vientos de unos 10 nudos del Noreste y Nornoreste, poca ola y temperaturas agradables.
Tanta tranquilidad hizo que nos desconcentráramos en las primeras horas de la noche y que perdiéramos algunas millas: al llegar al faro La Panela teníamos cerca de 20 barcos por delante. Ahí empezamos a ajustar las cosas, volvimos a enchufarnos y comenzamos a hacer andar al Quark. La verdad, que la noche nos pagó muchísimo y corrimos realmente de manera excelente: recuperamos como una decena de puestos en las horas previas a amanecer.
Después de Flores, de hecho, el viento franqueó y pudimos subir el spinnaker asimétrico, ya que tuvimos vientos de entre 8 y 10 nudos del noreste durante varias horas. Mantuvimos esta situación hasta cerca de la isla Gorriti cuando cambiamos a uno simétrico, ya que el viento atrasó un poco al Norte.
Cruzamos la línea poco segundos antes de las 11 hora argentina.
En la evaluación general, hicimos una muy buena regata. Las roturas de las primeras horas de la noche y la pérdida de concentración nos habrán costado unos o dos puestos. Son cosas a corregir. Pero es una tripulación nueva corriendo en un barco que está muy distinto. Queda mucho por delante. Veremos como sigue.

