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Hace un mes que las autoridades de la provincia de Buenos Aires decidieron cerrar en Tigre el acceso al río Reconquista. Hace un mes que toda la basura proveniente de Morón y del Parque de la Costa desemboca en el Canal Aliviador de dicha corriente, donde está ubicada la Pista Nacional de Remo, cuyo paisaje está conformado -como en sus peores épocas, antes del dragado- por oxidadas heladeras, automóviles incendiados y animales putrefactos. María Julia Garisoain y Marisa Peguri, representantes olímpicas en el bote doble par de remos cortos peso ligero, practicaron allí durante un mes. "Nosotros vivimos en la Argentina y practicamos un deporte que tiene poca difusión. Esta es la realidad que debemos afrontar, pero lo bueno de todo esto es que acá se puede entrenar y, por ejemplo, clasificarse para los Juegos. Desgraciadamente, uno debe adaptarse a esto. Me gustaría tener una pista como la de Lucerna (Suiza) o un trabajo y jubilación como los de los europeos", admite Garisoain, que nació el 22 de julio de 1971 en Buenos Aires, pero vivió toda su infancia en San Carlos de Bariloche, donde comenzó a remar en el Club de Regatas, a los 15 años, mientras su padre trabajaba en la Comisión de Energía Atómica. "¿Qué vamos a hacer?, ¿Adónde vamos a ir a entrenarnos?, si éste es el lugar más apropiado. No se verá muy lindo, pero... La gente debe de pensar que somos masoquistas. Y tienen razón: somos capaces de cualquier sacrificio por el remo", comenta Peguri, nacida en San Fernando en 1976, el mismo día en el que se produjo el golpe de Estado que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón (24 de marzo).
En los Panamericanos de Winnipeg, donde el seleccionado ganó siete medallas doradas y una plateada (el deporte más exitoso en Canadá y la mayor cosecha fuera de casa, pues en Mar del Plata se consiguieron 12 en total), ambas se adjudicaron el cuádruple par peso ligero. ¿Quiénes fueron su compañeras? Curiosamente las mendocinas Patricia Conte y Elina Urbano, sus rivales en la clasificación para el Preolímpico de México, que en marzo último se disputó en la pista Virgilio Uribe, donde se efectuaron los Juegos del 68 y estas dos representantes del Buenos Aires Rowing Club obtuvieron la plaza. Los logros obtenidos por la Argentina en Winnipeg fueron meritorios, pero comparar a los Panamericanos con los Juegos es un atrevimiento. "Los Panamericanos son lindos, sobre todo si ganás, como nos pasó a nosotras, pero los Juegos son otra cosa", afirma Peguri, que renunció al Preolímpico de Atlanta 96 por discrepancias con el ex entrenador nacional, Ricardo Ibarra, que abandonó el barco abruptamente en enero último. Por eso de las exigencias olímpicas es que llama la atención el escaso tiempo de trabajo que tuvieron estas osadas deportistas. "Creamos un bote en sólo seis meses, lo cual resulta bastante loco. Pero surgió, se ganó y hasta ahora dio buen resultado", manifiesta la destacada singlista Garisoain, medalla dorada en los Panamericanos de Mar del Plata 95 y Winnipeg 99, y tercera en los Panamericanos de La Habana 91 y en los mundiales de Alemania 98 y Canadá 99. La experiencia Lucerna les resultó fundamental por varias razones. "Vinimos mucho más enchufadas, porque nos pudimos meter entre las primeras diez del mundo (fueron semifinalistas), y con ganas de que todo nos salga bien en Australia. Sabemos muy bien a quién le podemos hacer regata y a quién no. No podemos hacerle sombra a Rumania, los Estados Unidos ni Alemania, pero con el resto podemos pelear", anticipa Peguri, a quien su hermana Andrea la convertirá en tía de mellizos a principios de octubre. Garisoain también confía: "La mayor parte de los botes, salvo esos tres, están, como nosotras, aprendiendo a ser dobles, porque todos tienen a una singlista arriba".
Están ansiosas por competir en Sydney, pero, si bien aceptan la responsabilidad de su decisión, hubieran preferido tener más posibilidades de probar su capacidad en otras competencias internacionales. Claro que cuando se observa en Tigre el nauseabundo escenario con el que a diario se enfrentan Garisoain, Peguri y otros tantos remeros, uno piensa que ellos ya no necesitan de más obstáculos para demostrar que son dueños de un coraje envidiable.

