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PARIS (De nuestros enviados especiales).- Tiene un juicio pendiente que puede sentenciarlo a varios años de cárcel, se lleva mal con la mitad del seleccionado brasileño, posee una increíble facilidad para generar conflictos y no duda en gritar que él es superior a sus compañeros. Edmundo Alves de Souza Neto, más sencillamente conocido como Edmundo , resulta toda una pesadilla para la actualidad del tetracampeón del mundo.
Alguna vez fue reconocido en la Argentina por haber recibido un codazo de Flavio Zandoná, durante un partido de Supercopa, en octubre de 1995, cuando defendía los colores de Flamengo. Después, a eso se le sumó un terrible codazo que le desdibujó la cara a Germán Burgos, en Río de Janeiro, pero ya con Vasco da Gama. Era por otra Supercopa, la del año último.
En Brasil, ninguno de esos actos pasó a la historia, sencillamente, porque no resultaba una novedad para ellos. Y es que Edmundo ya había sido denunciado luego de que tres personas murieran en un accidente de auto. El manejaba uno de los vehículos y, según se dice, se encontraba ebrio cuando se produjo el accidente.
Se inició en Vasco da Gama, pasó a Palmeiras, de allí fue a Flamengo, luego a Corinthians, más tarde regresó a Vasco y, por último, cayó en Fiorentina. En ningún lado enamoró por su carácter. Cuando apareció por Fiorentina, por ejemplo, fue designado, inmediatamente, suplente. A él, obvio, le cayó pésimo la noticia que le dio Malesani, el entonces DT de los florentinos. Y es que él se consideraba -y se considera- superior al belga Oliveira, el titular.
Por eso aprovechó las minivacaciones de fin de año y se quedó en Río de Janeiro para disfrutar el carnaval en compañía de Diego Maradona. Gritó que quería regresar a Vasco, pero en Fiorentina no lo dejaron. Entonces se creó un problema que sólo se resolvió cuando Zagallo dijo que, sin club, Edmundo no iría al Mundial.
Animal , apodo que le pusieron por su excelente juego cuando todavía pertenecía a Palmeiras, tuvo que viajar de nuevo para Europa.
Su juego, ese que lo convirtió en el máximo goleador de un campeonato brasileño (29 tantos) y en el mayor artillero de un partido en Brasil (6), lo encumbró. Su carácter lo desestabilizó.

