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Por más que en su rostro se note el paso de los años, su transitar es imponente. Alto, de 1,86 m y con apenas un poco más de los 77 kilogramos de los tiempos dorados, el nortemericano Edwin Moses llega a la cita un poco después del mediodía, procedente de San Pablo. Dos veces campeón olímpico y cuatro veces recordman mundial de 400 metros con vallas, la segunda visita del atleta a nuestro país no tiene que ver con las competencias, sino con el compromiso con la vida después haber sido alguien en el mundo de la alta competencia.
Moses, de 47 años, padre de un hijo, ingeniero físico, con un máster orientado en la especialidad aeroespacial, arribó a Buenos Aires como presidente de Laureus, una academia de grandes deportistas, acompañado por el brasileño Emerson Fittipaldi, bicampéon de F.1 en 1972 y 1974, el inglés Bobby Charlton, campeón mundial de fútbol en 1966, y Hugo Porta, ex Puma, embajador y secretario de Deportes; este último, único argentino que forma parte de una institución integrada por 43 destacados deportistas convocados hace tres años por las firmas Daimler Chrysler y Richemont con un solo fin: que cada una de esas talentosas figuras dedicaran horas de su vida para ayudar a los demás.
A través de Porta, Laureus conoció la historia del Club Ciudad Oeste, en el Barrio La Favorita, en Mendoza. Este emprendimiento nació hace siete años por iniciativa de Juan Pablo Di Benedetto, Hugo Stabio y Pablo de Cara, quienes buscaron, por intermedio de un programa vinculado con el fútbol, la reinserción en la sociedad de un grupo marginado en el que conviven unos 500 chicos. En pocas palabras, luchar contra flagelos como las drogas, el alcohol y la delincuencia de otra manera: estimulando el desarrollo de las potencialidades de cada persona a través de la práctica deportiva.
El trabajo en Mendoza fue fructífero. Hoy, esa comunidad tiene su predio, desarrolla sus actividades deportivas, elaboran sus alimentos y luchan por salir adelante igual que en otros lugares de nuestro país. Pero el día a día continúa y no hay que bajar los brazos. Porta comentó el proyecto y Laureus, con el aporte de otras entidades locales, ayudará este loable emprendimiento mendocino. Que tuvo su primer paso anoche, con la visita de Moses, Porta, Charlton y Fittipaldi al barrio La Favorita.
"Nelson Mandela (ex presidente de Sudáfrica) decía que el deporte tenía el poder para cambiar el mundo. Y yo creo fervientemente en esa idea. Estoy al frente de Laureus, pero a mi lado hay gente que llegó muy alto en el deporte, que quiere ayudar a los que sufren", señaló la leyenda del atletismo, invicto entre 1977 y 1987, en los que se impuso en 107 competencias consecutivas. Alguien que llegó a lo máximo de su carrera deportiva sólo con esfuerzo, pues fue atleta sin contar con una pista cuando era chico en su Ohio natal. Y, como agregado, mejoró su rendimiento aplicando sus conocimientos de física.
-Al repasar su currículum, no sólo ahora, se ve su constante preocupación por lo humanitario. Usted fue uno de los que más peleó por la igualdad en la formación de deportistas.
-Viví la transición del amateurismo al profesionalismo, cuando competíamos contra atletas del bloque del Este europeo. En el medio, sabíamos que había abuso de drogas y que se cobraba dinero marrón . Pero yo creo en otro deporte. Más sano, de entrenamiento mañana, tarde y noche. Y es lo que debemos transmitir: el deporte puede mejorar los valores de este mundo.
-¿Cómo ve el deporte hoy?
-Hoy todo es marketing, están los agentes, los managers. Antes el deporte tenía otro sabor, diferente. Hoy hay otra generación, una generación de MTV...
-¿Es bueno o es malo?
-Son otros valores, ni buenos ni malos, pero siento que el buen deportista es el que tiene dignidad y buena conducta.
-¿Cuál es su sentimiento sobre los Juegos Olímpicos?
-El concepto de los Juegos cambió en Los Angeles 84. Como dije, a partir de entonces, el deporte se convirtió en un vehículo del marketing. Creo que el movimiento olímpico está viviendo una etapa de cambios, con una nueva conducción, aunque todavía no haya un nuevo líder. Es una incógnita. Pero igualmente me quedo con mi tiempo. Lo que yo viví en Montreal 76, en Los Angeles 84 (no participó en Moscú 80 por el boicot), cuando gané las medallas doradas, y también las cuatro veces que bajé el récord mundial fueron sensaciones que guardaré por siempre en mi corazón.

