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SANTA ROSA.- Los participantes de las competencias extenuantes como el Dakar corrigen cuando se la cataloga como "rally". En realidad, las pruebas de largo aliento se denominan "raid". Otros, para complacer a todos, hablan del "rally-raid Dakar".
Las crónicas policiales suelen utilizar el término "raid" para aquellos hechos que se desarrollan en distintos puntos: los reiterados "raids delictivos".
Y en pleno Dakar, se produjo un auténtico raid delictivo. Increíblemente planificado. Con amplio conocimiento de los movimientos internos de la organización, viajando a cada punto por donde pasó la competencia. Un raid delictivo de casi 9000 kilómetros. Y es "casi" porque ayer, en San Rafael, la policía detuvo a dos personas, "un masculino y otra femenino", según se informó, de nacionalidad peruana ambos, que fueron atrapados gracias a la filmación de una cámara camuflada en la carpa de prensa.
El primer robo se produjo en Palermo. Allí le sustrajeron una cámara fotográfica a un reportero brasileño, que, pese al mal trago, pudo hacer su trabajo gracias a la solidaridad de sus colegas, que le prestaron un equipo. También al periodista cordobés Mariano Ianacone le sacaron una notebook, un celular y los documentos. Ianacone no pudo pasar a Chile, por falta de documentación. Simpáticamente intentó mostrar los diarios donde habían salido sus fotos, pero debió esperar a que el Dakar volviera a la Argentina.
Alberto Escobar Vega, de 35 años, y Lidia Luz López, de 42, quedaron demorados en la Unidad de Investigaciones de San Rafael.
Poseían dos credenciales apócrifas que los acreditaban como "organización". Acompañaron al Dakar en esta aventura. Viajaron casi 9000 kilómetros. Quizá, como dicen los pilotos, el objetivo era "llegar a Buenos Aires y completar la vuelta". Hasta San Rafael, desaparecieron diez lentes de cámaras fotográficas, cinco cámaras, dos de video, una laptop y varios celulares. Los damnificados fueron el citado Ianacone, los reporteros Mario Taga, Natacha Pisarenko, de la agencia AP; la italiana Judith Tomaselli, un cronista japonés y el jefe de prensa del equipo Aprilia. Se estima que el material faltante rondaría, en total, en unos 40.000 dólares.
Al momento de atrapar a los sospechosos, viajaban con un automóvil alquilado en San Juan y, según los investigadores, enviaban encomiendas a Buenos Aires, aparentemente con el material sustraído.
Un verdadero "raid delictivo". Organizado, a la altura del Dakar, para evaluar cada movimiento dentro del campamento y seguir el derrotero que propuso la carrera. No llegaron al final. Faltó poco. Una historia tan sorprendente como todo lo que se mueve a la par del Dakar.


