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Cuando el confín del mundo resolvió que la clasificación para los Mundiales sería a través de un sistema de todos contra todos, la Argentina respiró aliviada. Entonces, todos sintieron que el camino a Francia 98 estaba despejado. Si bien la selección sólo había faltado a un Mundial, en México 70, por el método de clasificación, las eliminatorias siempre le habían reservado recorridos traumáticos. En una carrera de largo aliento quedaba a salvo, porque a resguardo de alguna racha maléfica, el poderío individual terminaría por imponerse a través de varias escalas sudamericanas. Así ocurrió en aquella experiencia bautismal, pues aunque el equipo de Passarella apenas ganó dos de las primeras siete fechas, encontró el equipo al promediar la competencia y se dirigió sin turbulencias hacia la Copa.
Desde las eliminatorias para Corea-Japón 2002 se dispuso otro fixture porque se integró Brasil al debate continental. Y se respetó ese ordenamiento de partidos hasta la Copa de 2014. Si el sistema extenso, ideal para resurgir tras algún resbalón, ya beneficiaba a la Argentina, la grilla de encuentros la favorecía aún más porque el comienzo era alentador, contra oponentes que ofrecían el amparo de un rápido colchón de puntos. Pero esa cobertura desapareció. Sin Grondona y con Teixeira, Del Nero y Figueredo en aprietos, el cordón del Pacífico se alineó para reclamar un cuadro innovador. Con la Argentina, Brasil y Uruguay distraídos, lo aprovechó. En julio pasado, en San Petersburgo, se conoció el nuevo programa. Sólo se cuidó que ningún país se enfrente en doble fechas, es decir en cinco días, con Brasil y la Argentina -se ubicó de antemano al superclásico en las fechas 3 y 11-, y el resto se sorteó.
Los comienzos para la Argentina, de 2002 a 2014, proponían Chile en el debut, en el Monumental. Nunca fue este Chile, ni siquiera el último, bajo la desconcertante conducción de Borghi. Luego, Venezuela como visitante. Más tarde, Bolivia en Núñez. Apenas en la cuarta jornada aparecía Colombia, que justo en esta etapa atravesaba una transición poco competitiva hasta que aterrizó Pekerman. Luego Ecuador, de local, y recién en la sexta fecha, la visita más riesgosa: Brasil.
Bajo este dibujo, en las primeras cinco fechas la Argentina cosechó 15 puntos de 15 con Bielsa, rumbo a Japón 2002. También con él, y antes de que se quedara sin energías, sumó 11 de 15 para Alemania 2006. Menos mal que camino a Sudáfrica 2010, al principio Basile atrapó 10 de 15 puntos, porque más tarde llegarían los dislates de Maradona que colocaron a la selección en la cornisa. Y este es un buen ejemplo para entender cómo favorece el sistema a las potencias porque las protege de imponderables o de incompetentes. Y ya para Brasil 2014, Sabella reunió 10 puntos sobre 15. La plataforma de lanzamiento era confortable.
Todo cambió. A la par que los adversarios crecieron -apenas Bolivia parte condenada-, el nuevo fixture tendió algunas trampas. Ecuador ya demostró que podía encerrar un estreno perturbador. Ahora tocará el renovado Paraguay. El mes próximo, una doble fecha atrapante: vendrá Brasil y habrá que visitar a Colombia. ¿Y el regreso en marzo de 2016? Otro viaje... a Chile. Las primeras cinco fechas ya no sugieren aquel efecto propulsor. Ahora aparece un rival añadido que antes jugaba como aliado.



