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Los que llevan muchos años en el fútbol recomiendan festejar con la euforia debida cada título porque, a la larga, cuando se haga el balance de una trayectoria, es más lo que se pierde que lo que se gana. Los momentos de derrota y lamento superarán a los de felicidad. El éxito es la excepción dentro de la rutina de la competencia. La consagración mucha veces es una utopía, ese destino que cuando parece al alcance de la mano, se aleja un poco más. No es el caso de Lionel Messi, que por algo es especial y diferente.
Esa ecuación frustración/júbilo al rosarino le da un saldo positivo. Ayer celebró la séptima Liga de España de las 11 que disputó desde que debutó hace más de una década. Ganó más del 50 por ciento de lo que disputó. La primera fue en 2005, cuando con apenas siete partidos en la campaña empezaba a hacerse un hueco en una delantera que tenía a Giuly y a Eto'o, mientras Ronaldinho y Deco, desde unos metros más atrás, ya advertían los beneficios de acompañar y abastecer con asistencias a un adolescente que gambeteaba a toda velocidad, que tenía condiciones para influir en el resultado.
Ya con más participación (17 partidos), en la temporada siguiente (2006) repitió el título. Ambos fueron con Frank Rijkaard, uno de los cuatro directores técnicos con los que Leo conquistó la Liga. Los otros fueron Pep Guardiola, Tito Vilanova y Luis Enrique. Se quedó en el umbral con Gerardo Martino, al frente de un Barcelona que claudicó en el final ante el Atlético de Madrid de Simeone. Una cuenta pendiente que Leo se cobró ayer ante el mismo rival.
Messi es vigencia y superación. Ninguno de los ataques que integró hizo tantos goles como el actual. Fue de ensueño el del triplete de Guardiola, junto con Eto'o y Henry. Luego, con Ibrahimovic y Villa, el entendimiento y los automatismos no fueron tan instantáneos, pero su eficacia siguió siendo fundamental para las aspiraciones del equipo.
La generosidad y cooperación futbolística, sazonadas por la afinidad humana que se generó entre ellos, elevó al tridente Messi-Suárez (ayer ausente por una molestia muscular sufrida en Munich)-Neymar al altar de la productividad. Por todas las competencias oficiales, suman 115 goles, récord para Barcelona y a tres tantos de la plusmarca de 118 que en España poseen Higuaín, Benzema y Cristiano Ronaldo en 2011/12.
Con 27 años, Messi ya es leyenda. Se convirtió en el futbolista argentino con más títulos: 24 (22 en Barcelona y dos con los seleccionados Sub 20 y Sub 23 argentino).
La cosecha con el equipo catalán puede agrandarse en el corto plazo, con la final de la Copa del Rey (el 30, ante Athletic Bilbao) y la de la Liga de Campeones (el 6 de junio, frente a Juventus). Ayer cortó una racha sin títulos desde agosto de 2013. Volvió voraz para saciar la abstinencia.
son los títulos de Messi, récord para un futbolista argentino. Superó los 23 de Esteban Cambiasso. Los 22 con Barcelona: 7 Ligas, 6 Supercopas de España, 3 Ligas de Campeones, 2 Copas del Rey, 2 Mundial de Clubes, 2 Supercopas de Europa. Dos con el seleccionado: Mundial Sub 20 2005 y Juegos Olímpicos 2008.

