

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Ernesto Grillo, una de las figuras más notable del fútbol argentino y sudamericano, falleció ayer, a los 68 años, en la ciudad bonaerense de Avellaneda, como consecuencia de un cáncer de estómago. Sus restos no serán velados y serán sepultados hoy, a las 12.45, previa misa, en el cementerio de esa localidad.
La década del cuarenta se apagaba inexorablemente y la gran cantidad de jugadores que habían brillado por entonces se extinguía. La imperiosa necesidad de contar con sangre joven apremiaba. Y apareció Ernesto Grillo, nacido el 1º de octubre de 1929 en La Boca, dispuesto a reivindicar el fútbol más puro, capaz de enriquecer la vista de los hinchas con un puñado de genialidades en algunos minutos.
Se inició en River, pero no tardó en recalar en Independiente, donde entre 1949 y 1957 mostró su guapeza y su característica gambeta con sentido ofensivo, integrando una de las más efectivas delanteras. La que integraban Michelli, Cecconato, Lacasia, él y Cruz. Por esas cosas del fútbol, cuya estadística no conoce de sentimientos y tampoco de sentido común, se fue del club de Avellaneda sin conseguir títulos. Sin embargo, aquellos cinco hombres integraron también la ofensiva del seleccionado de nuestro país.
Sólo jugó un torneo sudamericano: el de Chile, en 1955, ganado por la Argentina con aquel quinteto de Independiente, cuyo juego había cautivado tanto a los simpatizantes como al entrenador Guillermo Stábile, quien no dudó en convocarlos. Y no se equivocó.
Después emigró a Europa. Con los brazos abiertos y ávido de alimentarse de triunfos, lo esperaba el poderoso Milan de 1957, que contaba con figuras como Liedholm, Cucchiaroni y otro rioplatense brillante: el Pepe Schiaffino, uno de los héroes del Maracanazo de 1950.
Grillo no se amilanó ante el desafío. Aun en un medio un poco más hostil para con los jugadores de calidad, supo resignar algo de su juego vistoso en pos de la fuerza y la técnica que exigía Europa. Allí se adjudicó su primer campeonato, antes de regresar a su país. Tenía todavía mucho por dar... y por ganar.
Aquí era la época del fútbol-espectáculo. ¿Cómo podía estar ausente aquel hombre? Boca lo repatrió sin pensarlo dos veces y nadie se arrepentiría de la decisión.
A su amplia riqueza y a su variedad de recursos, le había sumado un cuidadoso trabajo físico, producto de su experiencia en el Viejo Mundo . No actuó como puntero ni fue el salvador del conjunto xeneize sobre la base de goles, pero sus asistencias perfectas y contíinuas le permitieron a Paulo Valentim llegar incontables veces a la red. Se quedó con tres títulos más, que sumados al ganado en Italia y al que se adjudicó en Chile con la Argentina, completan las cinco estrellas de su carrera.
A los 38 años dijo basta. Lo esperaba el trabajo en las inferiores de Boca y esporádicas apariciones como técnico. Como siempre, el fútbol lo seguía necesitando. Desde ayer, deberá resignarse a extrañarlo.
Ernesto Grillo jugó 194 partidos en Independiente entre 1949 y 1957 y convirtió 90 goles. Al regresar de su periplo europeo, donde ganó un título con Milan, finalizó su carrera en Boca (actuó entre 1960 y 1964), club en el que señaló 12 tantos en 84 cotejos.
Y si bien estos datos sólo ayudan a entender lo que significó como futbolista, es necesario rescatar algunas de sus frases, como las que se citan a continuación, para comprender su dimensión humana.

