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BILBAO.- Esta es una historia de amor regada por el cariño y el sacrificio que los padres ofrecen por sus hijos. Y tiene un final feliz.
Henrik Carlsen, ingeniero noruego de 46 años, es el papá de Magnus, la superestrella del ajedrez que participa del 1er Grand Slam, que se desarrolla en la Plaza Nueva del Casco Viejo de esta capital vasca. Ayer, según el último ranking de la FIDE, el joven de 17 años se ha convertido en el N° 1 del mundo del ajedrez, incluso por encima del campeón mundial, el indio Viswanathan Anand. "Antes yo era quien mandaba en mi casa; a partir de hoy, me parece que empezaré a recibir órdenes", dijo a LA NACION, sonriente, Henrik, el padre de la criatura , el que le enseñó los primeros movimientos cuando el niño tenía sólo 5 años. Y agregó: "No obstante, no creo que mi hijo sea un genio; tal vez, sólo lo sea a la hora de jugar ajedrez".
La historia comienza el 30 de noviembre de 1990, en Lommedalen, un punto geográfico cercano a Oslo. Cuatro años después, el pequeño Magnus comenzó a dar muestras de su prodigiosa memoria: descifraba rompecabezas para chicos de 14 y recitaba sin pausas las superficies, los colores de las banderas y las capitales de todos los países. Sus papás pestañeaban para asociar lo que veían con lo que escuchaban. "Le dije a mi mujer que Magnus tenía un don especial con el ajedrez; enseguida advertí su talento, pero su crecimiento llegó a partir de los 8 años", reflexiona el papá del rey precoz.
Fue entonces cuando los Carlsen conocieron a Simen Agdestein, estrella del deporte escandinavo, integrante simultáneo de los seleccionados de fútbol y ajedrez de Noruega. Con él pulió los rudimentos y aprendió de prisa; el alumno superó al maestro. Cinco años después, en 2003, la familia subordinó salud y fortuna, y emprendió un viejo sueño, el de recorrer el continente europeo.
En cada estada, Magnus aprovechó para jugar en cuanto torneo consiguió inscribirse. El regreso familiar fue con gloria, sus mentes atesoraron las diversas manifestaciones artísticas y sus manos cargaron con la medalla del subcampeonato mundial Sub 12 y el título de maestro internacional. Toda una hazaña.
La estampa marquetinera logró el resto: carita de ángel, cabellos y ojos claros, imagen que deslumbró al multimillonario ex N° 1 de la informática, Bill Gates. De esta forma, Microsoft se convirtió en su principal auspiciante y, enseguida, la cuenta bancaria de los Carlsen se disparó como un rayo.
"Seguro que me habría gustado otra profesión para mi hijo, pero no le ha ido nada mal; hoy es el N° 1 del mundo y toda la familia disfruta de ello. Afortunadamente, la repercusión de sus éxitos tiene más trascendencia internacional que en la propia Noruega. Ello nos permite llevar una vida tranquila", dijo el orgulloso papá, que cambió su rutina de trabajo por el paseo con su hijo por las capitales del mundo.
Henrik soltó su última reflexión: "Hoy somos muy felices de tener un hijo como N° 1, pero ése nunca fue nuestro objetivo. Lo importante para mi familia fue verlo crecer, y esperamos verlo por muchos años más, haciendo y disfrutando de lo que más le gusta al lado de un tablero de ajedrez".



