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RIO DE JANEIRO (De nuestros enviados especiales).- Cuatro años esperaron varios de estos chicos. ¿Cuánto habrán soñado con la revancha, con ese partido que se les escapó en tiempo suplementario ante Brasil? De aquel equipo que perdió la clasificación para los Juegos Olímpicos de Atenas hace cuatro años, el equipo conserva a algunos pocos (Gonzalo Carou, Bruno Civelli, Alejo Carrara y Sergio Crevatin). Entre ellos y los más nuevos intentarán esta mañana, desde las 11, tomarse desquite ante el mismo rival y llegar por primera vez a un Juego Olímpico, en la final del handball masculino.
En Santo Domingo, la Argentina ganaba por cuatro goles al comienzo del segundo tiempo. Pero dejó escapar la ventaja, fueron al suplementario y perdieron 31-30. Si hasta la suerte les dio la espalda, con el último tiro de Gonzalo Viscovich que dio en el palo. Por primera vez ganaron la medalla plateada en los Panamericanos, pero igual lo vivieron como una frustración; anhelaban llegar a Atenas 2004. Ahora quieren desquitarse, pero saben que será más difícil. Brasil es el local, contará con 3000 torcedores y, sostienen algunos, una pequeña ayuda de los árbitros para desatar la fiesta verdeamarela.
"Pero no podemos entrar pensando en eso -reflexiona Carou, el capitán-. Ya nos pasó en la semifinal con Cuba. Creo que los árbitros nos perjudicaron un poco, pero también nosotros entramos pensando que iba a pasar eso y protestamos todo." Sea como fuere, ese partido con Cuba, que ganó 30-29 en el suplementario, puede servir de impulso anímico. Porque el equipo estuvo al borde del KO. "En el segundo tiempo pensé que se nos escapaba", admite Carou. Pero lo levantaron. Y por varios motivos, ese partido épico será recordado por todos los que estuvieron ahí.
Matías Paredes no lo olvidará. El talentoso jugador de hockey sobre césped fue el jefe de la hinchada argentina. Estaba desenfrenado, alentando sin parar. Lo seguían varios de sus compañeros de equipo, pero había más, muchos más. Estaba Gastón Alto, de tenis de mesa, con su tatuaje de Boca al descubierto, como si estuviese en la primera bandeja de la Bombonera. Estaba Tato Moccagatta, sufriendo como cuando ve nadar a Meolans. Había voluntarios argentinos que sacaron su pasión. Y hasta periodistas, que por un rato se despojaron de sus funciones.
Si se dio así en las tribunas, también fue porque en la cancha se vio una recuperación increíble. La Argentina llegó a perder por cuatro goles en el segundo tiempo. Pero todo se debe resumir en los últimos 15 segundos del tiempo regular: Cuba ganaba 25-24 y tenía que poner en juego la pelota desde su campo; no tenía manera de perder. Pero un cubano cometió una infracción, la Argentina recuperó, forzó un penal y Matías Lima lo empató. A partir de allí, lo dominaron psicológicamente. Y hasta Matías Schulz le atajó un penal a Favan, el mejor de Cuba. La hazaña estaba concretada. Los jugadores argentinos lo celebraron con esa hinchada incondicional. Pero enseguida se fueron a descansar. Era hora de soñar por última vez con tomarse desquite de Brasil. Ese tiempo es hoy.
3 podios ocupó el handball: 2° en Santo Domingo 2003, y 3ero en Mar del Plata 95 y Winnipeg 99

