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Llegar es difícil, pero más difícil es mantenerse. El remanido dicho le sienta de perillas al actual campeón mundial, el canadiense Jacques Villeneuve.
El hijo de Gilles, que sólo tenía 11 años cuando su padre armaba la última cabriola con su Ferrari número 27 y pasaba a la inmortalidad en Zolder, tomó la posta por aquello de que la sangre tira y se lanzó a la aventura de prolongar su leyenda.
¿Sería, finalmente, un Villeneuve campeón del mundo? Sí. No fue fácil, pero el tiempo hizo justicia con el apellido. Y en 1997, su segundo año en la máxima categoría, Jacques se consagró después de haber paseado su talento por los Estados Unidos y adjudicarse el certamen de Indy Car.
Las presiones que castigan a los pilotos noveles de la máxima categoría no alcanzaron a torturarlo. Claro que entró por la puerta grande:Williams contrató sus servicios cuando el equipo del viejo Frank era el equipo por vencer. Y vaya si lo fue: Damon Hill, campeón mundial 1996. Jacques, subcampeón. Los primeros pergaminos ya adornaban su trayectoria.
El año siguiente debía ser el suyo. Y lo fue, no sin antes lidiar contra un impetuoso Michael Schumacher, quien virtualmente casi lo mata en Jerez de la Frontera cuando le tiró su Ferrari encima para sacarle el título, lo que no pudo ser.
Su temporada 1998 no parece ser brillante. ¿Será la responsabilidad de cargar con el número 1 en los flancos? Probablemente, pero también debe tenerse en cuenta que para este flojo comienzo ayudaron mucho los McLaren y su desmesurado potencial.
Williams ni siquiera aparece como la segunda fuerza, simplemente porque Ferrari cuenta con un Schumacher inspirado, tal vez, como nunca. Sólo que el medio mecánico no lo ayuda demasiado.
Pero desde aquel controvertido Gran Premio de Europa, que cerró la temporada pasada y en la que Jacques llegó al ansiado título, no todas fueron rosas para el canadiense. Primero se le cuestionó el haber dejado pasar, en esa misma competencia, a los dos McLaren-Mercedes, como una oculta trama de arreglo entre escuderías.
Y después, nada le fue sencillo. El quinto lugar de Australia y el séptimo obtenido en Brasil no deben de haberlo dejado muy conforme que digamos. No, por lo menos, sabiendo que el campeón suele evaluar en forma crítica su propio potencial y es consciente de que debe estar más arriba. O por lo menos, más cerca y no a una eternidad de los coches de Ron Dennis.
El corto historial de Villeneuve en el Gran Premio de la Argentina tiene una rara curiosidad:en sus dos participaciones, ocupó el mismo puesto que a la postre, tuvo en el campeonato. En 1996 fue segundo de Hill y así terminaron en el campeonato. En 1997, ganó en nuestro país, tras una ardua lucha con Eddie Irrvine (Ferrari) y después fue campeón.
Si esta coincidencia se convirtiese en ley, tendría que ganar hoy para ser otra vez campeón. Intimamente, sólo él sabe si se siente en condiciones de intentar tal hazaña...


