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Ya curtido en batallas coperas contra Independiente y Racing, Nacional recibe a Estudiantes el 15 de mayo de 1969 en la final de ida de la Libertadores. Casi 70.000 personas en el Centenario. El Bocha Flores anota el 1-0 de Estudiantes a los 31 minutos. La transmisión de Carlos Solé por Radio Sarandí, la más popular entonces en Uruguay, sufre un primer corte. Luego un segundo. Y otro definitivo. "Saludamos a aquellos que se rebelan espontáneamente", dice la proclama. Se escucha la canción "El cielito de los Tupamaros". La voz, grave, dice que es tupamaro el trabajador desocupado que toma comida de un supermercado para darle de comer a sus hijos. Y que "tupamaro es aquel que no se queda en la mera protesta, no respeta las leyes, decretos y órdenes creadas por la oligarquía para beneficiarse a ella misma". Nacional se desquita de Estudiantes dos años después. Le gana la final de 1971, la Libertadores del escándalo Boca-Sporting Cristal. El árbitro uruguayo Alejandro Otero expulsó a diecinueve jugadores, pero él también salió preso de la Bombonera. Al año siguiente, a cargo del penal de Punta Carretas, Otero, que también es comisario y juega fútbol en la cárcel con los presos, sufre la fuga de 15 tupamaros. Uno de ellos es el Pepe Mujica.
Si Peñarol se vincula con el Partido Colorado y nació en el ferrocarril inglés, su rival clásico se fundó en la Universidad y con el nombre de Nacional (los blancos). Pero la historia, como siempre, no es lineal. Carlos "Rasqueta" Scarone, jugador mítico, se enojó cuando su padre Giuseppe, fana de CURCC (así se llamaba el primer Peñarol), quiso oponerse a que en 1913 su hijo se fuera a Boca. "¿Quedarme? ¿Para comer qué? ¿A mangiare merda?", le respondió el pibe. "Rasqueta" volvió en 1914, pero a Nacional. En su primer clásico, en medio de insultos y golpes, lanzó a sus ex compañeros que eran unos "mangiamerda". A Peñarol, además de "carboneros", le quedó pues el apodo de "manyas". Con "el Bolso" (A Nacional le dicen así porque tiene el escudo bordado en el bolsillo de la camiseta), Carlos Scarone ganó 9 títulos uruguayos, anotó 152 goles en 227 partidos y fue su primer DT en 1932, cuando comenzó el profesionalismo. El Scarone más famoso fue sin embargo su hermano Héctor, "Rasquetita". El "Mago", como también le decían, fue el primer jugador uruguayo vendido a Europa (en 1925, al Barcelona), campeón mundial y olímpico con Uruguay, ganó con Nacional 8 títulos y anotó 301 goles en 369 partidos. Alguna vez amenazó con no jugar un clásico si el club no le conseguía zapatos de charol. La Tribuna Este del Parque Central lleva su nombre.
El Parque Central, escenario del partido de mañana contra Boca, no sólo fue el primer estadio del primer Mundial de la FIFA en 1930 (el Centenario se sumó en pleno certamen). Construído en 1900 en el Barrio de la Alameda, donde José Artigas fue proclamado en 1811 Jefe de los Orientales, el Parque Central fue primero escenario de los picados entre marineros ingleses. Y luego del mejor fútbol del mundo, cuando Uruguay y la Argentina jugaron la final del entonces Campeonato Sudamericano de 1924, inaugurando alambrado por temor a incidentes. Cuatro años antes, en 1920, José Battle y Ordóñez, ex presidente de Uruguay, mató allí en reto a duelo al diputado Washington Beltrán, ambos fundadores de diarios, uno Colorado, el otro Blanco. El fútbol, escribió el periodista Franklin Morales, como "sucedáneo o alegoría de nuestras guerras civiles". "Colorados, proletarios, agnósticos, anticlericales, ateos e italianos en Peñarol. Blancos, universitarios, patricios, católicos, clericales y españoles en Nacional". No siempre fue ni es así, claro. Uno de los clásicos más citados se jugó en 1934, ya en el Centenario. "El gol de la valija". El remate del brasileño Bahía salió desviado, pero la pelota rebotó en el maletín que el kinesiólogo de Nacional, Juan Kirschberg, había dejado al costado del palo, detrás de la línea. Braulio Castro marcó de rebote y Telésforo Rodríguez, árbitro de la Liga Tranviaria, concedió gol. Terminó hospitalizado. El partido se completó tres meses después. Hasta 1936, como recuerda Luis Prats en su gran libro "Goles y votos", el fútbol uruguayo, permitía que los fallos de los árbitros fueran apelables ante los tribunales. Cotizaba mejor un buen abogado que un goleador.
El fútbol, claro, prefiere a sus artistas. Lo afirma la Tribuna Sur del Parque Central. Lleva el nombre del argentino Atilio García. "Se llama como yo, debe ser bueno". Así se lo llevó en 1937 Atilio Narancio, dirigente mítico de Nacional, cuando Boca, justamente, le ofreció una lista de jugadores transferibles. "De última -dijo García- conozco las playas y me vuelvo". Se quedó para siempre. Anotó un total de 486 tantos en 449 partidos, uno cada 83 minutos. Ninguno como él. Fue goleador en ocho de nueve campeonatos. Le hizo 34 al eterno rival. Fue parte de un Nacional que ganó todo. Otro gran goleador argentino, Luis Artime, fue clave en 1971 para la primera de las tres Libertadores e Intercontinental (las otras fueron en 1980 y 1988). La Tribuna principal del Parque Central lleva el nombre de José María Delgado, médico y poeta, Premio Nacional de Literatura en 1941 y presidente del club y diputado? del Partido Nacional, claro. Fue el hombre que evitó el cisma cuando en 1910 el plantel se oponía a que jugaran cuatro albañiles. Elegido democráticamente en 1911, Delgado afirmó que "se pretendió cerrar la puerta a vigorosas corrientes populares a título de defender una originaria aristocracia". El "derrumbe" que algunos pregonan, afirmó, no sucederá porque el fútbol, a diferencia de otros deportes "inaccesibles a la masa popular", ha "sabido electrizar el alma de nuestras multitudes".
El episodio más conocido de la cancha de Parque Central sucedió el 5 de marzo de 1918. Abdón Porte, el "Indio", duro número 5 de mil batallas, dejó a la una la fiesta en la sede por el triunfo 3-1 ante Charley. Tomó el tranvía. Caminó hasta el medio de la cancha. Y se mató de un tiro en el corazón. El cadáver sangrante fue encontrado cinco horas después por Severino Castillo, el canchero. Tenía 25 años y pensaba casarse en menos de un mes. Un día antes le comunicaron que pasaría a ser suplente. "Nacional aunque en polvo convertido/ y en polvo siempre amante/ No olvidaré un instante / lo mucho que te he querido/ Adiós para siempre", escribió en una carta póstuma. "En una mano tenía el revólver, en la otra la carta", contó Eduardo Galeano. "Juan Polti, half back", lo homenajeó también un cuento de 1918 de Horacio Quiroga. "Por la sangre de Abdón", se lee en la Tribuna Oeste, que lleva su nombre.
El estadio del Parque Central perdió peso a partir del Centenario. Fue canódromo. Celebró domas en una Semana Criolla. Sobrevivió a dos incendios. Casi se vende en 1972 y fue reflotado en 1994 por el ex jugador de Estudiantes Eduardo Manera, entonces DT de Nacional. Recibió a equipos más chicos, a la selección de rugby y a Elton John, Joaquín Sabina, Kiss y Violetta, entre otros. Su última refacción incluyó gran participación de los socios, desde donaciones hasta la pintura. En política, Uruguay dejó de ser patrimonio Colorado o Blanco desde hace años. Pero en fútbol, por mucho que ganen otros, el dominio, además de Paco Casal, sigue siendo de Nacional y Peñarol, rivales justamente este domingo. Sobrevivientes pese a sus durísimas internas, dirigentes polémicos y fútbol que sufre éxodo permanente y desprestigio, atenuado cuando juega la Celeste del Maestro Tabárez. Haber eliminado a Corinthians fortalece hoy esperanzas en Nacional, que elige jugar en el Parque Central y no en el "cada vez más frío y ajeno" Centenario, como lo describe Andrés Reyes en su "Historia de Nacional". Lo elige por Artigas, porque lo pintó o porque le enrostra historia a Peñarol, que tiene estadio flamante. Y porque más de un siglo atrás, en el Parque Central, el que primero alentaba a Nacional era Prudencio Miguel Reyes, el encargado de inflar las pelotas del club. El hombre que, dice la leyenda, dio origen a la palabra "hincha".


