El reglamento no perdona

Roberto De Vicenzo
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27 de octubre de 2009  

El tema golfístico más singular de la semana fue la odisea que vivió Angel Cabrera en su viaje desde Bermuda, donde participó en el PGA Grand Slam, hasta Castellón. Dos vuelos frustrados no le permitieron llegar a tiempo para jugar en el Castelló Masters, en el que Sergio García actuó como anfitrión. El operativo para contar con el Pato naufragó, pese a que todo había sido planificado con precisión de relojero.

–¿Qué opina de esta situación?

–Ratifica lo estrictos que son los reglamentos en el golf. Cabrera llegó apenas minutos después de que su grupo arrancara el Castelló Masters, salida que compartía con Martin Kaymer y Gonzalo Fernández Castaño, pero fue descalificado. Lo más curioso es que si el viento hubiera empezado a soplar fuerte 12 minutos antes, el Pato habría jugado, ya que el certamen estuvo suspendido durante tres horas y cuarto. Indudablemente, si uno piensa que se trata del campeón del Masters, que viene de lejos y que no fue culpa de él, sino de los aviones, podía suponerse que lo deberían haber perdonado, pero el golf no tiene contemplaciones.

–¿No hay derecho al pataleo?

–No, esto es blanco o negro. Los jugadores son muy respetuosos de las reglas y saben que no tienen margen para el reclamo. Por eso, una vez descalificado, el cordobés dijo: "No pasa nada, son situaciones que no podemos controlar". Sabía que no le quedaba alternativa que irse a descansar y prepararse para el Volvo Match Play, que también se realizará en España. Creo que si las leyes se respetaran y se aplicaran en la vida como sucede en el golf, todos viviríamos un poco mejor. El día tras día sería más genuino, más llevadero.

–Bueno, usted pagó el precio del reglamento con la tarjeta mal firmada en el Masters de 1968.

–Sí, es lo mismo. Sólo atiné a decir: «Soy un tonto». Me acuerdo que el domingo por la noche, después de aquel triste episodio en el Augusta National, viajé desde Atlanta hasta Wilmington junto con Jerry Barber para jugar otro torneo. Jerry era muy cuidadoso en todo y durante el trayecto me puso verde diciéndome: «¡Pero cómo puede ser el error que cometiste! ¡Sos un desprolijo!». Me aguanté toda su perorata como un señor, aunque después, la situación se revirtió.

–¿Qué pasó?

–En aquel certamen, Barber jugó durante cuatro hoyos con 16 palos en su bolsa, cuando el reglamento indica que el máximo es de 14. Te sancionan con dos golpes por cada palo de más que tengas en cada hoyo. O sea que Jerry recibió 16 golpes de multa.

–¿Y usted le reprochó algo por aquel descuido?

–¡Por supuesto! Le devolví con la misma moneda.

–Volviendo al tema de Cabrera, ¿cree que igualmente fue un plan un poco arriesgado terminar de jugar un torneo y arrancar otro al día siguiente, con un cruce del océano Atlántico de por medio?

–Es que son las obligaciones que debe cumplir como campeón de majors que es. El Pato no tenía necesidad de actuar en Castellón, pero había un compromiso empeñado y él estaba dispuesto a cumplirlo. En ningún momento, se le pasó por la cabeza no asistir a la cita.

–¿Cuánto margen hay de tolerancia para que un jugador se presente en la salida?

–Si no estás unos minutos antes de tu horario, te llaman tres veces. Cumplido ese tiempo, tus dos compañeros de grupo pueden pegar sus respectivos tiros y vos podés salir tercero. Pero si ellos bajan del tee y vos seguiste sin aparecer, directamente perdiste el derecho de jugar. Es que el golf propone siempre la continuidad del juego. Quien pretenda un reglamento flexible, que se busque otro deporte para practicar...

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